martes, 28 de octubre de 2014

México: protestas y cartas contra el poder

Intelectuales hacen oír su dolor en todo el mundo por la desaparición de 43 estudiantes

 Aparición con vida. Como en otras épocas, en México piden por la vida de los estudiantes secuestrados por policías y narcotraficantes./revista Ñ
La comunidad de Iguala se moviliza por los estudiantes desaparecidos sin ningún desaliento./revista Ñ


"Todo el país será una fosa común”, dolorida e impotente la cuentista y novelista mexicana Ana García Bergua dijo lo que nadie quería oír ni saber. Lo que se teme. Esa desazón recorre México y no sólo lastima dentro de sus bordes sino que va clavando aguijones en muchos rincones del mundo donde se comparte esta desgracia. A lo lejos, pero se comparte. Y así fue también que los círculos de intelectuales y de académicos de toda América y también de Europa firman declaraciones, mandan cartas y publican sus opiniones para que la desaparición de los 43 estudiantes de magisterio en el estado de Guerrero no quede en el olvido. Para que los gobiernos sepan que a esas fosas también pueden ir ellos. El país entero.
“Me parece absolutamente vergonzoso y de una grosería inaceptable poner todas esas fotografías con las caras de los muchachos como si fueran delincuentes. Los andan buscando hasta por debajo de los camiones. Cuando en realidad los mataron. Lo más obvio es que van a aparecer en una fosa”, decía con un enojo triste la escritora Margo Glantz al Diario de Cohauila.
El sábado pasado, el estadounidense Noam Chomsky fue entrevistado públicamente en la feria del Libro de El Zócalo de Ciudad de México por Paco Ignacio Taibo II y Fabrizio Mejía Madrid. Ante la situación que vive el país, el lingüista dijo: “hay un cómplice en estos problemas que tiene México. Ese cómplice son los Estados Unidos. En tanto que la mayor parte del consumo de la droga que se produce o que pasa por el país termina en Estados Unidos, al mismo tiempo lo que Estados Unidos da a cambio a México son las armas con las que el pueblo mexicano se está matando entre sí. Estados Unidos tiene una gran responsabilidad. Si a eso le aunamos las políticas suicidas que los gobernantes mexicanos están ejerciendo y las reformas suicidas que están realizando los gobernantes mexicanos nos encontramos frente a un enorme problema.
Está circulando por la web una carta que se puede firmar en http://ayotzinapasomostodos.wordpress.com/ Desde la Comunidad Académica Internacional de más de 60 países y 500 universidades, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil, y con el apoyo hasta ahora de más de 7.500 personas –cifra en aumento constante– se envía esta carta urgente y abierta para que la noticia se sepa y no quede nadie indiferente. Además de Chomsky también adhieren Judith Butler y Elena Poniatowska y se suman las firmas de Laura Malosetti Costa, Eduardo Buscaglia, Andrea Giunta, Francine Masiello, Gabriela Polit, Rita Laura Segato y Gareth Williams, entre muchos otros. Los que firman exigen la “renuncia inmediata” del gobernador de Guerrero, Angel Aguirre Rivero, de su procurador Iñaki Blanco Cabrera y de todos los policías y miembros del Ejército que hayan sabido, encubierto o participado en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Y señalan que la realidad que México ha mostrado al mundo es decepcionante: “El caso de Iguala, sumado a muchos otros sucesos en los últimos meses, ha dejado claro que no se puede hablar ya de criminales comunes sino de la criminalidad de representantes del gobierno tanto local como estatal y federal, que por acción u omisión permitieron que esto ocurriera y ahora no parecen hacer lo necesario para resolverlo y restaurar la confianza en ese mismo gobierno”.
El escritor de Culiacán Elmer Mendoza argumenta, enérgico, ante el Diario de Cohauila: “A los responsables, encabezados por el presidente Enrique Peña Nieto, les digo que esto no puede ocurrir. Si aspiramos a ser un país civilizado, que tenga leyes respetables, no pueden pasar estas cosas”, dice el autor especialista en lo que se dado en llamar la narcoliteratura y autor de El misterio de la orquídea calavera . “No podemos permitir que asesinen a nuestros estudiantes, a nuestra juventud, porque estamos rompiendo cadenas y eso no es justo, no es normal y tampoco es humano. Tenemos que conseguir ser otro país, un país donde los sueños sean posibles”, concluyó Elmer.
“México se ha convertido en una tumba sin nombre donde caen todas las víctimas y los desaparecidos”, concluye la carta que firman Elena Poniatowska, Juan Villoro, Gael García, Paco Ignacio Taibo II, John Ackerman, Liliana Felipe, Dolores Heredia, entre otras personalidades que suman una larga lista y que se publicó el miércoles en el diario La Jornada. En las principales ciudades del mundo hubo manifestaciones de reclamos al gobierno mexicano y de solidaridad con los desaparecidos y sus familias. En la embajada de México en Buenos Aires, unas 200 personas se solidarizaron con los normalistas al grito de: “¡Aparición con vida de los 43 compañeros!”. Los gritos rebotaban en las puertas de la sede diplomática.
La semana pasada en la revista Ñ la antropóloga Rossana Reguillo publicó una nota bajo el título “Otra vez se toca el fondo de un horror que despelleja”, concluía con dolor y bronca: “Seguimos acumulando muertes. Sí, hemos venido tocando fondo muchas veces, pero Ayotzinapa desnuda sin clemencia, la relación descompuesta, podrida, vergonzosa entre los distintos poderes propietarios: estado, gobierno, poder económico, partidos, fuerzas de seguridad”.

