viernes, 28 de noviembre de 2014

Álvaro Gómez Hurtado

Nota de Aporrea: Consideramos importante hacer público el texto de un artículo escrito por un muy respetado periodista colombiano sobre el padre del senador colombiano que propuso la invocación de la Carta Democrática en la hermana Republica. Creemos que no es parte de una campaña de descrédito ya que fue escrito hace mas de 5 años, pero seguramente ayudara a que nos hagamos una idea de la casta política con la que se identifica su hijo...de todas formas Gloria Gaitan ha hecho públicos datos mucho mas repulsivos sobre la naturaleza del padre y del hijo

 

Álvaro Gómez Hurtado, político colombiano asesinado.

Como cada vez que hay muerto grande en Colombia, amigos y enemigos coinciden: «¡Qué bueno era!».

Pero de esas necrologías corteses está hecha en buena parte la falsificación de nuestra historia, que nos impide comprenderla. Por eso ahora, ante el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, me permito discrepar de esa unanimidad hipócrita que llora su cadáver. Creo que hacerlo es, además, respetar la verdadera dimensión histórica del personaje, que antes de muerto grande fue un vivo grande: pero no ese cruce improbable de Montesquieu, Leonardo y la madre Teresa que pinta en estos días la prensa, sino uno de los políticos más nefastos y dañinos que se hayan visto en esta tierra de políticos dañinos y nefastos que es la nuestra.

Nefasto, por violento. Acaba de perecer víctima de la violencia, que condenamos todos. ¿Todos? No: él no. Durante toda su larguísima vida política -50 años- Álvaro Gómez Hurtado fue un tozudo predicador de la violencia como instrumento de la política. Empezó con sus arrebatos juveniles a favor de «la acción intrépida y el atentado personal» , persistió en su madurez con la incitación al aniquilamiento físico de las «repúblicas independientes» , se empecinaba todavía en su vejez con el embeleco de que había que «tumbar el régimen» .Hace apenas un par de años se definió a sí mismo, sin arrepentimiento, como «un soldado de primera línea» .Pues nunca pudo aprender nada del hecho de que esa violencia que predicaba y practicaba hubiera resultado siempre contraproducente para sus propios fines.

De la guerra contra los liberales, el incendio de sus periódicos y de las casas de sus jefes, no salió la victoria de sus ideas, sino el derrocamiento del gobierno de su padre. El bombardeo de la “republicas independientes” expandió rápidamente la guerrilla al país entero, en vez de eliminarla. Y el régimen no ha caído, sino que el mismo Álvaro Gómez Hurtado está muerto.

La violencia que propugnó no soluciona los problemas, sino que los agrava.

Violento desde el poder. Porque si bien se presentaba últimamente (ya lo había hecho antes: casi en cada oportunidad electoral)como un adversario del régimen, su biografía ilustra todo lo contrario. Salvo en los cuatro años de su exilio bajo la dictadura de Rojas, toda la larguísima carrera política de Álvaro Gómez Hurtado se desarrolla desde el poder. El de su padre primero, de quien fue la «eminencia gris». y luego, derrotado muchas veces en sus aspiraciones presidenciales (bajo diversos nombres y diversas banderas: Álvaro Gómez Hurtado, el Salvador Nacional, bandera azul, bandera de cuadritos, bandera de arco iris), desde el poder de sus adversarios, a quienes, en vez de oponerse, prefirió siempre extorsionar para sacarles «cuotas» .Cuotas para mantener su ficción de ser periodista independiente» (la Operación K para financiar su diario El Siglo, la concesión del Noticiero 24 Horas en la televisión del Estado) y cuotas burocráticas para sostener su farsa de ser un «parlamentario independiente», como lo decía todavía, sin sonrojo, en recientísima entrevista: ministros ( en el gobierno actual todavía ), directores de instituto, gobernadores, telegrafistas, barrenderos embajadores. El mismo fue embajador varias veces: de Ospina, de Barco en los Estados Unidos, de Gaviria en Francia (sin contar la “palomitas” en la ONU). y senador toda la vida, y jefe hereditario de medio Partido Conservador desde los 30 años, y designado a la presidencia y presidente de la Asamblea Constituyente.

La simple enumeración de los cargos públicos ocupados por Álvaro Gómez Hurtado coparía entera esta columna, y basta para demoler su desfachatada pretensión de haber sido «la oposición al régimen» .El régimen era é1. Y de su corrupción -evidente- carga él con buena parte de la responsabilidad.
Porque una «oposición» que consiste simplemente en extorsionar al poder para poder participar en él, no sólo no ayuda a depurar la podredumbre, sino que contribuye a aumentarla.

Cabrían más cosas. ¿Servidor público? El propio Gómez resumió su tarea como embajador en Francia diciendo que le había servido «para ir mucho a la ópera». ¿Patriota? Su desprecio por el país -desprecio racial, cultural, político, y hasta físico- se resume en una anécdota: invitado, en tiempos del «proceso de paz» de Betancur, a entrevistarse con la guerrilla en Casa Verde en la Uribe para discutir sobre la paz, se negó con desdén: «No está uno para ponerse a visitar lejanías». Porque Colombia le quedaba muy lejos.

Que lo lloren sus deudos. Pero que no vengan a llorar ahora, al amparo de su muerte violenta, a tratar de convencemos de que Álvaro Gómez Hurtado era un héroe.

ANTONIO CABALLERO
NOVIEMBRE 6 DE 1995

sábado, 22 de noviembre de 2014

Fotos inéditas de Ernesto "Che" Guevara publicadas tras su muerte

Son publicadas por familiares de un misionero español que predicó en la ciudad boliviana de Sucre


"Mi tío las trajo cuando vino para la boda de mis padres, que se casaron a finales de noviembre de 1967", relata Imanol Arteaga, sobrino del misionero Luis Cuartero Lapieza, que durante "once o doce años" predicó en la ciudad boliviana de Sucre.
"Lo que me importaba de esas fotos es que eran de mi tío, su valor sentimental", afirmó, antes de asegurar que "ahora me doy cuenta de que tienen un valor histórico", aunque no piensa desprenderse de ellas.
Casi cincuenta años han tenido que pasar para que vean la luz  fotos de Ernesto "Che" Guevara, tomadas tras su muerte y llegadas a España por medio de un misionero, cuya familia ha guardado estos clichés realizados por un periodista de la AFP.

Hutten, que murió en 2012, "nos dijo que había enviado cuatro o cinco carretes a la AFP en París" del cadáver del Che, relata Sylvain Estibal, responsable de fotografía de AFP para Europa y África. 

