miércoles, 14 de octubre de 2009

Obama "Cause of Peace"

Premio a las promesas y las buenas intenciones









Por: Randy Alonso Falcón

El Comité que concede el Premio Nobel de la Paz acaba de anunciar su
sorpresivo veredicto. Hasta el propio galardonado se levantó
sobresaltado e incrédulo con la noticia. Con apenas nueve meses en el
poder y poco concreto que mostrar, Barack Obama se ha convertido en el
tercer presidente norteamericano que ha ganado el controvertido premio.

Los decisores ungieron a Obama con el galardón por su vocación a la
desnuclearizació n y el nuevo “clima que creó en las relaciones
internacionales” . Subrayaron su gestión de una “diplomacia
multilateral” y la ponderación del rol que cumplen instituciones
internacionales como Naciones Unidas.

Asimismo, manifestaron que Obama privilegia el “diálogo” y la
negociación como instrumentos de resolución de conflictos. ”Gracias
a la iniciativa de Obama Estados Unidos tiene un rol más constructivo
en el desafío por el cambio climático”, sostuvo el comité.

En su primera declaración, la Casa Blanca dijo que Obama está
“honrado” con la decisión del comité noruego de asignarle el Premio
Nobel de la Paz. La sede gubernamental norteamericana se manifestó
“completamente sorprendida” por la decisión.

El portavoz del gobierno, Robert Gibbs, fue el encargado de comunicar
al presidente la determinación del comité noruego, y dijo que Obama
“acepta con humildad el reconocimiento” .

Tras la sorpresa se han desatado las reacciones. Desde las amables
frases de los colegas mandatarios hasta los muchos cuestionamientos de
la comunidad internacional.

En Oslo, patria del galardón, a pesar de que la prudencia al comentar
las decisiones del Comité Nobel noruego forma parte de las buenas
maneras entre los políticos del país, las críticas han sido inmediatas.

“Estoy atónita. Sólo está empezando”, criticó la jefa de la oposición,
la conservadora Erna Solberg, subrayando la controversia por el poco
tiempo de presidencia que lleva el mandatario norteamericano.

Su colega Siv Jensen, del populista de derechas Partido del Progreso,
opinó: “Uno sólo puede premiar gestiones por la paz llevadas a cabo,
no esperanzas y expectativas” .

El portavoz de Aministía Internacional en Noruega, John Egen, apuntó
otro problema: “A fin de cuentas, Obama también es responsable de
liderar la guerra de Estados Unidos en Afganistán”.

Otros comentaristas calificaron la decisión del consejo de “inocente”
y señalaron que Obama, más que premios, necesita más resultados
políticos concretos.

En twitter, los internautas dicen que este es un Nobel preventivo:
Barack te lo llevas por adelantado, ahora ¡gánatelo!

Obama empezó a sacar a las tropas estadounidenses de Iraq, pero
Estados Unidos sigue empantanado en el frente afgano, donde la
situación se degrada rápidamente y están muriendo ahora más civiles que nunca.

Desde el 1 de enero al 30 de junio, se registraron 1.013 civiles
muertos, “comparados con los 818 del mismo período en 2008 y 684 en
2007?. Es decir, como la administració n Obama se ha decantado por la
escalada de la guerra y ha enviado más aviones y miles de soldados a
Afganistán, la cifra de muertos civiles se ha disparado hasta el 24%.

Las cifras de ataques aéreos tampoco recogen los cientos de hombres,
mujeres y niños que han muerto este año asesinados por los ataques con
misiles lanzados desde aviones teledirigidos Predator sobre la
frontera en las zonas tribales de Pakistán. La insurgencia contra los
ocupantes cuenta con el apoyo de la población étnica pastún de la
región. Como represalia, el ejército estadounidense está emprendiendo
una campaña sistemática de terror y asesinatos contra ellos.

También sus intentos de conciliación en Oriente Medio, que convirtió
en una de sus prioridades, están estancados. Las misiones de su
enviado especial George Mitchell para reavivar el proceso de paz
chocan con la negativa de Israel a cesar la colonización de los
territorios ocupados.

En la misma semana en la que se ha concedido a Obama el Premio Nobel
de la Paz, el Senado de Estados Unidos ha aprobado el presupuesto
militar más grande de la historia con 626 mil millones de dólares y
se ha conocido a través de la ABC News que las fuerzas militares
estadounidenses podrían estar acelerando los planes para un posible
ataque a instalaciones nucleares iraníes.

El Pentágono obtuvo recientemente la aprobación del Congreso para
asignar millones de dólares de los gastos de defensa al desarrollo de
una bomba destructora de búnkeres conocida como “Penetrador Masivo de
Artillería”. La bomba está diseñada para impactar en blancos
subterráneos de gran profundidad. Se dice que tendría poca utilidad en
las operaciones militares de Iraq o Afganistán, pero que sería ideal
para atacar instalaciones subterráneas iraníes.

El premio, que consiste en un millón de euros, una medalla y un
diploma, será entregado el 10 de diciembre en Oslo, en el aniversario
de la muerte del fundador, el industrial y filántropo sueco Alfred
Nobel. En esa fecha se estará desarrollando la Cumbre sobre el Clima
en Copenhague, a la cual Obama deberá llegar con algo más que
promesas. Las graves crisis que está viviendo la humanidad necesitan
de mucho más que buenas intenciones.

martes, 6 de octubre de 2009

vanghore wants to keep up with you on Twitter

vanghore wants to keep up with you on Twitter

To find out more about Twitter visit http://twitter.com/i/26edc7df93d78264a5900ca6ac07c26f2eccaa3a

Thanks,
— The Twitter Team

About Twitter

Twitter is for discovering and sharing what's happening right now through the timely exchange of short, public messages. Since its inception in 2007, this open exchange of information has transformed Twitter from a simple social utility to a new kind of communication with the potential for positive global impact. Individuals and organizations alike are encouraged to try Twitter for a variety of uses ranging from social to commercial.