lunes, 27 de octubre de 2014

Batalla del feminismo y el sujeto neoliberal

Nancy Fraser. El gran desafío del feminismo sigue siendo la paridad, dice la ensayista y asegura que América Latina dinamiza la lucha por los derechos

Protesta. Marcha en Jujuy por la libertad de Romina Tejerina (Télam/Raúl Ferrari)./revista Ñ
 
Nancy Fraser, activista estadounidense del feminismo.
Nancy Fraser, figura clave del feminismo, heredera de la teoría crítica y profesora de teoría política y social en la New School for Social Research de Nueva York, es ante todo una pensadora del presente. De visita en Buenos Aires, invitada por la Universidad de San Martín, la intelectual habló no sólo del futuro posible del feminismo sino de la igualdad y de los derechos humanos, hoy amenazados en gran parte del mundo.
–En su último libro “Fortunas del feminismo” usted presenta una cronología del feminismo del siglo XX dividida en tres fases. Redistribución, reconocimiento... ¿Cómo fue el desarrollo de estas dos primeras fases?
 –En primer lugar, se trata de un diagnóstico: ¿qué ha fallado en el feminismo? Me refiero en su mayor parte al feminismo del Norte global. Hacia finales de los sesenta y en los setenta hubo un feminismo que se generó en diálogo estrecho con la Nueva Izquierda, en parte dentro de las tradiciones socialista y marxista. Se estaba desarrollando una poderosa crítica feminista del androcentrismo de la sociedad capitalista con su división fundamental entre el trabajo productivo pago y el trabajo reproductivo no pago. Al mismo tiempo, estos movimientos estaban también tratando de ampliar la agenda política de la izquierda, más allá de los temas de la clase y la economía, para incluir violencia de género, libertad reproductiva, y todas las formas, digamos, de silenciamiento cultural de las mujeres. Este feminismo, podríamos decir usando un lenguaje que no estaba disponible en aquella época pero que desarrollé más tarde, ya estaba integrando cuestiones de distribución y de reconocimiento. Sin embargo, luego la agenda del feminismo se estrechó a preocupaciones de reconocimiento, y la crítica del capitalismo y su economía política fue abandonada o quedó muy subordinada. Y esto fue parte de un cambio en la cultura política de EE.UU.: volvía a imponerse la normal hegemonía del liberalismo, lo que es siempre la mentalidad por defecto en EE.UU., con su individualismo, su talento meritocrático. Entonces, en un segundo período tenemos este feminismo liberal. Y al mismo tiempo, en la universidad, se afianzó el feminismo cultural del posestructuralismo, de las políticas de la identidad. Surgió entonces un tipo de alianza impía entre capitalismo y el posestructuralismo, un giro hacia una política centrada en el reconocimiento. Creo que eso es lo que salió mal, porque esto ocurrió en el exacto momento en que necesitábamos una crítica feminista de la economía política del neoliberalismo.
–¿Y cuál sería la tercera fase de este proceso?
 –La tercera fase sigue en marcha. Pero permítame matizar este punto: cuando escribí la introducción a Fortunas del feminismo fue en el momento de lo que parecía una crisis mayor del neoliberalismo, en la crisis financiera de 2008. Pensé entonces que el neoliberalismo podía estar entrando en una crisis profunda, a punto de convertirse en una tercera cosa. Esto no ocurrió. De modo que hoy tendría que modificar esta idea de que estamos en una tercera fase genuinamente definida; no creo que así sea, seguimos luchando en la fase neoliberal. Sin embargo, lo que digo allí acerca de aquello en lo que un feminismo debería convertirse sigue siendo correcto: debe combinar la crítica de la economía política, que yo llamo “redistribución”, con una crítica del orden androcéntrico y sexista, el “reconocimiento”, más una crítica. Este es un tercer elemento nuevo, de la organización o de la institución de un espacio político, tanto en la arena nacional como también globalmente, lo que tiene que ver con cuestiones de la voz y de la representación. Representación en instituciones formales pero también en espacios informales de opinión pública de la sociedad civil. La idea sería que necesitamos una política feminista que combine redistribución, reconocimiento y representación.
–Usted propone, en este contexto, el concepto de “paridad de participación”. ¿Hasta qué punto esta idea sobrepasa la clásica de igualdad? 
–La paridad participatoria es un modo específico de interpretar la idea de igualdad, que es un concepto muy discutido, con numerosas interpretaciones opuestas. Está la idea liberal de la meritocracia (cada uno llega hasta donde sus talentos lo lleven). Está la del intercambio en el mercado, que también es una interpretación de la igualdad. Están los derechos políticos formales e igualitarios. Lo que yo estoy diciendo con la idea de paridad de participación es que todas las otras interpretaciones resultan demasiado estrechas. Y mi idea es que la paridad de participación es una interpretación radicalmente democrática de la igualdad, en lugar de una interpretación liberal de la igualdad. Este concepto se ha expandido y se ha profundizado. Se aplica cada vez a más áreas de la vida, no sólo a la esfera legal, no sólo a la esfera política, también a la esfera económica, la familia, la sociedad civil. De modo que no queda satisfecha con los meros derechos formales en el papel, sino con las condiciones materiales efectivas requeridas por la gente para realmente interactuar como pares o como iguales en la sociedad.
–¿Hay aún una dimensión utópica en esta igualdad, como la escuela de Frankfurt lo pensaba para toda crítica de la sociedad?
 –Realmente creo que uno nunca consigue un cambio genuinamente transformador sin una dimensión utópica. Sin embargo, la dimensión utópica es difícil de defender en lo filosófico. Porque siempre hay un elemento de especificidad y de deseo que escapa a lo racional. Esto siempre viene de la experiencia de desear algo más allá de lo que está dado, aun cuando haya dificultad en decir qué es lo que puede ser eso más allá. Creo que en la teoría crítica necesitamos varios elementos diferentes: un diagnóstico muy claro y racional de cómo funciona la sociedad presente, cuáles son los mecanismos por los que la desigualdad, la opresión, la dominación son generados, necesitamos un diagnóstico muy claro de la esfera civil y política, qué están haciendo los movimientos sociales, si están pensando correctamente para enfrentar la crisis. Todo esto es un tipo de racionalidad. Pero también necesitamos una teoría normativa, como la paridad participativa en tanto modo de imaginar cómo sería una sociedad más igualitaria. Y, al mismo tiempo, necesitamos una sensibilidad para este elemento utópico transracional de deseo.