Sin embargo, cuando Hutten pasó por París unos meses después de la muerte del Che constató que "sólo había unas pocas fotos de su reportaje. Dónde fueron a parar el resto sigue siendo un misterio", añadió Estibal.

Arteaga ni siquiera había pensado en hacer públicas las fotos entregadas a su tío, hasta que habló con unos reporteros de un periódico local, El Heraldo de Aragón, que se pusieron en contacto con él por otro asunto. Estos periodistas incluso le ayudaron a hablar con un experto que le aseguró que el papel en que están positivadas dejó de fabricarse hace tiempo, confirmando la época en que se hicieron.
"Mi tía y mi madre me cuentan que se las dio un periodista francés", relata Arteaga, ahora depositario de los ocho clichés en blanco y negro, que su tío, al que estaba muy unido, trajo de Bolivia.

El Che fue capturado el 8 de octubre de 1967 y ejecutado al día siguiente antes de ser sepultado a escondidas por los militares bolivianos la madrugada del 11 junto a otros seis guerrilleros.

Intrigado por estas instantáneas, Arteaga inició entonces una pequeña investigación empezando por su origen: "un periodista francés". En un buscador de internet, "puse +periodista francés Che muerto+ y salió Hutten y unas fotos que son clavadas a las que tenía yo", explica.

Este concejal, que aún se emociona cuando recuerda a su tío, asegura que "en los últimos 14 años" hasta su muerte "hablábamos todos los días", pero que nunca le preguntó por esas fotos o su autoría. "Las fotos es una de esas conversaciones que se me quedó en el tintero", concluyó.

Las fotos parecen corresponder a distintos momentos ya que en unas aparece el cuerpo del famoso médico argentino, convertido en mito revolucionario, vestido con una cazadora abierta, mientras en otras parece sin la chaqueta y dispuesto para ser mostrado.



También hay una foto de una compañera del Che en Bolivia, Tamara Bunke, alias Tania, y otra que supuestamente muestra su cádaver en una camilla, con una camiseta y la cara manchadas.

"Si le pidió (al misionero) que trajera las fotos sería porque era el único europeo que en ese momento se iba" de Bolivia, por si él mismo tenía algún problema para sacarlas, considera Arteaga.

 Che, la sospecha confirmada 

Documentos. Una biografía ratifica el papel protagónico de la CIA en la muerte de Guevara
Exhibición. Luego de matarlo, lo llevaron a Valle Grande y lo mostraron en una conferencia de prensa.
El ‘Che’ tiene entre 25 y 30 años. Es un hombre de aproximadamente 1,80 metros de alto y alrededor de 75 kilos. Es más bien bajo, fornido y fuerte, que magro y fibroso. Tiene cabello castaño y lleva barba y bigote (…) El otro rasgo físico notable del ‘Che’ es su suciedad. Odia bañarse y nunca lo hace. Es mugriento, incluso para los estándares bastante bajos de pulcritud que rigen en las fuerzas de Castro en Sierra Maestra (...) El ‘Che’ es bastante intelectual para ser un ‘latino’”, se lee en uno de los documentos de la CIA, recopilado por los abogados estadounidenses Michael Ratner y Michael Smith en su último libro Quién mato al Che, cómo logró la CIA desvincularse del asesinato , editado recientemente (Planeta y Paidós). Michael Smith vino a Buenos Aires a presentar el libro y entonces contó en esta entrevista cómo nació la idea de esta publicación cuando llegaron a sus manos documentos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en los que se demuestra que fue la CIA la que dio la orden de asesinar al Che en Bolivia.
–¿Cuáles fueron las principales motivaciones para escribir este libro?
–Cuando recibimos los documentos y los leímos, así como la bibliografía y las biografías sobre el Che, nos dimos cuenta de que aunque sospechábamos, como la gente de la Argentina y Cuba, que la CIA lo había asesinado, hasta que escribimos el libro no se podía demostrar. Estos documentos prueban que el gobierno de Estados Unidos, especialmente la CIA, junto al Estado cliente de la dictadura militar de Bolivia, asesinaron al Che. Veintiún hombres de los 23 líderes del Ejército boliviano fueron entrenados en la Escuela de las Américas en Panamá. La Revolución Cubana devolvió la propiedad de la tierra al pueblo y fue el Che Guevara quien escribió la primera reforma agraria. Antes de la Revolución, un típico campesino vivía en una choza, trabajaba sólo por temporada, era analfabeto y siempre estaba enfermo. En represalia, el gobierno de Estados Unidos comenzó con el bloqueo y aquellos países que no estuvieron de acuerdo con el aislamiento a Cuba pagaron un precio muy alto: cinco gobiernos democráticos fueron derrocados, primero en Bolivia, después en Brasil, luego en Uruguay, en Chile y en la Argentina y las dictaduras que les siguieron fueron respaldadas por Estados Unidos.
–¿Cómo consiguieron los documentos?
–Los conseguimos porque Michael Ratner los solicitó en 1990 en virtud de la Ley de Libertad de Información, cuya premisa era que los documentos producidos por un gobierno democrático les pertenecían al pueblo. Al tiempo le llegó a Michael una caja enorme de documentos del FBI, de la CIA, del Departamento de Defensa y de la Casa Blanca. Publicamos este libro en inglés hace 3 años. Y ahora se tradujo al castellano.
–El prólogo del libro es de Ricardo Alarcón, que hasta el año pasado fue el presidente del Parlamento Cubano, ¿llegó el libro a manos de Fidel o Raúl Castro?