This message was sent by a Twitter user who entered your email address. If you'd prefer not to receive emails when other people invite you to Twitter you can opt-out

Please do not reply to this message; it was sent from an unmonitored email address. This message is a service email related to your use of Twitter. For general inquiries or to request support with your Twitter account, please visit us at Twitter Support.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Historia oficial vs. historia real

Cristian Valencia
Estos son los agregadores que usted tiene disponibles para agregar el contenido de "Cristian Una cosa es lo que pasa y otra la que se escribe. Lo que nos dejamos meter como historia oficial es algo vergonzoso. El doble discurso institucional es el culpable de la bipolaridad de los colombianos. Recuerdo nada más cómo me enseñaron la historia cuando era niño. Un sartal de mentiras asépticas, llena de proclamas rimbombantes y discursos obsoletos que, estoy seguro, nada tuvieron que ver con la realidad. Jamás me enseñaron, por ejemplo, que la Guerra de los Mil Días fue producto de la encerrona política que hicieron conservadores y liberales contra los liberales radicales. Aquellos partidos políticos se unieron y prohibieron que los radicales lanzaran candidato a la Presidencia. Es decir, prohibieron las verdaderas ideas liberales en todo el país, prohibieron una manera de pensar, un partido político. Y fueron los liberales y conservadores de entonces quienes tuvieron la culpa del asesinato del general Uribe Uribe (de otros Uribe, aclaro).
Hagan el ejercicio de leer un texto de historia de Colombia para enseñanza media, es decir, los libros que educan a nuestros jóvenes. Lean la historia de los últimos 40 años, por ejemplo. ¿Dice acaso que el presidente Carlos Lleras Restrepo facilitó el fraude de las elecciones del 70? No habla de fraude, aunque la versión de casi todos los colombianos es esa: las elecciones del 70 se las robó Misael Pastrana Borrero. Esos deberían ser los términos de la historia escrita para que nuestros muchachos sepan en dónde están parados y tengan algún día una madurez política.
Luego pasa por el gobierno de López Michelsen como si nada: no menciona el escándalo de la hacienda La Libertad, una carretera mandada a hacer para favorecer el fundo de uno de sus hijos. Tampoco habla de la "ventanilla siniestra", aquella que admitía todos los dineros de dudosa reputación para "lavarlos" institucionalmente (¿recuerdan la bonanza marimbera?); ni menciona el Estado de Emergencia Económica en plena bonanza cafetera; y no recuerda que Alfonsito, cuando era chiquito, se apropió, con la venia de su padre presidente, de la famosa harinera Handel. ¿Qué podrá decir la historia oficial de colegios sobre Turbay? Nada que lo incomode, por supuesto: que le gustaba usar corbatín 'pepiado', tal vez. Con seguridad, el Estatuto de Seguridad fue una cosa necesarísima, y las torturas de las caballerizas del Cantón Norte jamás se presentaron.
De Belisario, que era poeta y que era tan humilde que a veces salía en un Renault 4, pero jamás dirán que bajo su mando (porque jamás aclaró que le hicieron un golpe de Estado), como comandante único de las Fuerzas Armadas, dirigió las acciones de la retoma del Palacio de Justicia, con las consecuencias que todos conocemos (¿por qué está preso el coronel Plazas y libres todos sus superiores, incluyendo a Belisario?). Y sigan haciendo cuentas de lo que falta: Gaviria, Barco, Samper, Pastrana.
Y frente a todas estas omisiones históricas me pregunto: ¿dónde están la Academia de Historia y todas las facultades de historia que tiene el país? Yo sí creo necesario el revisionismo de nuestra historia. De toda. Quisiera que esos libros que educan a los jóvenes hablaran de Chambacú, por ejemplo, y de todos los desfalcos hechos por algunos políticos; que hablen de tomas guerrilleras y masacres paramilitares, que hablen de los millones de campesinos desplazados: que hablen, en últimas, que hablen.
Pero eso será ciencia ficción, por supuesto. Ustedes y yo sabemos que no pasará, porque desmembraría para siempre la gallinita de los huevos de oro. Y porque habría que decir la verdad. Y la verdad es una cosa recontraturbia y cochina, que dista por leguas de ese discurso oficial tan limpio e inmaculado, que deja tan bien parados a nuestros 'prohombres' (quac).
¿Qué dirán los libros de texto para muchachos sobre el presidente Uribe?
cristianvalencia@yahoo.com

viernes, 25 de septiembre de 2009

La campaña del odio (I)