–En su libro “Escalas de justicia”, usted se refiere a la perspectiva crítica de Hannah Arendt acerca de un posible régimen internacional de derechos humanos. ¿Hay forma de mejorar el accionar de estas instituciones?
 –Creo que todo el movimiento de lo que hoy llamamos el régimen de los derechos humanos, o los regímenes en plural, son muy importantes a nivel histórico, y sin embargo tienen algunas ambivalencias, algunas limitaciones. Creo que el lado positivo es bastante obvio; quisiera enfocarme entonces en las ambivalencias y en las limitaciones. Un punto es que, de alguna manera, la idea de los derechos humanos está sustituyendo esos tipos de utopía que mencionábamos antes, pero son demasiado débiles como utopía. No es suficiente como visión de una buena sociedad. Está demasiado enfocada en la justicia legal, judicializa, es un poco demasiado moralizante, no es una visión política genuina. Un segundo punto sería que existe un cierto tipo de justicia de los vencedores en los derechos humanos; alguien decía hace poco: ¿a quién procesamos en las violaciones de los derechos humanos internacionales? En su mayoría: a malvados hombres negros en países pobres. No procesamos a criminales de guerra estadounidenses, y tampoco lo haremos si no es través de una gran transformación. Además, tenemos esta importante crítica feminista de los derechos humanos: la de un cierto tipo de androcentrismo, estar demasiado enfocados en la violencia perpetrada por los gobiernos en contra de los individuos. Sin la presión de los movimientos sociales, que se movilizan desde abajo, algo falta: no se puede dejar estas cosas únicamente en manos de los jueces. Tiene que haber un diálogo constante entre las cortes internacionales y los movimientos de la sociedad civil para asegurar una comprensión completa y amplia de los derechos humanos.
–Al recibir el Doctor Honoris Causa de la Universidad de San Martín, usted habló de las limitaciones de la crítica que ejerce el feminismo y el papel dinamizador de América Latina. ¿En dónde reside esta diferencia?
 –Creo que la tendencia histórica en el feminismo y otras corrientes del Sur global es mirar hacia el Norte, como si nosotros fuéramos los expertos y productores de las teorías que ustedes adoptan, pero creo que nosotros en el Norte global hoy en día estamos en un verdadero impasse, creo que estamos estancados. Tanto políticamente como en el nivel de la imaginación. No tenemos ninguna oposición movilizada real contra el neoliberalismo, con orientación programática. Todo el mundo odia a los neoliberales, pero se trata de una oposición desmoralizada, dispersa, fragmentada, sin proyecto contrahegemónico. Y hemos tenido protestas explosivas, como Occupy o los Indignados en Europa. Estas protestas explotan pero se disuelven y desaparecen sin dejar ninguna organización, pensamiento programático, ni proyecto para seguir luchando contra la globalización. Todos los partidos políticos oficiales son básicamente una versión u otra del neoliberalismo. Creo que en Latinoamérica, a pesar de las diferencias entre los países, a pesar de las dificultades aquí o allá, al menos se está articulando desde una posición de poder oficial una oposición al neoliberalismo. Al menos está la idea de desarrollar una alternativa contrahegemónica. Es lo que nos falta en Europa y Estados Unidos.
–¿Cuál es el rol de la emancipación en esta oposición al neoliberalismo? 
–No podemos pensar esta crisis simplemente como una crisis económica y financiera. También tenemos una muy profunda crisis ecológica, tenemos una crisis política, una crisis de la imaginación, y hasta se podría llamar una crisis de emancipación. De modo que se trata de una crisis multidimensional. Karl Polanyi, al escribir acerca de las crisis de 1930 y el auge de los fascismos durante la Segunda Guerra Mundial en su libro La gran transformación , también tuvo una crisis multidimensional que era más amplia que la idea marxista. Sin embargo, quisiera decir entre paréntesis, que yo no renuncio a la idea de Marx, sólo quiero situarla en una perspectiva más amplia. Polanyi entendió el surgimiento del fascismo y el colapso de toda la civilización en la Segunda Guerra como algo puesto en movimiento por una loca idea del siglo XIX: que la sociedad podía estar organizada alrededor de un mercado autorregulado. Toda la sociedad civil y las ideas éticas debían ser puestas de lado frente a esta autorregulación. Esa idea destructiva terminó amenazando toda la organización social. Ese mercado no regulado estaba destruyendo también la naturaleza. De modo que las luchas sociales no eran una lucha de clases como lo pensaba Marx, sino que se trataba de una lucha entre las fuerzas que querían expandir el mercado y aquellas que querían proteger la sociedad y la naturaleza frente al mercado. Pero hay algo erróneo allí, la lucha social no tiene dos caras, tiene al menos tres. Ese valioso panorama deja afuera, en el siglo XIX, a la lucha mundial para abolir la esclavitud, las luchas por la emancipación de las mujeres, las luchas anticoloniales, estas no son luchas a favor del mercado o a favor de la protección de la sociedad, son luchas, tal como yo digo, por la emancipación. De modo que tenemos que pensar en un triple movimiento, y una vez que uno introduce esta idea, tenemos todas estas complejas posibilidades de dos contra uno: ¿qué versión de la emancipación? ¿Es la versión que está del lado del mercado o estará del lado de la protección social? Para mí esta fue una forma de analizar esas problemáticas liaisons dangereuses del feminismo con el mercado. Esto es importante: cuando los movimientos sociales se alían con el mercado, abandonan la idea de la protección social. Necesitamos una nueva alianza: protección social y emancipación.