–Estoy seguro de eso. Debby (mi mujer) y yo conocemos a Ricardo, nos encontramos con él el año pasado cuando todavía era el presidente del parlamento. Entonces el gobierno cubano tradujo este libro y ahora está haciendo una edición económica para el pueblo.
–Ustedes dicen en el libro que desde que fue creada la CIA en 1947 actúa como una organización paramilitar y que el gobierno de Estados Unidos estuvo involucrado en otros asesinatos de líderes políticos en los 50 y 60. ¿Cómo lo demostraron?
–Cuando la CIA fue creada, su tarea era la de proporcionar servicios de inteligencia al presidente. Un año después, en 1948, su misión cambió totalmente cuando se le permitió realizar muchas operaciones ilegales, que tenían que ser realizadas en secreto porque justamente estaban fuera de la ley. Debían hacerlo de una manera en que la CIA pudiera luego negarlas, y lo hicieron a partir de la negación plausible que es un concepto orwelliano para mentir. En 1975, el senador Frank Church le preguntó a Richard Helms, que era el líder de la CIA en ese momento, si alguna vez le habían informado al presidente sobre lo que habían hecho y Helms le dijo: ‘No, no queremos ponerlo en ninguna situación embarazosa’. Entonces tenían cierta autonomía para actuar. En cuanto a los asesinatos, nos basamos en el libro de William Bloom Matar la esperanza , en el que se relata que desde 1948 hasta 1967, cuando asesinaron al Che, la CIA mató o intentó matar a líderes de 19 países.
–En los documentos que ustedes reproducen hay una extensa descripción del Che que demuestra la mirada que la CIA tenía sobre él...
–Cuando el Che estuvo en Sierra Maestra, un infiltrado de la CIA estuvo con él en el campamento por una semana y luego escribió un reporte que está entre los documentos: dijo que el Che apestaba, que fumaba grandes cigarros, que todas las noches les leía a sus hombres y que parecía demasiado inteligente para ser latino.
–¿En qué medida fueron útiles las biografías ya escritas sobre el Che?
–La biografía que ha sido de mayor ayuda para nosotros fue un libro escrito por un ex diplomático estadounidense llamado Foz Buterfly Ryan que fue profesor en la Universidad de Georgetown en Washington y que tenía muchas conexiones con muchos miembros del Senado y del Congreso y que pudo recibir muchísimos documentos que luego nosotros utilizamos. Su conclusión fue que Estados Unidos quería al Che muerto y que se regocijaron con este asesinato, pero se mantuvieron al margen como Poncio Pilato. Creo que su libro fue excelente y lo agradecemos, pero creemos que no entiende de manera completa el proyecto del imperialismo estadounidense, la venalidad de la CIA. Otras biografías como las de Taibo, Castañeda y Jon Lee Anderson fueron de gran ayuda.
–Ustedes dicen también que el interés de Estados Unidos era que no se propagara la revolución en América Latina, por eso la muerte del Che Guevara era uno de los “intereses de Seguridad Nacional” clave para los Estados Unidos.
–Históricamente la CIA ha estado cercana a los intereses estadounidenses, especialmente sobre el petróleo. En los documentos se lee cómo Walt William Rostow, uno de los asesores más cercanos al presidente Lyndon Johnson, le escribió una carta y le dijo: ‘Las tropas que entrenamos fueron quienes capturaron al Che Guevara’. Luego de que mataron al Che, lo llevaron a Valle Grande y pusieron su cuerpo en el piso, en el sótano de un hospital y lo exhibieron para una conferencia de prensa, lo llevaron atado al ala de un helicóptero. Luego le cortaron las manos y las llevaron a Virginia, a la sede central de la CIA, para analizar sus huellas dactilares y se las comparó con las que tenía la Agencia de Inteligencia, que habían sido proporcionadas por el gobierno argentino. Rostow –con papel membretado de la Casa Blanca– le escribió otra carta al presidente Johnson en la que le decía que no había ninguna duda de que el Che Guevara estaba muerto. Félix Rodríguez, otro agente de la CIA, fue quien localizó al Che en Bolivia y quien trasmitió la orden de matarlo. Sin embargo, dijo ‘no pude hacer nada, no lo pude impedir’, lo cual es ridículo porque él era el oficial con mayor rango, el gobierno boliviano era un cliente del gobierno estadounidense. Esta historia de que Estados Unidos no pudo hacer nada para evitar el asesinato fue justamente el pretexto que movilizó la publicación de este libro, porque era ampliamente aceptada en algunos círculos, incluso en espacios de izquierda.

  Smith/ Ratner

Smith escribió “Notebook of a Sixties Lawyer: An Unrepentant Memoir” y “Lawyers You’ll Like: Putting Human Rights First”. Ratner es presidente del Center for Constitutional Rights (Smith también es miembro); ex presidente del National Lawyers Guild y autor de “Hell No, Your Right to Dissent in Twenty-First-Century America”, escrito con M. Ratner Kunstler.

Fuentes: Fotos: AFP. Texto: Gabriel Rubio. Elespectador.com. Ines Hayes: revista Ñ

martes, 28 de octubre de 2014

México: protestas y cartas contra el poder

Intelectuales hacen oír su dolor en todo el mundo por la desaparición de 43 estudiantes

 Aparición con vida. Como en otras épocas, en México piden por la vida de los estudiantes secuestrados por policías y narcotraficantes./revista Ñ
La comunidad de Iguala se moviliza por los estudiantes desaparecidos sin ningún desaliento./revista Ñ