Por: Juan Gabriel Vásquez
FUE UN ESPECTÁCULO FASCINANte.
Mi viaje por tres ciudades de Estados Unidos coincidió con el punto más álgido de esta ola de Obamafobia —esta ola que, como tantas cosas en la política de ese país desmesurado, va mucho más allá de la política—, y lo que vi fue preocupante y vergonzoso, sí: pero fascinante. La reforma del sistema sanitario que Obama pretende sacar adelante ha servido de catalizador o aglutinador, pero sólo los más inocentes piensan que los manifestantes de la semana pasada en Nueva York y Washington, esos miles de inconformes que llegaron con imágenes y leyendas inverosímiles, están hablando realmente del sistema sanitario. Y no, no es así: lo que se puso en escena en Estados Unidos fue el diagnóstico, que para algunos no tuvo nada de sorprendente, de lo que Rush Limbaugh, el vocero mediático de la extrema derecha más hostil y peligrosa, ha llamado “las dos Américas”. Limbaugh, un maniqueo con carné, se refiere a la división eterna entre los Estados Unidos republicanos (creyentes, conservadores, decentes) y los demócratas (inmorales, ateos, liberales). Pero lo que se vio en esas manifestaciones fue incluso más allá: una especie de monstruo que llevaba dormido mucho tiempo y que ahora decidió despertar y salir a la superficie.
El mejor resumen del asunto está en las pancartas que llevaron los manifestantes, fotos o caricaturas en las que Obama tiene el bigote de Hitler, el turbante y la barba de Osama bin Laden o la vestimenta y los adornos de un africano primitivo, camisetas que piden la elección de Sarah Palin en 2012 o leyendas donde Obama es Satán: si las dos Américas existen, ésta ha transformado a Obama en un símbolo de sus miedos más irracionales, un malo de caricatura, una especie de Lex Luthor negro (y la raza, a pesar de lo que digan los voceros, está en el corazón del tema). Obama como Satán, sí, pero en otras pancartas era Obama como Anticristo, y en otras, Obama como Che Guevara: muchos de estos manifestantes pertenecen a la generación post-McCarthy para la cual no hay ningún mal en el mundo que no venga del socialismo. Una pancarta es la síntesis perfecta de dos épocas, cada una con su diablo particular: “Hay que impugnar al musulmán marxista”.
Son los Estados Unidos de la paranoia ultranacionalista, del fanatismo religioso, de la más pura irracionalidad, y Obama ha tratado de enfrentarlos con las mismas armas que esgrimió durante la campaña, cuando prometió que con él regresarían la razón y la urbanidad a Washington. Pero después de ocho años de George W. Bush, la urbanidad y la razón quedaron convertidas en lo que tal vez han sido siempre para todo un sector del electorado estadounidense: valores elitistas, cosas de universidades para ricos, ética de Ivy League. Es una verdadera paradoja: aquel Bush —hijo de una de las familias más adineradas del país, prácticamente dueño de todo un estado por su apellido y empresario egresado de Yale— era visto por su gente como un tipo campechano, “uno de nosotros”; Obama, nacido en la intemperie política de un padre keniata y una madre que no hubiera sobrevivido sin ayudas del gobierno, líder comunitario y abogado de derechos civiles, es percibido como un elitista detestable. La campaña de odio, en ese sentido, ha rendido sus frutos. Y esto no ha hecho más que empezar.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El otoño del tirano

Por Eduardo García Aguilar
Cuando hace años se hablaba en coloquios universitarios de las novelas de dictadores hispanoamericanos como « Tirano banderas » de Valle Inclán, « Yo el supremo » de Augusta Roa Bastos, « El recurso del método » de Alejo Carpentier o « El otoño del patriarca » de Gabriel García Márquez, nunca pensamos que en Colombia uno de esos personajes pasados de moda se atornillaría en el poder, emulando a Cantinflas en la famosa película Su excelencia.

En Colombia la figura del patriarca fueteador y moralista que gobierna desde hace casi una década y espera todavía seguir en el trono, ha llevado al extremo el aspecto cómico de la figura patriarcal, infalible y energúmena, tramposa y arbitraria, con una larguísima nariz de Pinocho, frente a la que todos se hincan con servilismo, desde oligarcas bogotanos y manzanillos provincianos, hasta ministros, empresarios nacionales o extranjeros y líderes políticos por igual.

Durante décadas se dijo que Colombia era uno de los pocos países latinoamericanos con una democracia sólida que había resistido a la tentación dictatorial, donde los mandatarios por muy amantes del poder que fueran se eclipsaban mansos al concluir sus periodos, como una cuestion de honor personal que ninguno hasta ahora había osado violar.

Se podía estar en desacuerdo con esos personajes de la oligarquía colombiana que se sucedían uno tras otro en el poder, pero al menos debíamos reconocer que tenían cierta dignidad intelectual y decencia y que, como juristas que eran en su mayoría, consideraban un acto de honradez mínima respetar la Constitución y las Leyes y cumplir el precepto de que las reglas de juego no se cambian para beneficio personal y mucho menos por medio del cohecho y la compra de las conciencias de los congresistas.

A lo largo del siglo el Congreso estuvo compuesto en gran parte por personas que representaban ideas políticas claras, a veces atroces, por supuesto, y los debates tenían una mínima altura como lo pude constatar varias veces al entrar allí para mirar desde la barrera las discusiones de las comisiones. La palabra « padre de la patria » podría ser ridícula, pero los hombres del sistema que llegaban al Congreso a nombre de los partidos tradicionales eran relativamente respetados porque se destacaban en algo, en la elocuencia o en los conocimientos técnicos y pese a que contribuían a la perpetuación de la injusticia, los considerábamos interlocutores lúcidos en tiempos de guerra fría mundial.