martes, 3 de junio de 2014

De dos males… ¿el más nuevo?

El escritor William Ospina ha sacudido el debate político al anunciar su apoyo a la candidatura uribista
La obra del paramilitarismo uribista en Colombia./http://losimportunos.wordpress.com/
Noticia: recientemente se realizó la Primera Vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia. Las dos fuerzas que quedaron calificadas para ir a la Segunda Vuelta fueron: 1- La del candidato del uribismo, señor Zuluaga; y 2- La del presidente en ejercicio, señor Santos. Las organizaciones y grupos de la oposición están enzarzadas en viva discusión sobre si abstenerse, votar en blanco o apoyar al señor Santos, pues el candidato del uribismo es garantía segura de que las negociaciones de paz que se desarrollan en La Habana entre las FARC y el gobierno, serán clausuradas o gravemente lesionadas. De este modo, el tema de las negociaciones de paz se ha convertido en el foco central de la Segunda Vuelta presidencial. En estas circunstancias, el escritor William Ospina ha sacudido el debate político al anunciar su apoyo a la candidatura uribista. El texto de su declaración puede leerse haciendo click en su título: De dos males.
Esta es mi respuesta a la declaración de William Ospina:
De dos males, ¿el más nuevo?
Confieso que no me sorprendió en absoluto la columna de William Ospina en favor del candidato uribista. Lo que a otros ha parecido absurdo a mí me ha parecido perfectamente lógico: que él apoya al representante de la guerra, de las motosierras, de los desplazamientos y del horror, porque “con ellos no es posible llamarse a engaños: si hablan de guerra, hacen la guerra; si odian a la oposición, no fingen amarla”. Digo que me parece lógico, porque desde hace años vengo pensando que un escritor dedicado a reciclar la sangrienta epopeya de los conquistadores en sucesivos mamotretos de caballería tropical, tarde o temprano tiene que terminar rindiendo culto a la feroz dinámica de la conquista.
“Uribe, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento colombiano que hacía agua por todas partes”. Ponga usted esa frase inmortal en otro contexto, por ejemplo: “Hernán Cortés, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo de México, pero que benefició enormemente a la vieja aristocracia española, podrida hasta sus cimientos”. O bien: “Mussolini, con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animal político, se inventó un poder nuevo que benefició muy poco al pueblo, pero que benefició enormemente al viejo establecimiento que hacía agua por todas partes”. Lo que hay detrás de todo esto, que literalmente se aplica a Hitler y a Franco, es la creencia de que una nueva élite conquistadora (inteligente, astuta, con tremenda energía, sin escrúpulos, violenta e implacable) es mejor que una vieja élite corrupta que hace agua por todas partes. En otras palabras: que es muy bueno que esa vieja élite se caiga de una vez por todas aunque la sociedad entera caiga de la sartén al fuego o directamente al infierno. Fue cabalgando sobre ese sofisma fascista que Mussolini ganó las elecciones, que Hitler ganó la elecciones y que los fascistas rumanos, húngaros y portugueses sostuvieron siniestras dictaduras militaristas durante muchas décadas trágicas.
Se necesita ser un ingenuo admirador de la conquista para sostener que el uribismo, que es la Segunda Conquista (con sus desplazamientos, su despojo de tierras, sus masacres, su odio contra las víctimas, su glorificación de la violencia), es mejor que las viejas élites formadas en la Primera Conquista, como si la renovación de la sociedad colombiana debiera pasar por la renovación del horror y del genocidio.
Pero también se necesita tener una mentalidad de libros de caballería para creer que unas elecciones deciden todo el destino de un país, y no de un país cualquiera, sino de Colombia, donde no vota el 60 por ciento de las víctimas (en Colombia no hay electores, hay víctimas) y donde la inmensa mayoría sigue viviendo según sus propias leyes particulares e individuales sin que se sepa exactamente cuáles son, porque se hace lo que se puede y eso es muy cambiante y muy dinámico. Tanto los amantes de los nuevos conquistadores, como los partidarios de los viejos, como quienes creemos en la necesidad que construir una sociedad nueva, diferente, deberíamos ser conscientes de que el uribismo y sus paracos, sus bacrim, sus urabeños, harán lo que puedan hacer ganen o no ganen las elecciones, y así haremos todos los demás, gane quien gane la segunda vuelta.
Si algunos, o muchos, votan desde la izquierda por el señor Santos, no están votando por la “vieja oligarquía bogotana” (curiosa categoría sociológica inventada para defender a la nueva oligarquía antioqueña, no para defender al pueblo). No. Estarán votando contra los bandidos que hacen política desde la cárcel, porque nunca, jamás en la historia de Colombia, o del mundo, ha habido tanta jefatura de un movimiento político haciendo liderazgo desde detrás de la rejas, donde están por ladrones, fascinerosos y genocidas. ¿Esa es la “nueva élite” que nos propone nuestro ilustre narrador de la épica conquistadora?
Como ya se ha señalado en estos foros, el socialista francés Jean Jaurès, asesinado en 1914 por oponerse a la guerra mundial que se acercaba, explicó: “en la primera vuelta, escogemos, en la segunda, eliminamos”.
Y esto es lo que queremos hacer en esta segunda vuelta, compatriotas. No pudimos escoger lo que queríámos en la Primera Vuelta, pero en la segunda ejerceremos nuestro derecho a eliminar lo que de ninguna manera queremos. No es mucho, pero es algo y, como dice el filósofo Rajoy, algo es algo. No le demos más vueltas ideológicas a este asunto.
O sí: es incompatible ser admirador de los gobiernos “progresistas” de América Latina, que con todas sus deficiencias, errores, limitaciones y dificultades trabajan por el bienestar del pueblo y, al mismo tiempo, ser admirador de los genocidas con su inteligencia, su astucia y su tremenda energía de animales políticos.
Es imposible conciliar esas dos cosas. Decídase, William, por una de las dos, pero no por ambas.
Carlos Vidales
Estocolmo, 1 de junio de 2014