"Todo el país será una fosa común”, dolorida e impotente la cuentista y novelista mexicana Ana García Bergua dijo lo que nadie quería oír ni saber. Lo que se teme. Esa desazón recorre México y no sólo lastima dentro de sus bordes sino que va clavando aguijones en muchos rincones del mundo donde se comparte esta desgracia. A lo lejos, pero se comparte. Y así fue también que los círculos de intelectuales y de académicos de toda América y también de Europa firman declaraciones, mandan cartas y publican sus opiniones para que la desaparición de los 43 estudiantes de magisterio en el estado de Guerrero no quede en el olvido. Para que los gobiernos sepan que a esas fosas también pueden ir ellos. El país entero.
“Me parece absolutamente vergonzoso y de una grosería inaceptable poner todas esas fotografías con las caras de los muchachos como si fueran delincuentes. Los andan buscando hasta por debajo de los camiones. Cuando en realidad los mataron. Lo más obvio es que van a aparecer en una fosa”, decía con un enojo triste la escritora Margo Glantz al Diario de Cohauila.
El sábado pasado, el estadounidense Noam Chomsky fue entrevistado públicamente en la feria del Libro de El Zócalo de Ciudad de México por Paco Ignacio Taibo II y Fabrizio Mejía Madrid. Ante la situación que vive el país, el lingüista dijo: “hay un cómplice en estos problemas que tiene México. Ese cómplice son los Estados Unidos. En tanto que la mayor parte del consumo de la droga que se produce o que pasa por el país termina en Estados Unidos, al mismo tiempo lo que Estados Unidos da a cambio a México son las armas con las que el pueblo mexicano se está matando entre sí. Estados Unidos tiene una gran responsabilidad. Si a eso le aunamos las políticas suicidas que los gobernantes mexicanos están ejerciendo y las reformas suicidas que están realizando los gobernantes mexicanos nos encontramos frente a un enorme problema.
Está circulando por la web una carta que se puede firmar en http://ayotzinapasomostodos.wordpress.com/ Desde la Comunidad Académica Internacional de más de 60 países y 500 universidades, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil, y con el apoyo hasta ahora de más de 7.500 personas –cifra en aumento constante– se envía esta carta urgente y abierta para que la noticia se sepa y no quede nadie indiferente. Además de Chomsky también adhieren Judith Butler y Elena Poniatowska y se suman las firmas de Laura Malosetti Costa, Eduardo Buscaglia, Andrea Giunta, Francine Masiello, Gabriela Polit, Rita Laura Segato y Gareth Williams, entre muchos otros. Los que firman exigen la “renuncia inmediata” del gobernador de Guerrero, Angel Aguirre Rivero, de su procurador Iñaki Blanco Cabrera y de todos los policías y miembros del Ejército que hayan sabido, encubierto o participado en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Y señalan que la realidad que México ha mostrado al mundo es decepcionante: “El caso de Iguala, sumado a muchos otros sucesos en los últimos meses, ha dejado claro que no se puede hablar ya de criminales comunes sino de la criminalidad de representantes del gobierno tanto local como estatal y federal, que por acción u omisión permitieron que esto ocurriera y ahora no parecen hacer lo necesario para resolverlo y restaurar la confianza en ese mismo gobierno”.
El escritor de Culiacán Elmer Mendoza argumenta, enérgico, ante el Diario de Cohauila: “A los responsables, encabezados por el presidente Enrique Peña Nieto, les digo que esto no puede ocurrir. Si aspiramos a ser un país civilizado, que tenga leyes respetables, no pueden pasar estas cosas”, dice el autor especialista en lo que se dado en llamar la narcoliteratura y autor de El misterio de la orquídea calavera . “No podemos permitir que asesinen a nuestros estudiantes, a nuestra juventud, porque estamos rompiendo cadenas y eso no es justo, no es normal y tampoco es humano. Tenemos que conseguir ser otro país, un país donde los sueños sean posibles”, concluyó Elmer.
“México se ha convertido en una tumba sin nombre donde caen todas las víctimas y los desaparecidos”, concluye la carta que firman Elena Poniatowska, Juan Villoro, Gael García, Paco Ignacio Taibo II, John Ackerman, Liliana Felipe, Dolores Heredia, entre otras personalidades que suman una larga lista y que se publicó el miércoles en el diario La Jornada. En las principales ciudades del mundo hubo manifestaciones de reclamos al gobierno mexicano y de solidaridad con los desaparecidos y sus familias. En la embajada de México en Buenos Aires, unas 200 personas se solidarizaron con los normalistas al grito de: “¡Aparición con vida de los 43 compañeros!”. Los gritos rebotaban en las puertas de la sede diplomática.
La semana pasada en la revista Ñ la antropóloga Rossana Reguillo publicó una nota bajo el título “Otra vez se toca el fondo de un horror que despelleja”, concluía con dolor y bronca: “Seguimos acumulando muertes. Sí, hemos venido tocando fondo muchas veces, pero Ayotzinapa desnuda sin clemencia, la relación descompuesta, podrida, vergonzosa entre los distintos poderes propietarios: estado, gobierno, poder económico, partidos, fuerzas de seguridad”.

lunes, 27 de octubre de 2014

Batalla del feminismo y el sujeto neoliberal

Nancy Fraser. El gran desafío del feminismo sigue siendo la paridad, dice la ensayista y asegura que América Latina dinamiza la lucha por los derechos

Protesta. Marcha en Jujuy por la libertad de Romina Tejerina (Télam/Raúl Ferrari)./revista Ñ
 