Nada de eso ocurre ahora : al mismo tiempo que el patriarca llegó con las votaciones milagrosas que le arreglaban en muchas regiones del país las fuerzas oscuras que lo consideraban su representante y salvador, el Congreso se llenó de delincuentes de la peor laya que llegaron al extremo de recibir con honores en el recinto sagrado de las leyes a los peores genocidas y criminales que haya jamás producido el país en su larguísima historia de violencia. Ese día se entronizaron los hornos crematorios, las motosierras y las fosas comunes como las verdaderas hacedoras de la ley cantada en los himnos y simbolizada en la posición hierática de héroes nacionales como Nariño, Santander y Bolívar.

Un Congreso de bandidos perseguidos en su mayoría por la justicia se encargó de cambiar las reglas del juego para imponer la primera reelección de la figura del patriarca y otro Congreso de igual laya se ha encargado de repetirnos la dosis con un cinismo increíble, donde ministros turbios descuartizan la separación de los poderes usando métodos prohibidos. Ni en la más mala película de ficción hubiéramos imaginado el rumbo que terminó por seguir el país a comienzos del siglo XXI, acostumbrado ya al parecer a los sermones diarios del caudillo, a sus discursos cantinflescos para defender a los peores delincuentes o guardar silencio ante los crímenes más espantosos de sus amigos y valedores, que como las ejecuciones extrajudiciales, la coacción multitudinaria del voto y el espionaje al estilo soviético parecen para él pecados ínfimos o calumnias de izquierdistas.

Hace poco un ex presidente mexicano dijo que la impunidad es necesaria para que funcione el sistema político, lo que en su enormidad cantinflesca puede aplicarse perfectamente a lo ocurrido en Colombia: se cambia la Constitución para beneficio propio y no pasa nada , se compran las conciencias y no pasa nada, se concentran las tierras del país en unas cuantas manos ensagrentadas y no pasa nada, se enriquecen milagrosamente los miembros de la corte palaciega y no pasa nada, millones de colombianos son desplazados y no pasa nada, delincuentes son nombrados en los puestos diplomáticos y no pasa nada, miles de desaparecidos reposan en las fosas comunes y no pasa nada, se bombardea un país extranjero y no pasa nada, se graba ilegalmente a opositores, magistrados, periodistas y politicos y no pasa nada, casi todos los miembros del Congreso están siendo procesados y no pasa nada, todos están pendientes día y noche de los humores del patriarca y no pasa nada.

Si Tirano Banderas dice que de noche hace día, todos se inclinan y aceptan ; si dice que la luna es el sol, bajan la cerviz ; si amanece de mal humor, todos en palacio esperan a que se le pase la furia ; si regaña a los periodistas porque le hacen preguntas incómodas, los áulicos ríen. El caudillo habla de patriotismo, pero ha sido como ninguno el más servil ante los poderes de Washington ; el señor presidente reza y se persigna todas las mañanas, pero calla ante los delitos atroces de lesa humanidad.

Ni Valle Inclán en España, ni Augusto Roa Bastos al describir el delirio del dictador paraguayo Francia, ni Martin Luis Guzmán en México, ni García Márquez al contarnos los delirios del patriarca caribeño, ni Carpentier, ni Rómulo Gallegos, ni el biógrafo de Francisco Franco, ni quienes en América Latina abordaron el tema, imaginaron que seguiría vivo y coleando al concluir la primera década del siglo XXI en Colombia. Pensábamos que todo eso era pasado de moda, reminiscencias de viejos liberales artríticos, pero nada, ahora debemos pellizcarnos para creerlo, en nuestro país estamos viviendo dentro de una novela de tiranuelos hispanoamericanos y nuestro personaje de marras supera con creces a sus variados y vistosos modelos.

domingo, 23 de agosto de 2009

"Revolución o muerte": análisis de las fotos más famosas del Che


DE KORDA A LA MUERTE Su imagen más conocida por todos y otra posterior a la ráfaga de ametralladora que terminó con su vida, ejes de este análisis.
Sólo el escritor, psicoanalista, historiador y biógrafo del Che, Pacho O'Donnell, se explaya en el video de esta nota sobre las dos fotos mayores de Guevara, la clásica y archiconocida toma de Korda en Cuba y la que el boliviano Freddy Alborta le toma ya muerto y con los ojos abiertos, tras su caída final en La Higuera, Bolivia, en octubre de 1967. El carácter expansivo de O'Donnell y la gigantesca base de datos que almacena en su memoria tras la escritura de Che. La vida por un mundo mejor, lo muestran en condiciones de ahondar en casi cualquier detalle de la trayectoria guevarista. En su ensayo biográfico sobre el guerrillero nacido en Rosario, publicado en 2003, reeditado y traducido a diversos idiomas, se emplea a fondo en una reconstrucción minuciosa de esa trayectoria física, ideológica y afectiva, evidenciando las virtudes más admiradas del Che, pero también lo que considera sus errores y sus contradicciones. "Me pongo muy mal cuando veo la famosa foto de su cadáver en La Higuera —decía tiempo atrás a Clarín Carlos 'Calica' Ferrer, cordobés inefable que compartió andanzas con el Che desde los primeros años hasta la juventud y amigo para siempre—. Me indigno al ver el estado en que estaba y cómo lo habían matado. Como lo habían asesinado. Pero por otro lado, me consuelo pensando que su nombre ha pasado a la eternidad, y que es admirado por los jóvenes, que son las mentes más puras." Admirador de la revolución cubana, Calica le dice a Ñ que ha escuchado una grabación del propio Korda acerca de su famosa foto del Che en La Habana, donde admite que es gracias a un ilustre fotógrafo italiano que él empieza a valorarla, luego de que el visitante al ver la imagen en el estudio le advierte que allí tiene una gran foto. "Así nace la foto de Korda", afirma Ferrer, mientras O'Donnell refiere aspectos distintos de su origen. Además de ampliar algunos factores estéticos de esa foto-ícono en el video registrado en la apacible amplitud de su editorial especializada en fotografía, Sara Facio comentó fuera de cámara que mucha gente se pregunta por qué prácticamente todas las fotos de Guevara son en blanco y negro. "Primero, se tomaban muchas fotos en blanco y negro en esas décadas, y segundo, el revelado color era un proceso secreto, por lo cual había que mandarlo a hacer sólo a determinados centros, principalmente EE.UU. No parecía lo más viable estando en la Sierra Maestra, ni en Cuba en general." Las imágenes del video también aportan una nueva sucesión de tomas donde cobra contundencia adicional la fotogenia en cuestión del Che, otra arma que sin lugar a dudas supo hacer valer.