viernes, 25 de abril de 2014

El problema con Cuba del señor García

Gabo que estás en los cielos

En 1999 el periodista Jon Lee Anderson escribió para la revista New Yorker un perfil titulado El poder de García Márquez donde daba cuenta del origen del problema, la posición  del escritor ante Cuba y su amistad con el dictador Fidel Castro

Portada de el artículo en The New Yorker./lasillavacia.com
“García Márquez ha tenido un “Problema con Cuba” desde 1971, cuando el  poeta cubano Heberto Padilla fue arrestado por ‘actividad contrarevolucionaria’. Un grupo reconocido de intelectuales, que incluyó a Plinio Apuleyo Mendoza, escribió una carta a Fidel Castro en protesta por el arresto. En vista de que García Márquez estaba de viaje y fuera de contacto, Plinio se tomó la libertad de sumar su nombre a la petición. Padilla fue liberado de su detención pero fue forzado a pasar por una grotesca confesión pública al estilo soviético y el espectáculo llevó a que muchos de los que habían apoyado el régimen de Castro rompieran con él. Una segunda carta de protesta fue firmada por todos los que habían firmado la primera misiva, excepto por Julio Cortázar y García Márquez. Luego, en 1975, García Márquez fue a Cuba, con la intención de escribir ‘el libro’ de la revolución. Nunca publicó el libro, pero escribió una serie de artículos y conoció e hizo amistad con Castro”.
García fue fiel a su “problema con Cuba” y por más de cuatro décadas recibió críticas negativas de otros escritores. Mario Vargas Llosa llamó a García el “cortesano de Castro”, Guillermo Cabrera le recordó los nombres de todos sus colegas cubanos que no gozaban de los mismos privilegios que tenía García en Cuba y que vivían en el exilio a riesgo de regresar a la isla y ser arrestados, Fernando Vallejo le dedicó una diatriba per angostam viam en El Malpensante. Enrique Krauze, en 2009, luego de publicada la biografía de García concertada con Gerald Martín, le hizo un análisis detallado al libro, a tono de crítica literaria y pronto pasó de lo formal a lo moral, dos fragmentos concluyentes:
“Gabriel García Márquez no es un escritor de torre de marfil: ha declarado estar orgulloso de su oficio de periodista, promueve el periodismo en una academia en Colombia y ha dicho que el reportaje es un género literario que “puede ser no sólo igual a la vida sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia —sagrada e inviolable— de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma”. ¿Cómo conciliar esta declaración de la moral periodística con su propio ocultamiento de la verdad en Cuba, a pesar de tener acceso privilegiado a la información interna?”
“Por lo que hace al juicio de la posteridad, es un tanto prematuro afirmar que García Márquez es el “nuevo Cervantes”. Pero en términos morales no hay comparación. Héroe de guerra contra los turcos, herido y mutilado en batalla, náufrago y preso en Argel por cinco años, Cervantes vivió sus ideales, dificultades y pobreza con una moralidad quijotesca, y la suprema libertad de tomar sus derrotas con humor. Esa grandeza de espíritu no se ha visto en las complicidades de García Márquez con la opresión y la dictadura. No es Cervantes.”
El “problema con Cuba” persigue a García y a la sesuda crítica se sumó un balbuceo cerril de la representante de una casta política colombiana, emitido a pocas horas de conocerse la muerte del celebrado escritor colombiano. La recién elegida representante para el congreso en representación de un partido de derecha trinó por Twitter: “Pronto estarán juntos en el infierno” y acompañó el mensaje con una foto de Fidel Castro y García muy acomodados en un plácido sofá.
El escupitajo de moralina celestial de la congresista fue un eco lacónico de lo que piensan muchos de sus votantes y seguidores del partido político al que ella pertenece. Gracias a este microrelato más oportunista que oportuno se dibujó un pensamiento tan políticamente incorrecto como esclarecedor, el de una parroquia mental de politiqueros que le exige a las mentes tolerantes, antes que una cómoda indignación, tolerancia ante esa intolerancia a riesgo de cercenar la libertad de expresión. La libertad que se tomó la futura congresista para opinar es la misma que cobija a los que en Venezuela, por ejemplo, le han hecho monumentos a los líderes de la guerrilla en Colombia, a no ser que ella y sus copartidarios quieran negarle a sus contrincantes los mismos derechos que los cobijan a ellos (o que cobijan a los que por estos días han criticado a la congresista y también la han mandado al averno).
Pero volviendo al señor García y a su “problema con Cuba”, el problema del escritor no parece haber sido insular sino continental: su patología se extiende a la personificación del poder en general. Al respecto escribía Anderson en su perfil de 1999:
“García Márquez niega que tenga una obsesión con el poder. ‘No es mi fascinación con el poder’, me dijo, ‘es la fascinación que tienen todos los que tienen poder conmigo. Son ellos los que me buscan, y confían en mi.’ Cuando le repito esto a uno de los amigos más cercanos a García Márquez en Bogotá, este se ríe y cierra los ojos, ‘Bueno, él puede decir eso, también es verdad. Todos los presidentes latinoaméricanos quieren ser sus amigos, pero él también quiere ser amigo de ellos. Hasta donde lo conozco, él siempre ha tenido ese deseo con el poder. Gabo ama los presidentes. A mi esposa le gusta molestarlo y le dice que hasta un vice-ministro le causa una erección.’”
Y claro, García no solo ha usado su poder para medir su hombría con la de los poderosos, sino que usó el poder para erigir, el poder para poder hacer y se pueden recordar sus conspiraciones por la paz (entre 1997 y 2000) y por la educación (Comisión de sabios en 1994). Pero tal vez la empresa en la que García se vio más comprometido con el poder a nivel de Colombia y que le granjeo más problemas fue la revista Alternativa (y no el proyecto más calculado de la Revista Cambio de años posteriores en el que García fue accionista mayoritario).