Nancy Fraser, activista estadounidense del feminismo.
Nancy Fraser, figura clave del feminismo, heredera de la teoría crítica y profesora de teoría política y social en la New School for Social Research de Nueva York, es ante todo una pensadora del presente. De visita en Buenos Aires, invitada por la Universidad de San Martín, la intelectual habló no sólo del futuro posible del feminismo sino de la igualdad y de los derechos humanos, hoy amenazados en gran parte del mundo.
–En su último libro “Fortunas del feminismo” usted presenta una cronología del feminismo del siglo XX dividida en tres fases. Redistribución, reconocimiento... ¿Cómo fue el desarrollo de estas dos primeras fases?
 –En primer lugar, se trata de un diagnóstico: ¿qué ha fallado en el feminismo? Me refiero en su mayor parte al feminismo del Norte global. Hacia finales de los sesenta y en los setenta hubo un feminismo que se generó en diálogo estrecho con la Nueva Izquierda, en parte dentro de las tradiciones socialista y marxista. Se estaba desarrollando una poderosa crítica feminista del androcentrismo de la sociedad capitalista con su división fundamental entre el trabajo productivo pago y el trabajo reproductivo no pago. Al mismo tiempo, estos movimientos estaban también tratando de ampliar la agenda política de la izquierda, más allá de los temas de la clase y la economía, para incluir violencia de género, libertad reproductiva, y todas las formas, digamos, de silenciamiento cultural de las mujeres. Este feminismo, podríamos decir usando un lenguaje que no estaba disponible en aquella época pero que desarrollé más tarde, ya estaba integrando cuestiones de distribución y de reconocimiento. Sin embargo, luego la agenda del feminismo se estrechó a preocupaciones de reconocimiento, y la crítica del capitalismo y su economía política fue abandonada o quedó muy subordinada. Y esto fue parte de un cambio en la cultura política de EE.UU.: volvía a imponerse la normal hegemonía del liberalismo, lo que es siempre la mentalidad por defecto en EE.UU., con su individualismo, su talento meritocrático. Entonces, en un segundo período tenemos este feminismo liberal. Y al mismo tiempo, en la universidad, se afianzó el feminismo cultural del posestructuralismo, de las políticas de la identidad. Surgió entonces un tipo de alianza impía entre capitalismo y el posestructuralismo, un giro hacia una política centrada en el reconocimiento. Creo que eso es lo que salió mal, porque esto ocurrió en el exacto momento en que necesitábamos una crítica feminista de la economía política del neoliberalismo.
–¿Y cuál sería la tercera fase de este proceso?
 –La tercera fase sigue en marcha. Pero permítame matizar este punto: cuando escribí la introducción a Fortunas del feminismo fue en el momento de lo que parecía una crisis mayor del neoliberalismo, en la crisis financiera de 2008. Pensé entonces que el neoliberalismo podía estar entrando en una crisis profunda, a punto de convertirse en una tercera cosa. Esto no ocurrió. De modo que hoy tendría que modificar esta idea de que estamos en una tercera fase genuinamente definida; no creo que así sea, seguimos luchando en la fase neoliberal. Sin embargo, lo que digo allí acerca de aquello en lo que un feminismo debería convertirse sigue siendo correcto: debe combinar la crítica de la economía política, que yo llamo “redistribución”, con una crítica del orden androcéntrico y sexista, el “reconocimiento”, más una crítica. Este es un tercer elemento nuevo, de la organización o de la institución de un espacio político, tanto en la arena nacional como también globalmente, lo que tiene que ver con cuestiones de la voz y de la representación. Representación en instituciones formales pero también en espacios informales de opinión pública de la sociedad civil. La idea sería que necesitamos una política feminista que combine redistribución, reconocimiento y representación.
–Usted propone, en este contexto, el concepto de “paridad de participación”. ¿Hasta qué punto esta idea sobrepasa la clásica de igualdad? 
–La paridad participatoria es un modo específico de interpretar la idea de igualdad, que es un concepto muy discutido, con numerosas interpretaciones opuestas. Está la idea liberal de la meritocracia (cada uno llega hasta donde sus talentos lo lleven). Está la del intercambio en el mercado, que también es una interpretación de la igualdad. Están los derechos políticos formales e igualitarios. Lo que yo estoy diciendo con la idea de paridad de participación es que todas las otras interpretaciones resultan demasiado estrechas. Y mi idea es que la paridad de participación es una interpretación radicalmente democrática de la igualdad, en lugar de una interpretación liberal de la igualdad. Este concepto se ha expandido y se ha profundizado. Se aplica cada vez a más áreas de la vida, no sólo a la esfera legal, no sólo a la esfera política, también a la esfera económica, la familia, la sociedad civil. De modo que no queda satisfecha con los meros derechos formales en el papel, sino con las condiciones materiales efectivas requeridas por la gente para realmente interactuar como pares o como iguales en la sociedad.
–¿Hay aún una dimensión utópica en esta igualdad, como la escuela de Frankfurt lo pensaba para toda crítica de la sociedad?
 –Realmente creo que uno nunca consigue un cambio genuinamente transformador sin una dimensión utópica. Sin embargo, la dimensión utópica es difícil de defender en lo filosófico. Porque siempre hay un elemento de especificidad y de deseo que escapa a lo racional. Esto siempre viene de la experiencia de desear algo más allá de lo que está dado, aun cuando haya dificultad en decir qué es lo que puede ser eso más allá. Creo que en la teoría crítica necesitamos varios elementos diferentes: un diagnóstico muy claro y racional de cómo funciona la sociedad presente, cuáles son los mecanismos por los que la desigualdad, la opresión, la dominación son generados, necesitamos un diagnóstico muy claro de la esfera civil y política, qué están haciendo los movimientos sociales, si están pensando correctamente para enfrentar la crisis. Todo esto es un tipo de racionalidad. Pero también necesitamos una teoría normativa, como la paridad participativa en tanto modo de imaginar cómo sería una sociedad más igualitaria. Y, al mismo tiempo, necesitamos una sensibilidad para este elemento utópico transracional de deseo.
–En su libro “Escalas de justicia”, usted se refiere a la perspectiva crítica de Hannah Arendt acerca de un posible régimen internacional de derechos humanos. ¿Hay forma de mejorar el accionar de estas instituciones?
 –Creo que todo el movimiento de lo que hoy llamamos el régimen de los derechos humanos, o los regímenes en plural, son muy importantes a nivel histórico, y sin embargo tienen algunas ambivalencias, algunas limitaciones. Creo que el lado positivo es bastante obvio; quisiera enfocarme entonces en las ambivalencias y en las limitaciones. Un punto es que, de alguna manera, la idea de los derechos humanos está sustituyendo esos tipos de utopía que mencionábamos antes, pero son demasiado débiles como utopía. No es suficiente como visión de una buena sociedad. Está demasiado enfocada en la justicia legal, judicializa, es un poco demasiado moralizante, no es una visión política genuina. Un segundo punto sería que existe un cierto tipo de justicia de los vencedores en los derechos humanos; alguien decía hace poco: ¿a quién procesamos en las violaciones de los derechos humanos internacionales? En su mayoría: a malvados hombres negros en países pobres. No procesamos a criminales de guerra estadounidenses, y tampoco lo haremos si no es través de una gran transformación. Además, tenemos esta importante crítica feminista de los derechos humanos: la de un cierto tipo de androcentrismo, estar demasiado enfocados en la violencia perpetrada por los gobiernos en contra de los individuos. Sin la presión de los movimientos sociales, que se movilizan desde abajo, algo falta: no se puede dejar estas cosas únicamente en manos de los jueces. Tiene que haber un diálogo constante entre las cortes internacionales y los movimientos de la sociedad civil para asegurar una comprensión completa y amplia de los derechos humanos.
–Al recibir el Doctor Honoris Causa de la Universidad de San Martín, usted habló de las limitaciones de la crítica que ejerce el feminismo y el papel dinamizador de América Latina. ¿En dónde reside esta diferencia?
 –Creo que la tendencia histórica en el feminismo y otras corrientes del Sur global es mirar hacia el Norte, como si nosotros fuéramos los expertos y productores de las teorías que ustedes adoptan, pero creo que nosotros en el Norte global hoy en día estamos en un verdadero impasse, creo que estamos estancados. Tanto políticamente como en el nivel de la imaginación. No tenemos ninguna oposición movilizada real contra el neoliberalismo, con orientación programática. Todo el mundo odia a los neoliberales, pero se trata de una oposición desmoralizada, dispersa, fragmentada, sin proyecto contrahegemónico. Y hemos tenido protestas explosivas, como Occupy o los Indignados en Europa. Estas protestas explotan pero se disuelven y desaparecen sin dejar ninguna organización, pensamiento programático, ni proyecto para seguir luchando contra la globalización. Todos los partidos políticos oficiales son básicamente una versión u otra del neoliberalismo. Creo que en Latinoamérica, a pesar de las diferencias entre los países, a pesar de las dificultades aquí o allá, al menos se está articulando desde una posición de poder oficial una oposición al neoliberalismo. Al menos está la idea de desarrollar una alternativa contrahegemónica. Es lo que nos falta en Europa y Estados Unidos.
–¿Cuál es el rol de la emancipación en esta oposición al neoliberalismo? 
–No podemos pensar esta crisis simplemente como una crisis económica y financiera. También tenemos una muy profunda crisis ecológica, tenemos una crisis política, una crisis de la imaginación, y hasta se podría llamar una crisis de emancipación. De modo que se trata de una crisis multidimensional. Karl Polanyi, al escribir acerca de las crisis de 1930 y el auge de los fascismos durante la Segunda Guerra Mundial en su libro La gran transformación , también tuvo una crisis multidimensional que era más amplia que la idea marxista. Sin embargo, quisiera decir entre paréntesis, que yo no renuncio a la idea de Marx, sólo quiero situarla en una perspectiva más amplia. Polanyi entendió el surgimiento del fascismo y el colapso de toda la civilización en la Segunda Guerra como algo puesto en movimiento por una loca idea del siglo XIX: que la sociedad podía estar organizada alrededor de un mercado autorregulado. Toda la sociedad civil y las ideas éticas debían ser puestas de lado frente a esta autorregulación. Esa idea destructiva terminó amenazando toda la organización social. Ese mercado no regulado estaba destruyendo también la naturaleza. De modo que las luchas sociales no eran una lucha de clases como lo pensaba Marx, sino que se trataba de una lucha entre las fuerzas que querían expandir el mercado y aquellas que querían proteger la sociedad y la naturaleza frente al mercado. Pero hay algo erróneo allí, la lucha social no tiene dos caras, tiene al menos tres. Ese valioso panorama deja afuera, en el siglo XIX, a la lucha mundial para abolir la esclavitud, las luchas por la emancipación de las mujeres, las luchas anticoloniales, estas no son luchas a favor del mercado o a favor de la protección de la sociedad, son luchas, tal como yo digo, por la emancipación. De modo que tenemos que pensar en un triple movimiento, y una vez que uno introduce esta idea, tenemos todas estas complejas posibilidades de dos contra uno: ¿qué versión de la emancipación? ¿Es la versión que está del lado del mercado o estará del lado de la protección social? Para mí esta fue una forma de analizar esas problemáticas liaisons dangereuses del feminismo con el mercado. Esto es importante: cuando los movimientos sociales se alían con el mercado, abandonan la idea de la protección social. Necesitamos una nueva alianza: protección social y emancipación.