viernes, 21 de agosto de 2009

Defensa de la palabra


por Eduardo Galeano

1.
Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos. Pero "los demás" y "los otros" son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada "masa"?
2.
No hemos nacido en la luna, no habitamos el séptimo cielo. Tenemos la dicha y la desgracia de pertenecer a una región atormentada del mundo, América Latina, y de vivir un tiempo histórico que golpea duro. Las contradicciones de la sociedad de clases son, aquí, más feroces que en los países ricos. La miseria masiva es el precio que los países pobres pagan para que el seis por ciento de la población mundial pueda consumir impunemente la mitad de la riqueza que el mundo entero genera. Es mucho mayor la distancia, el abismo que en América Latina se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos; y son más salvajes los métodos necesarios para salvaguardar esa distancia.
El desarrollo de una industria restrictiva y dependiente, que aterrizó sobre las viejas estructuras agrarias y mineras sin alterar sus deformaciones esenciales, ha agudizado las contradicciones sociales en lugar de aliviarlas. La habilidad de los políticos tradicionales, expertos en las artes de la seducción y la estafa, resulta hoy insuficiente, anticuada, inútil; el juego populista que permitía otorgar para manipular ya no es posible, o revela su peligroso doble filo. Las clases y los países dominantes recurren a la maquinaria represiva. ¿De qué otra manera podría sobrevivir sin cambios un sistema social cada vez más parecida a un campo de concentración? ¿Cómo mantener a raya, sin alambradas de púas, a la reciente legión de los malditos? En la medida en que el sistema se siente amenazado por el desarrollo sin tregua de la desocupación, la pobreza y las tensiones sociales y políticas derivadas, se abrevia el espacio disponible para la simulación y los buenos modales: en los suburbios del mundo el sistema revela su verdadero rostro.
¿Por qué no reconocer un cierto mérito de sinceridad en las dictaduras que oprimen, hoy por hoy, a la mayoría de nuestros países? La libertad de los negocios implica, en tiempos de crisis, la prisión de las personas.
Los científicos latinoamericanos emigran, los laboratorios y las universidades no tienen recursos, el "know how" industrial es siempre extranjero y se paga carísimo, pero ¿por qué no reconocer un cierto mérito de creatividad en el desarrollo de una tecnología del terror? América Latina está haciendo inspirados aportes universales en cuanto al desarrollo de métodos de torturas, técnicas del asesinato de personas e ideas, cultivo del silencio, multiplicació n de la impotencia y siembra del miedo.
Quienes queremos trabajar por una literatura que ayude a revelar la voz de los que no tienen voz, ¿cómo podemos actuar en el marco de esta realidad? ¿Podemos hacernos oír en medio de una cultura sorda y muda? Las nuestras son repúblicas del silencio. La pequeña libertad del escritor, ¿no es a veces la prueba de su fracaso? ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar?
Hermosa tarea la de anunciar el mundo de los justos y los libres; digna función la de negar el sistema del hambre y de las jaulas visibles o invisibles. Pero, ¿a cuántos metros tenemos la frontera? ¿Hasta dónde otorgan permiso los dueños del poder?
3.
Mucho se ha discutido en torno de las formas directas de censura bajo los diversos regímenes sociales y políticos que en el mundo son o han sido, la prohibición de libros y periódicos incómodos o peligrosos y el destino de destierro, cárcel o fosa de algunos escritores y periodistas. Pero la censura indirecta actúa de un modo más sutil. No por menos aparente es menos real. Poco se habla de ella; sin embargo, en América Latina es la que más profundamente define el carácter opresor y excluyente del sistema que la mayoría de nuestros países padece. ¿En qué consiste esta censura que nunca osa decir su nombre? Consiste en que no viaja el barco porque no hay agua en el mar: si un cinco por ciento de la población latinoamericana puede comprar refrigeradores, ¿qué porcentaje puede comprar libros? ¿Y qué porcentaje puede leerlos, sentir su necesidad, recibir su influencia?
Los escritores latinoamericanos, asalariados de una industria de la cultura que sirve al consumo de una elite ilustrada, provenimos de una minoría y escribimos para ella. Esta es la situación objetiva de los escritores cuya obra confirma la desigualdad social y la ideología dominante; y es también la situación objetiva de quienes pretendemos romper con ellas. Estamos bloqueados, en gran medida, por las reglas de juego de la realidad en la que actuamos.
El orden social vigente pervierte o aniquila la capacidad creadora de la inmensa mayoría de los hombres y reduce la posibilidad de la creación – antigua respuesta al dolor humano y a la certidumbre de la muerte – al ejercicio profesional de un puñado de especialistas. ¿Cuántos somos, en América Latina, esos "especialistas"? ¿Para quiénes escribimos, a quiénes llegamos? ¿Cuál es nuestro público real? Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.
4.
Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil sólo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquista de la identidad.
Esto, creo, quisiera uno: que al decir: "Así soy" y ofrecerse, el escritor pudiera ayudar a muchos a tomar conciencia de lo que son. Como medio de revelación de la identidad colectiva, el arte debería ser considerado un artículo de primera necesidad y no un lujo. Pero en América Latina el acceso a los productos de arte y cultura está vedado a la inmensa mayoría.