Alternativa publicó 275 números desde 1974 hasta 1980. García actuó en un comienzo como reticente fundador y decidido financiador pero terminó metido de cabeza y participó en su enfoque editorial, investigativo, gráfico y como columnista. Alternativa en sus seis años de vida sufrió por problemas externos —decomisos, atentados, bloqueos en su financiación, circulación restringida— y por problemas internos —sectarismo, sindicalismo, separaciones—. Es diciente de este país que la acción política de más largo aliento en la que García invirtió tanto tiempo y recursos sea la más ninguneada y que ahora que se rememoran los episodios de su vida en Colombia, su etapa más politizada a nivel nacional sea la más ignorada.
A pesar de que la muerte de García estaba cantada desde hace meses y que los obituarios y “presentaciones multimedia” ya estaban preparadas casi con años de antelación, la omisión de lo que representó Alternativa en la “gabolatría” patriotera de estos días muestra que al periodismo no le gusta hacer periodismo sobre el periodismo. Además, ocuparse de una publicación como Alternativa implica volver sobre un contrapunto escrito y gráfico que hace ver al periodismo actual deslucido, apocado, aburrido. Incluso, se puede decir que el exilio de García del año 1981 es un efecto claro de la labor de contrapeso al poder establecido que él, junto a tantos otros, hicieron en Alternativa. Su exilio fue una retaliación por parte del cuerpo político y militar y por parte de un sector del periodismo, encabezado por el periódico El Tiempo que colaboró con la fabricación de una carta anónima difundida en sus páginas que señalaba a García como colaborador de la guerrilla y lo ponía en lista de espera para el próximo allanamiento y detención por parte del aparato parajudicial del Gobierno de Julio Cesar Turbay. Al menos así lo denunció García en su época, y así lo ignoró El Tiempo en estos días, y en vez de pedir disculpas o de aclarar ese bochornoso incidente del pasado, prefirió pasar de agache, camuflar su error con un bufet variado de hagiografía multimedial y no explicar por qué colaboró en esta campaña de odio que obligó al escritor a decirle adiós a su país.
El “problema con Cuba” continuará persiguiendo al señor García y servirá para nuevas diatribas de más gramaje una vez desaparezcan los Castro de Cuba, cuando salga a la luz la dimensión real de su gobierno y se pueda hacer un balance de la corruptela del poder revolucionario cotejándola con las perversiones del embargo económico, cuando se pueda saber qué se hizo bien y qué se hizo mal. Las críticas a García, desde el aspecto ideológico, siempre tendrán que teñirse de moral, serán una planicie fértil para el cazador de inconsistencias y contradicciones que gusta de sumarle estampitas a la biblia que todo moralista pretende escribir e ilustrar. Pero a nivel del arte, el mismo terreno pantanoso de lo mundano es el lugar propicio para comprender en su complejidad la experiencia paradójica de vivir. El tiempo que García se compró para poder trabajar exclusivamente en Cien Años de Soledad vino de lo que pudo ahorrar por trabajar durante varios años al servicio de franquicias norteamericanas de publicidad o haciendo guiones, y claro, toda esa experiencia laboral de tinte mercantil en vez de depreciar su obra, la alimentó, le dio al artista una educación práctica y sentimental, un arsenal de trucos narrativos que jamás le habría dado la literatura “pura” (aunque nunca dejó de ser un lector insaciable de todo lo escrito por una tropa mundial de literatos vivos y muertos).
El artista, a riesgo de hundirse lentamente en las arenas movedizas de la inmoralidad, gracias a esas experiencias mundanas ganó una comprensión que le permitió hablar con propiedad de la vida y de sí mismo:
"Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuan poco me importa el tiempo ajeno." (Memoria de mis Putas Tristes)
Más que andar haciendo discursitos empalagosos sobre García plagados de mariposas amarillas o de andar engolosinados con la categoría de “realismo mágico” que parece salida de la misma encuesta que dictamina que los colombianos son los seres más felices del planeta, habría que ver que lo escrito por García nunca estuvo tan cargado del didactismo aleccionador con que ahora se lo pretende inmunizar, al menos en sus obras iniciales, antes de que pasara de la metralleta rítmica de la máquina de escribir a la cajita de música ambiental de un computador Mac.
El poder de García se mide, al menos como artista, en esos momentos en que supo capturar al mundo, hacerlo suyo y de todo el que se arrime a interpretarlas. Todas esas obras o fragmentos de obras en que logró darle concreción formal a ese estado inmanente entre la tragedia y la comedia donde se define lo humano. El poder de García puede verse reflejado en la casa llena de lujos que tenía en Cuba junto al desnucadero secreto de Castro, o en jugar tenis con los expresidentes de Colombia y departir con el Rey de España en el islote presidencial cerca a la siempre colonial Cartagena, pero el poder revolucionario del artista está en el lenguaje, en esa quimera que supo servir, alimentar, nutrir incluso con inmoralidad, con infamias efímeras que se transformaron luego en pasajes hipnóticos que le dieron una brizna de inmortalidad:
“La verdad es que yo no gano nada con ser santo después de muerto, yo lo que soy es un artista, y lo único que quiero es estar vivo para seguir a pura de flor de burro con este carricoche convertible de seis cilindros que le compré al cónsul de los infantes, con este chofer trinitario que era barítono de la ópera de los piratas en Nueva Orleans, con mis camisas de gusano legítimo, mis lociones de oriente, mis dientes de topacio, mi sombrero de tartarita y mis botines de dos colores, durmiendo sin despertador, bailando con las reinas de la belleza y dejándolas como alucinadas con mi retórica de diccionario, y sin que me tiemble la pajarilla si un miércoles de ceniza se me marchitan las facultades, que para seguir con esta vida de ministro me basta con mi cara de bobo y me sobra con el tropel de tiendas que tengo desde aquí hasta más allá del crepúsculo, donde los mismos turistas que nos andaban cobrando al almirante trastabillan ahora por los retratos con mi rúbrica, los almanaques con mis versos de amor, mis medallas de perfil, mis pulgadas de ropa, y todo eso sin la gloriosa conduerma de estar todo el día y toda la noche esculpido en mármol ecuestre y cagado de golondrinas como los padres de la patria.” (Blacamán el bueno vendedor de milagros)