martes, 3 de junio de 2014

De dos males… ¿el más nuevo?

El escritor William Ospina ha sacudido el debate político al anunciar su apoyo a la candidatura uribista
La obra del paramilitarismo uribista en Colombia./http://losimportunos.wordpress.com/
Noticia: recientemente se realizó la Primera Vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Las dos fuerzas que quedaron calificadas para ir a la Segunda Vuelta fueron: 1- La del candidato del uribismo, señor Zuluaga; y 2- La del presidente en ejercicio, señor Santos. Las organizaciones y grupos de la oposición están enzarzadas en viva discusión sobre si abstenerse, votar en blanco o apoyar al señor Santos, pues el candidato del uribismo es garantía segura de que las negociaciones de paz que se desarrollan en La Habana entre las FARC y el gobierno, serán clausuradas o gravemente lesionadas. De este modo, el tema de las negociaciones de paz se ha convertido en el foco central de la Segunda Vuelta presidencial. En estas circunstancias, el escritor William Ospina ha sacudido el debate político al anunciar su apoyo a la candidatura uribista. El texto de su declaración puede leerse haciendo click en su título: De dos males.
Esta es mi respuesta a la declaración de William Ospina:
De dos males, ¿el más nuevo?
Confieso que no me sorprendió en absoluto la columna de William Ospina en favor del candidato uribista. Lo que a otros ha parecido absurdo a mí me ha parecido perfectamente lógico: que él apoya al representante de la guerra, de las motosierras, de los desplazamientos y del horror, porque “con ellos no es posible llamarse a engaños: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposición, no fingen amarla”. Digo que me parece lógico, porque desde hace años vengo pensando que un escritor dedicado a reciclar la sangrienta epopeya de los conquistadores en sucesivos mamotretos de caballería tropical, tarde o temprano tiene que terminar rindiendo culto a la feroz dinámica de la conquista.
“Uribe, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento colombiano que hacía agua por todas partes”. Ponga usted esa frase inmortal en otro contexto, por ejemplo: “Hernán Cortés, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo de México, pero que benefició enormemente a la vieja aristocracia española, podrida hasta sus cimientos”. O bien: “Mussolini, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento que hacía agua por todas partes”. Lo que hay detrás de todo esto, que literalmente se aplica a Hitler y a Franco, es la creencia de que una nueva élite conquistadora (inteligente, astuta, con tremenda energía, sin escrúpulos, violenta e implacable) es mejor que una vieja élite corrupta que hace agua por todas partes. En otras palabras: que es muy bueno que esa vieja élite se caiga de una vez por todas aunque la sociedad entera caiga de la sartén al fuego o directamente al infierno. Fue cabalgando sobre ese sofisma fascista que Mussolini ganó las elecciones, que Hitler ganó la elecciones y que los fascistas rumanos, húngaros y portugueses sostuvieron siniestras dictaduras militaristas durante muchas décadas trágicas.
Se necesita ser un ingenuo admirador de la conquista para sostener que el uribismo, que es la Segunda Conquista (con sus desplazamientos, su despojo de tierras, sus masacres, su odio contra las víctimas, su glorificación de la violencia), es mejor que las viejas élites formadas en la Primera Conquista, como si la renovación de la sociedad colombiana debiera pasar por la renovación del horror y del genocidio.
Pero también se necesita tener una mentalidad de libros de caballería para creer que unas elecciones deciden todo el destino de un país, y no de un país cualquiera, sino de Colombia, donde no vota el 60 por ciento de las víctimas (en Colombia no hay electores, hay víctimas) y donde la inmensa mayoría sigue viviendo según sus propias leyes particulares e individuales sin que se sepa exactamente cuáles son, porque se hace lo que se puede y eso es muy cambiante y muy dinámico. Tanto los amantes de los nuevos conquistadores, como los partidarios de los viejos, como quienes creemos en la necesidad que construir una sociedad nueva, diferente, deberíamos ser conscientes de que el uribismo y sus paracos, sus bacrim, sus urabeños, harán lo que puedan hacer ganen o no ganen las elecciones, y así haremos todos los demás, gane quien gane la segunda vuelta.
Si algunos, o muchos, votan desde la izquierda por el señor Santos, no están votando por la “vieja oligarquía bogotana” (curiosa categoría sociológica inventada para defender a la nueva oligarquía antioqueña, no para defender al pueblo). No. Estarán votando contra los bandidos que hacen política desde la cárcel, porque nunca, jamás en la historia de Colombia, o del mundo, ha habido tanta jefatura de un movimiento político haciendo liderazgo desde detrás de la rejas, donde están por ladrones, fascinerosos y genocidas. ¿Esa es la “nueva élite” que nos propone nuestro ilustre narrador de la épica conquistadora?
Como ya se ha señalado en estos foros, el socialista francés Jean Jaurès, asesinado en 1914 por oponerse a la guerra mundial que se acercaba, explicó: “en la primera vuelta, escogemos, en la segunda, eliminamos”.
Y esto es lo que queremos hacer en esta segunda vuelta, compatriotas. No pudimos escoger lo que queríámos en la Primera Vuelta, pero en la segunda ejerceremos nuestro derecho a eliminar lo que de ninguna manera queremos. No es mucho, pero es algo y, como dice el filósofo Rajoy, algo es algo. No le demos más vueltas ideológicas a este asunto.
O sí: es incompatible ser admirador de los gobiernos “progresistas” de América Latina, que con todas sus deficiencias, errores, limitaciones y dificultades trabajan por el bienestar del pueblo y, al mismo tiempo, ser admirador de los genocidas con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animales políticos.
Es imposible conciliar esas dos cosas. Decídase, William, por una de las dos, pero no por ambas.
Carlos Vidales
Estocolmo, 1 de junio de 2014