Para los pueblos cuya identidad ha sido rota por las sucesivas culturas de conquista, y cuya explotación despiadada sirve al funcionamiento de la maquinaria del capitalismo mundial, el sistema genera una "cultura de masas". Cultura para masas, debería decirse, definición más adecuada de este arte degradado de circulación masiva que manipula las conciencias, oculta la realidad y aplasta la imaginación creadora. No sirve, por cierto, a la revelación de la identidad, sino que es un medio de borrarla o deformarla, para imponer modos de vida y pautas de consumo que se difunden masivamente a través de los medios de comunicación. Se llama "cultura nacional" a la cultura de la clase dominante, que vive una vida importada y se limita a copiar, con torpeza y mal gusto, a la llamada "cultura universal", o lo que por ella entienden quienes la confunden con la cultura de los países dominantes. En nuestro tiempo, era de los mercados múltiples y las corporaciones multinacionales, se ha internacionalizado la economía y también la cultura, la "cultura de masas", gracias al desarrollo acelerado y la difusión masiva de los medios. Los centros de poder nos exportan máquinas y patentes y también ideología. Si en América Latina está reservado a pocos el goce de los bienes terrenales, es preciso que la mayoría se resigne a consumir fantasías. Se vende ilusiones de riqueza a los pobres y de libertad a los oprimidos, sueños de triunfo para los vencidos y de poder para los débiles. No hace falta saber leer para consumir las apelaciones simbólicas que la televisión, la radio y el cine difunden para justificar la organización desigual del mundo. Para perpetuar el estado de cosas vigente en estas tierras donde cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, es preciso que nos miremos a nosotros mismos con los ojos de quien nos oprime. Se domestica a la gente para que acepte "este" orden como el orden "natural" y por lo tanto eterno; y se identifica al sistema con la patria, de modo que el enemigo del régimen resulta ser un traidor o un agente foráneo. Se santifica la ley de la selva, que es la ley del sistema, para que los pueblos derrotados acepten su suerte como un destino; falsificando el pasado se escamotean las verdaderas causas del fracaso histórico de América Latina, cuya pobreza ha alimentado siempre la riqueza ajena: en la pantalla chica y en la pantalla grande gana el mejor, y el mejor es el más fuerte. El derroche, el exhibicionismo y la falta de escrúpulos no producen asco, sino admiración; todo puede ser comprado, vendido, alquilado, consumido, sin exceptuar el alma. Se atribuye a un cigarrillo, a un automóvil, a una botella de whisky o a un reloj, propiedades mágicas: otorgan personalidad, hacen triunfar en la vida, dan felicidad o éxito. A la proliferación de héroes y modelos extranjeros, corresponde el fetichismo de las marcas y las modas de los países ricos. Las fotonovelas y los teleteatros locales transcurren en un limbo de cursilería, al margen de los problemas sociales y políticos reales de cada país; y las series importadas venden democracia occidental y cristiana junto con violencia y salsa de tomates.
5.
En estas tierras de jóvenes, jóvenes que se multiplican sin cesar y que no encuentran empleo, el tic-tac de la bomba de tiempo obliga a los que mandan a dormir con un solo ojo. Los múltiples métodos de alienación cultural, máquinas de dopar y de castrar, cobran una importancia cada vez mayor. Las fórmulas de esterilizació n de las conciencias se ensayan con más éxito que los planes de control de la natalidad.
La mejor manera de colonizar una conciencia consiste en suprimirla. En este sentido también opera, deliberadamente o no, la importación de una falsa contracultura que encuentra eco creciente en las nuevas generaciones de algunos países latinoamericanos. Los países que no abren a los muchachos opciones de participación política – por la petrificación de sus estructuras o por sus asfixiantes mecanismos de represión – ofrecen los terrenos mejor abonados para la proliferación de una presunta "cultura de protesta", venida de afuera, subproducto de la sociedad del ocio y el despilfarro, que se proyecta hacia todas las clases sociales a partir del anti-convencionalis mo postizo de las clases parasitarias.
Los hábitos y símbolos de la revuelta juvenil de los años sesenta en Estados Unidos y en Europa, nacidos de una reacción contra la uniformidad del consumo, son ahora objeto de producción en serie. La ropa con diseños psicodélicos se vende al grito de "¡Libérate!"; la música, los posters, los peinados y los vestidos que reproducen los modelos estéticos de la alucinación por las drogas, son volcados en escala industrial sobre el Tercer Mundo. Junto con los símbolos, coloridos y simpáticos, se ofrece pasajes al limbo a los jóvenes que quieren huir del infierno. Se invita a las nuevas generaciones a abandonar la historia, que duele, para viajar al Nirvana. Al incorporarse a esta "cultura de la droga", ciertos sectores juveniles latinoamericanos realizan la ilusión de reproducir el modo de vida de sus equivalentes metropolitanos.
Originada en el inconformismo de grupos marginales de la sociedad industrial alienada, esta falsa contra-cultura nada tiene que ver con nuestras necesidades reales de identidad y destino: brinda aventuras para paralíticos; genera resignación, egoísmo, incomunicació n; deja intacta la realidad pero cambia su imagen; promete amor sin dolor y paz sin guerra. Además, al convertir a las sensaciones en artículos de consumo, encaja perfectamente con la "ideología de supermercado" que difunden los medios masivos de comunicación. Si el fetichismo de los autos y las heladeras no resulta suficiente para apagar la angustia y calmar la ansiedad, es posible comprar paz, intensidad y alegría en el supermercado clandestino.