martes, 25 de marzo de 2014

Capitalismo o socialismo, ¿'tertium non datur'?


América Latina es un laboratorio, tanto político, como social y económico. El presente ensayo pretende explicar qué opciones hay para un sistema que vaya más allá del capitalismo y el socialismo

Con Marx y Engels se acuñó, a mediados del Siglo XIX, el significado actual del socialismo y el capitalismo./elespectador.com

El ocio en festivo nos permite hacer preguntas y delinear posibles respuestas. Una pregunta insistente es si puede existir una opción diferente al capitalismo o al socialismo. El interrogante induce a equívocos, pues no hemos definido qué entendemos por una y otra cosa, ni sus alcances. Al hablar de capitalismo o socialismo podríamos referirnos a formas históricas de organización económica o a tipos generales de sociedad. Más vale entonces clarificar antes que inducir al lector a equivocaciones. No buscamos aquí resolver qué modelo económico o tipo de sociedad es adecuado para Colombia; ni hacer un “ajuste de cuentas” a las dos opciones o tomar partido por alguna. El propósito es más humilde. Consiste en presentar un mapa mental, con valor heurístico, para facilitar debates posteriores, si es que llegan a darse. En aras de la claridad adelanto que las alternativas al capitalismo y al socialismo dependen de supuestos relacionados con concepciones de persona (individuo racional, agente colectivo, ser cooperativo, etc.); con ideales políticos (libertad, igualdad, fraternidad); y con el papel otorgado en nuestro imaginario social a la economía, la política y la historia.

Los conceptos de capitalismo y socialismo, sea como formas de organización económica o del sistema social, son de reciente aparición. Si bien su gestación data de los inicios de la modernidad en el siglo XVI, su significado actual se acuña en forma explícita con Marx y Engels a mediados del siglo XIX. Por capitalismo entienden un sistema económico de producción de mercancías, basado en el mercado y controlado por el capital, en el que incluso el trabajo humano se torna mercancía que se compra a cambio de un salario de subsistencia.

Característica del capitalismo es la forma de utilización del capital que aprovecha el trabajo ajeno mediante contratos con trabajadores presuntamente “libres”. La fuerza de trabajo como mercancía viene a sumarse a la tierra y al dinero (capital) como factores de producción, sin que los trabajadores sean realmente libres o tengan control sobre lo producido. El predominio de la ganancia hace que la satisfacción de necesidades sea reemplazada por la multiplicación del dinero. La empresa capitalista es, además, una forma de racionalización social, organizada burocráticamente, en la que la elección de los trabajadores se hace bajo el criterio de eficiencia; en ella prima el cálculo de utilidades al decidir cómo invertir y la gerencia administrativa se deshace de deberes propios de viejas formas de producción en familia o pequeña comunidad.