viernes, 25 de abril de 2014

El problema con Cuba del señor García

Gabo que estás en los cielos

En 1999 el periodista Jon Lee Anderson escribió para la revista New Yorker un perfil titulado El poder de García Márquez donde daba cuenta del origen del problema, la posición  del escritor ante Cuba y su amistad con el dictador Fidel Castro

Portada de el artículo en The New Yorker./lasillavacia.com
“García Márquez ha tenido un “Problema con Cuba” desde 1971, cuando el  poeta cubano Heberto Padilla fue arrestado por ‘actividad contrarevolucionaria’. Un grupo reconocido de intelectuales, que incluyó a Plinio Apuleyo Mendoza, escribió una carta a Fidel Castro en protesta por el arresto. En vista de que García Márquez estaba de viaje y fuera de contacto, Plinio se tomó la libertad de sumar su nombre a la petición. Padilla fue liberado de su detención pero fue forzado a pasar por una grotesca confesión pública al estilo soviético y el espectáculo llevó a que muchos de los que habían apoyado el régimen de Castro rompieran con él. Una segunda carta de protesta fue firmada por todos los que habían firmado la primera misiva, excepto por Julio Cortázar y García Márquez. Luego, en 1975, García Márquez fue a Cuba, con la intención de escribir ‘el libro’ de la revolución. Nunca publicó el libro, pero escribió una serie de artículos y conoció e hizo amistad con Castro”.
García fue fiel a su “problema con Cuba” y por más de cuatro décadas recibió críticas negativas de otros escritores. Mario Vargas Llosa llamó a García el “cortesano de Castro”, Guillermo Cabrera le recordó los nombres de todos sus colegas cubanos que no gozaban de los mismos privilegios que tenía García en Cuba y que vivían en el exilio a riesgo de regresar a la isla y ser arrestados, Fernando Vallejo le dedicó una diatriba per angostam viam en El Malpensante. Enrique Krauze, en 2009, luego de publicada la biografía de García concertada con Gerald Martín, le hizo un análisis detallado al libro, a tono de crítica literaria y pronto pasó de lo formal a lo moral, dos fragmentos concluyentes:
“Gabriel García Márquez no es un escritor de torre de marfil: ha declarado estar orgulloso de su oficio de periodista, promueve el periodismo en una academia en Colombia y ha dicho que el reportaje es un género literario que “puede ser no sólo igual a la vida sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia —sagrada e inviolable— de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma”. ¿Cómo conciliar esta declaración de la moral periodística con su propio ocultamiento de la verdad en Cuba, a pesar de tener acceso privilegiado a la información interna?”
“Por lo que hace al juicio de la posteridad, es un tanto prematuro afirmar que García Márquez es el “nuevo Cervantes”. Pero en términos morales no hay comparación. Héroe de guerra contra los turcos, herido y mutilado en batalla, náufrago y preso en Argel por cinco años, Cervantes vivió sus ideales, dificultades y pobreza con una moralidad quijotesca, y la suprema libertad de tomar sus derrotas con humor. Esa grandeza de espíritu no se ha visto en las complicidades de García Márquez con la opresión y la dictadura. No es Cervantes.”
El “problema con Cuba” persigue a García y a la sesuda crítica se sumó un balbuceo cerril de la representante de una casta política colombiana, emitido a pocas horas de conocerse la muerte del celebrado escritor colombiano. La recién elegida representante para el congreso en representación de un partido de derecha trinó por Twitter: “Pronto estarán juntos en el infierno” y acompañó el mensaje con una foto de Fidel Castro y García muy acomodados en un plácido sofá.
El escupitajo de moralina celestial de la congresista fue un eco lacónico de lo que piensan muchos de sus votantes y seguidores del partido político al que ella pertenece. Gracias a este microrelato más oportunista que oportuno se dibujó un pensamiento tan políticamente incorrecto como esclarecedor, el de una parroquia mental de politiqueros que le exige a las mentes tolerantes, antes que una cómoda indignación, tolerancia ante esa intolerancia a riesgo de cercenar la libertad de expresión. La libertad que se tomó la futura congresista para opinar es la misma que cobija a los que en Venezuela, por ejemplo, le han hecho monumentos a los líderes de la guerrilla en Colombia, a no ser que ella y sus copartidarios quieran negarle a sus contrincantes los mismos derechos que los cobijan a ellos (o que cobijan a los que por estos días han criticado a la congresista y también la han mandado al averno).
Pero volviendo al señor García y a su “problema con Cuba”, el problema del escritor no parece haber sido insular sino continental: su patología se extiende a la personificación del poder en general. Al respecto escribía Anderson en su perfil de 1999:
“García Márquez niega que tenga una obsesión con el poder. ‘No es mi fascinación con el poder’, me dijo, ‘es la fascinación que tienen todos los que tienen poder conmigo. Son ellos los que me buscan, y confían en mi.’ Cuando le repito esto a uno de los amigos más cercanos a García Márquez en Bogotá, este se ríe y cierra los ojos, ‘Bueno, él puede decir eso, también es verdad. Todos los presidentes latinoaméricanos quieren ser sus amigos, pero él también quiere ser amigo de ellos. Hasta donde lo conozco, él siempre ha tenido ese deseo con el poder. Gabo ama los presidentes. A mi esposa le gusta molestarlo y le dice que hasta un vice-ministro le causa una erección.’”
Y claro, García no solo ha usado su poder para medir su hombría con la de los poderosos, sino que usó el poder para erigir, el poder para poder hacer y se pueden recordar sus conspiraciones por la paz (entre 1997 y 2000) y por la educación (Comisión de sabios en 1994). Pero tal vez la empresa en la que García se vio más comprometido con el poder a nivel de Colombia y que le granjeo más problemas fue la revista Alternativa (y no el proyecto más calculado de la Revista Cambio de años posteriores en el que García fue accionista mayoritario).