6.
Encender conciencias, revelar la realidad: ¿Puede la literatura reivindicar mejor función en estos tiempos y estas tierras nuestras? La cultura del sistema, cultura de los sucedáneos de la vida, enmascara la realidad y anestesia la conciencia. Pero, ¿qué puede un escritor, por mucho que arda su fueguito, contra el engranaje ideológico de la mentira y el conformismo?
Si la sociedad tiende a organizarse de tal modo que nadie se encuentra con nadie, y a reducir las relaciones humanas al juego siniestro de la competencia y
el consumo – hombres solos usándose entre sí y aplastándose los unos a los otros -¿qué papel puede cumplir una literatura del vínculo fraternal y la participación solidaria? Hemos llegado a un punto en el que nombrar las cosas implica denunciarlas: ¿ante quiénes, para quiénes?
7.
Nuestro propio destino de escritores latinoamericanos está ligado a la necesidad de transformaciones sociales profundas. Narrar es darse: parece obvio que la literatura, como tentativa de comunicación plena, continuará bloqueada de antemano mientras existan la miseria y el analfabetismo y los dueños del poder sigan realizando impunemente su proyecto de imbecilizació n colectiva a través de los medios masivos de comunicación.
No comparto la actitud de quienes reivindican para los escritores un privilegio de libertad al margen de la libertad de los demás trabajadores. Grandes cambios, hondos cambios de estructura serán necesarios en nuestros países para que los escritores podamos llegar más allá de las ciudadelas cerradas de las élites y para que podamos expresarnos sin mordazas visibles o invisibles. Dentro de una sociedad presa, la literatura libre sólo puede existir como denuncia y esperanza.
En el mismo sentido, creo que sería un sueño de una noche de verano suponer que por vías exclusivamente culturales podría llegar a liberarse la potencia creadora del pueblo, desde temprano adormecida por las duras condiciones materiales y las exigencias de la vida. ¿Cuántos talentos se extinguen, en América Latina, antes de que puedan llegar a manifestarse? ¿Cuántos escritores y artistas no llegan ni siquiera a enterarse de que lo son?
8.
Por otra parte, ¿puede realizarse cabalmente una cultura nacional en países donde las bases materiales del poder no son nacionales, o dependen de centros extranjeros? Si esto no es posible, ¿qué sentido tiene escribir? No hay un "grado cero" de la cultura, así como no existe un "grado cero" de la historia.
Si reconocemos una inevitable continuidad entre la etapa del dominio y la etapa de la liberación en cualquier proceso de desarrollo social, ¿por qué negar la importancia de la literatura y su posible función revolucionaria en la exploración, revelación y difusión de nuestra verdadera identidad o de su proyecto? El opresor quiere que el espejo no devuelva al oprimido más que una mancha de azogue. ¿Qué proceso de cambio puede impulsar un pueblo que no sabe quién es, ni de dónde viene? Si no sabe quién es, ¿cómo puede saber lo que merece ser? ¿No puede la literatura ayudar, directa o indirectamente, a esa revelación? En gran medida, pienso, la posibilidad del aporte depende del grado de intensidad de la comunidad del escritor con las raíces, los andares y el destino de su pueblo. También de su sensibilidad para percibir el latido, el sonido y el ritmo de la auténtica contra-cultura en ascenso. Muchas veces lo que se considera "incultura" contiene semillas o frutos de "otra" cultura, que enfrenta a la cultura dominante y no tiene sus valores ni su retórica. Se la suele menospreciar, por error, como a una mera repetición degradada de los productos "cultos" de la élite o de los modelos culturales que el sistema fabrica en serie, pero a menudo es más reveladora y valiosa una crónica popular que una novela "profesional", y el pulso de la vida real se siente con más fuerza en ciertas coplas anónimas del cancionero nacional que en muchos libros de poesía escritos en el código de los iniciados; los testimonios de la gente que de mil modos expresa sus lastimaduras y sus esperanzas frecuentemente resultan más elocuentes y bellos que las obras escritas "en nombre del pueblo".
Nuestra auténtica identidad colectiva nace del pasado y se nutre de él – huellas sobre las que caminan nuestros pies, pasos que presienten nuestros andares de ahora – pero no se cristaliza en la nostalgia. No vamos a encontrar, por cierto, nuestro escondido rostro en la perpetuación artificial de trajes, costumbres y objetos típicos que los turistas exigen a los pueblos vencidos. Somos lo que hacemos, y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos: nuestra identidad reside en la acción y en la lucha. Por eso la revelación de lo que somos implica la denuncia de lo que nos impide ser lo que podemos ser. Nos definimos a partir del desafío y por oposición al obstáculo.
Una literatura nacida del proceso de crisis y de cambio y metida a fondo en el riesgo y la aventura de su tiempo, bien puede ayudar a crear los símbolos de la realidad nueva y quizás alumbre, si el talento no falta y el coraje tampoco, las señales del camino.
No es inútil cantar al dolor y la hermosura de haber nacido en América.
9.
No siempre los datos de tiraje o venta dan la medida de la resonancia de un libro. A veces la obra escrita irradia una influencia mucho mayor que su difusión aparente; a veces responde con años de anticipación a las preguntas y necesidades colectivas, si el creador ha sabido vivirlas previamente como dudas y desgarramientos dentro de sí. La obra brota de la conciencia herida del escritor y se proyecta al mundo: el acto de creación es un acto de solidaridad que no siempre cumple su destino en vida de quien lo realiza.