Alternativa publicó 275 números desde 1974 hasta 1980. García actuó en un comienzo como reticente fundador y decidido financiador pero terminó metido de cabeza y participó en su enfoque editorial, investigativo, gráfico y como columnista. Alternativa en sus seis años de vida sufrió por problemas externos —decomisos, atentados, bloqueos en su financiación, circulación restringida— y por problemas internos —sectarismo, sindicalismo, separaciones—. Es diciente de este país que la acción política de más largo aliento en la que García invirtió tanto tiempo y recursos sea la más ninguneada y que ahora que se rememoran los episodios de su vida en Colombia, su etapa más politizada a nivel nacional sea la más ignorada.
A pesar de que la muerte de García estaba cantada desde hace meses y que los obituarios y “presentaciones multimedia” ya estaban preparadas casi con años de antelación, la omisión de lo que representó Alternativa en la “gabolatría” patriotera de estos días muestra que al periodismo no le gusta hacer periodismo sobre el periodismo. Además, ocuparse de una publicación como Alternativa implica volver sobre un contrapunto escrito y gráfico que hace ver al periodismo actual deslucido, apocado, aburrido. Incluso, se puede decir que el exilio de García del año 1981 es un efecto claro de la labor de contrapeso al poder establecido que él, junto a tantos otros, hicieron en Alternativa. Su exilio fue una retaliación por parte del cuerpo político y militar y por parte de un sector del periodismo, encabezado por el periódico El Tiempo que colaboró con la fabricación de una carta anónima difundida en sus páginas que señalaba a García como colaborador de la guerrilla y lo ponía en lista de espera para el próximo allanamiento y detención por parte del aparato parajudicial del Gobierno de Julio Cesar Turbay. Al menos así lo denunció García en su época, y así lo ignoró El Tiempo en estos días, y en vez de pedir disculpas o de aclarar ese bochornoso incidente del pasado, prefirió pasar de agache, camuflar su error con un bufet variado de hagiografía multimedial y no explicar por qué colaboró en esta campaña de odio que obligó al escritor a decirle adiós a su país.
El “problema con Cuba” continuará persiguiendo al señor García y servirá para nuevas diatribas de más gramaje una vez desaparezcan los Castro de Cuba, cuando salga a la luz la dimensión real de su gobierno y se pueda hacer un balance de la corruptela del poder revolucionario cotejándola con las perversiones del embargo económico, cuando se pueda saber qué se hizo bien y qué se hizo mal. Las críticas a García, desde el aspecto ideológico, siempre tendrán que teñirse de moral, serán una planicie fértil para el cazador de inconsistencias y contradicciones que gusta de sumarle estampitas a la biblia que todo moralista pretende escribir e ilustrar. Pero a nivel del arte, el mismo terreno pantanoso de lo mundano es el lugar propicio para comprender en su complejidad la experiencia paradójica de vivir. El tiempo que García se compró para poder trabajar exclusivamente en Cien Años de Soledad vino de lo que pudo ahorrar por trabajar durante varios años al servicio de franquicias norteamericanas de publicidad o haciendo guiones, y claro, toda esa experiencia laboral de tinte mercantil en vez de depreciar su obra, la alimentó, le dio al artista una educación práctica y sentimental, un arsenal de trucos narrativos que jamás le habría dado la literatura “pura” (aunque nunca dejó de ser un lector insaciable de todo lo escrito por una tropa mundial de literatos vivos y muertos).
El artista, a riesgo de hundirse lentamente en las arenas movedizas de la inmoralidad, gracias a esas experiencias mundanas ganó una comprensión que le permitió hablar con propiedad de la vida y de sí mismo:
"Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuan poco me importa el tiempo ajeno." (Memoria de mis Putas Tristes)
Más que andar haciendo discursitos empalagosos sobre García plagados de mariposas amarillas o de andar engolosinados con la categoría de “realismo mágico” que parece salida de la misma encuesta que dictamina que los colombianos son los seres más felices del planeta, habría que ver que lo escrito por García nunca estuvo tan cargado del didactismo aleccionador con que ahora se lo pretende inmunizar, al menos en sus obras iniciales, antes de que pasara de la metralleta rítmica de la máquina de escribir a la cajita de música ambiental de un computador Mac.
El poder de García se mide, al menos como artista, en esos momentos en que supo capturar al mundo, hacerlo suyo y de todo el que se arrime a interpretarlas. Todas esas obras o fragmentos de obras en que logró darle concreción formal a ese estado inmanente entre la tragedia y la comedia donde se define lo humano. El poder de García puede verse reflejado en la casa llena de lujos que tenía en Cuba junto al desnucadero secreto de Castro, o en jugar tenis con los expresidentes de Colombia y departir con el Rey de España en el islote presidencial cerca a la siempre colonial Cartagena, pero el poder revolucionario del artista está en el lenguaje, en esa quimera que supo servir, alimentar, nutrir incluso con inmoralidad, con infamias efímeras que se transformaron luego en pasajes hipnóticos que le dieron una brizna de inmortalidad:
“La verdad es que yo no gano nada con ser santo después de muerto, yo lo que soy es un artista, y lo único que quiero es estar vivo para seguir a pura de flor de burro con este carricoche convertible de seis cilindros que le compré al cónsul de los infantes, con este chofer trinitario que era barítono de la ópera de los piratas en Nueva Orleans, con mis camisas de gusano legítimo, mis lociones de oriente, mis dientes de topacio, mi sombrero de tartarita y mis botines de dos colores, durmiendo sin despertador, bailando con las reinas de la belleza y dejándolas como alucinadas con mi retórica de diccionario, y sin que me tiemble la pajarilla si un miércoles de ceniza se me marchitan las facultades, que para seguir con esta vida de ministro me basta con mi cara de bobo y me sobra con el tropel de tiendas que tengo desde aquí hasta más allá del crepúsculo, donde los mismos turistas que nos andaban cobrando al almirante trastabillan ahora por los retratos con mi rúbrica, los almanaques con mis versos de amor, mis medallas de perfil, mis pulgadas de ropa, y todo eso sin la gloriosa conduerma de estar todo el día y toda la noche esculpido en mármol ecuestre y cagado de golondrinas como los padres de la patria.” (Blacamán el bueno vendedor de milagros)