10.
No comparto la actitud de los escritores que se atribuyen privilegios divinos no otorgados al común de los mortales, ni la actitud de quienes se golpean el pecho y rasgan sus vestiduras clamando el perdón público por vivir al servicio de una vocación inútil. Ni tan dioses ni tan insectos. La conciencia de nuestras imitaciones no es una conciencia de impotencia: la literatura, una forma de la acción, no tiene poderes sobrenaturales, pero el escritor puede ser un poquito mago cuando consigue que sobrevivan, a través de su obra, personas y experiencias que valen la pena. Si lo que escribe no es leído impunemente y cambia o alimenta, en alguna medida, la conciencia de quien lee, bien puede un escritor reivindicar su parte en el proceso de cambio: sin soberbia ni falsa humildad, y sabiéndose padecido de algo mucho más vasto.
Me parece coherente que renieguen de la palabra quienes cultivan el monólogo con sus propias sombras y laberintos sin fin; pero la palabra tiene sentido para quienes queremos celebrar y compartir la certidumbre de que la condición humana no es una cloaca. Buscamos interlocutores, no admiradores; ofrecemos diálogo, no espectáculo. Escribimos a partir de una tentativa de encuentro, para que el lector comulgue con palabras que nos vienen de él y que vuelven a él como aliento y profecía.
11.
Sostener que la literatura va a cambiar, de por sí, la realidad, sería un acto de locura o soberbia. No me parece menos necio negar que en algo puede ayudar a que cambie.
La conciencia de nuestras limitaciones es, en definitiva, una conciencia de nuestra realidad. En medio de la niebla de la desesperanza y la duda, es posible enfrentar las cosas cara a cara y pelearlas cuerpo a cuerpo: a partir de nuestras limitaciones, pero contra ellas.
En este sentido, resulta tan desertora una literatura "revolucionaria" escrita para los convencidos, como una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo. Hay quienes cultivan una literatura "ultra" y de tono apocalíptico, dirigida a un público reducido y que está de antemano de acuerdo con lo que propone y trasmite: ¿cuál es el riesgo que asumen estos escritores, por más revolucionarios que digan ser, si escriben para la minoría que piensa y siente como ellos y le dan lo que espera recibir? No hay, entonces, posibilidad de fracaso; pero tampoco de éxito. ¿De qué sirve escribir si no es para desafiar el bloqueo que el sistema impone al mensaje disidente? Nuestra eficacia depende de nuestra capacidad de ser audaces y astutos, claros y atractivos. Ojalá podamos crear un lenguaje entrador y más hermoso que el que los escritores conformistas emplean para saludar al crepúsculo.
12.
Pero no es solamente un problema de lenguaje. También de medios. La cultura de la resistencia emplea todos los medios a su alcance y no se concede el lujo de desperdiciar ningún vehículo ni oportunidad de expresión. El tiempo es breve, ardiente el desafío, enorme la tarea: para un escritor latinoamericano enrolado en la causa del cambio social, la producción de libros forma parte de un frente de trabajo múltiple. No compartimos la sacralización de la literatura como institución congelada de la cultura burguesa. La crónica y el reportaje de tirajes masivos, los guiones para radio, cine y televisión y la canción popular no siempre son géneros "menores", de categoría subalterna, como creen algunos marqueses del discurso literario especializado que los miran por encima del hombro. Las fisuras abiertas por el periodismo rebelde latinoamericano en el engranaje alienante de los medios masivos de comunicación, han sido a menudo el resultado de trabajos sacrificados y creadores que nada tienen que envidiar, por su nivel estético y su eficacia, a las buenas novelas y cuentos de ficción.
13.
Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los escritores que mientras tanto declaran, tan campantes, que escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que convierten a la palabra en blanco de furias o en objeto de fetichismo. La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es del cuchillo.
Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación. "Libertad" es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y "Democracia" se llaman varios regímenes de terror; la palabra "amor" define la relación del hombre con su automóvil y por "revolución" se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la "gloria" es algo que produce un jabón suave de determinada marca y la "felicidad" una sensación que da comer salchichas. "País en paz" significa, en muchos lugares de América Latina, "cementerio en orden", y donde dice "hombre sano" habría que leer a veces "hombre impotente".
Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de nuestro tiempo y nuestra gente – para ahora y después -. Se puede escribir como diciendo, en cierto modo: "Estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos".
Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a nuestros muertos, sino perpetuarlos; que se niega a barrer las cenizas y procura, en cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiarán radicalmente el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes.
* Fuente: Contextoshttp://www.alternativas-prensa.info/PORTADA/paginas%20portada/Defensa%20de%20la%20palabra.html

Observaciones: El texto Defensa de la Palabra se encuentra publicado en el libro de Eduardo Galeano Nosotros decimos No (Crónicas 1963 -1988) – Editorial
Siglo XXI.