La crítica al capitalismo provino inicialmente de Marx, quien vio sus orígenes en la expropiación de los campesinos europeos por los artesanos y la separación de clases sociales entre burgueses o capitalistas, propietarios de los medios de producción, y trabajadores o proletarios, obligados a vender su fuerza de trabajo a los primeros para sobrevivir. El plus de valor, generado por el trabajador al transformar la materia en mercancía, es apropiado por el empleador, mecanismo que, según Marx, permite a este el predominio sobre los trabajadores en la negociación del contrato laboral. Otras críticas señalan la tendencia inherente a acumular capital y concentrar poder en manos del capitalista, llevando a la dominación económica de la clase proletaria. Defensores del capitalismo, por el contario, anotan que el ánimo de lucro beneficia la provisión de bienes y servicios para la población. Consideran que el éxito laboral libera al trabajador de dependencias familiares o estatales, de forma que el intercambio económico puede resultar una forma de socialización indirecta más eficaz que el apoyo directo. Que la fuerza laboral se convierta en mercancía es apreciado como un avance respecto del trabajo servil y esclavo. Quienes así piensan, niegan la explotación del trabajador, a quien consideran libre de aceptar o no el trabajo ofrecido, y justifican el predominio del capitalista porque, a diferencia del trabajador, asume riesgos y cumple funciones de supervisión y control del proceso productivo. A favor del capitalismo se aduce finalmente el bienestar alcanzado en el mundo occidental, en contraste con el derrumbe del comunismo soviético. Se minimizan así el crecimiento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad, así como la destrucción del medio ambiente y los ruinosos efectos del capitalismo transnacional (globalización) sobre países periféricos.

El socialismo es difícil de definir porque bajo este término caben múltiples creencias socio-económicas. Ellas incluyen el señalamiento de grandes falencias del capitalismo y la necesidad de superarlas mediante reformas o cambios revolucionarios en todos los órdenes. Como sistema o modelo económico el socialismo ha sido caracterizado por la propiedad estatal de los medios de producción y el control de las inversiones; por una distribución más igualitaria del ingreso y el patrimonio que la encontrada en el capitalismo; por la elección democrática de las autoridades económicas; y, por la planificación central de la economía (Oxford Companion to Philosophy, Oxford 1995, 830-831). En sus inicios el socialismo reacciona contra los excesos que sometían a porciones enteras de la población (en especial mujeres y niños) a condiciones laborales oprobiosas, en particular durante la revolución industrial (fordismo). Las injustas desigualdades en bienestar, ingreso, oportunidades y poder movieron a socialistas y comunistas —también denominados utopistas por la lejanía de sus propósitos de la realidad social— a buscar formas de organización social que permitieran liberar a la clase trabajadora de la opresión, convertir la igualdad formal en igualdad material y superar las contradicciones sociales, para lo cual —según Marx y Engels en el Manifiesto Comunista (1848)— la acción revolucionaria y la toma del poder resultaban necesarias. Posteriormente Engels se encargaría de sintetizar el paso del socialismo utópico al socialismo científico, basado en los descubrimientos de Marx sobre la plusvalía o en la explicación materialista de las leyes que explicarían el cambio histórico. La unidad de materialismo histórico, materialismo dialéctico y economía política sentará luego las bases del marxismo-leninismo.

Las críticas al socialismo son múltiples; se mueven desde la acusación de totalitarismo por eliminar la libertad individual e imponer una visión perfeccionista de la vida humana, hasta el señalamiento de deficiencias motivacionales, organizacionales o funcionales. Para los críticos del socialismo, la solidaridad con los pobres y desamparados no reemplaza el ánimo de lucro como factor motivacional y motor de la innovación y del desarrollo económico. El escepticismo ante el fomento de la cooperación social por vía política naturaliza los impulsos más básicos de los animales bípedos e implumes. Si bien la planificación centralizada de la economía impediría la formación de monopolios, el desempleo o las desigualdades en bienestar e ingreso, no estaría en capacidad de garantizar la eficiencia de la distribución de bienes y servicios a la población, en especial por carecer de la información necesaria para la toma de decisiones que sí está disponible en el libre mercado. Las críticas de economistas conservadores como Ludwig von Mises o Friedrich von Hayek, los teóricos del socialismo han propuesto un “socialismo de mercado” o el control de la empresa por los trabajadores. En el primer caso, las bondades de la economía libre de mercado se combinan con el poder decisorio en materia de inversiones sociales en manos del Estado. La segunda propuesta pretende garantizar la fuerza motivacional en el trabajo, atribuyendo a los trabajadores el control de las empresas por vía de la elección democrática y periódica de sus administradores, quienes buscarían favorecer a los primeros y no ya explotarlos.

El análisis definicional y la ponderación de las ventajas y desventajas del capitalismo y del socialismo arrojan un resultado pesimista sobre la posibilidad de alternativas. Mientras una parte importante de la población mundial carezca de trabajo o se vea obligada a vender su fuerza laboral meramente para sobrevivir, los postulados revolucionarios de la libertad, la igualdad y la fraternidad seguirán siendo una quimera. La ausencia de un sistema económico capaz de asegurar eficiente, equitativa y sostenidamente la distribución de bienes y servicios a toda la población, parece condenarnos a la inestabilidad y la violencia. El panorama se oscurece aún más cuando, producto de la revolución tecnológica, el trabajo asalariado digno y estable ha dejado de ser una “mercancía” para convertirse en un bien escaso o de lujo. El capitalismo transnacional se pasea por el mundo ante la incertidumbre y la desesperación de la creciente población global.

Ante la cerrazón práctica se hace necesario cavar más profundo en procura de posibles respuestas. Esto incluye la revisión de la concepción misma del ser humano, ya no visto como agente racional y razonable, sino como ser necesitado y dependiente de la naturaleza y el mundo social, que busca colectivamente el florecimiento pleno de todas sus capacidades (Martha Nussbaum y Amartya Sen, La calidad de la vida, Fondo de Cultura Económica, México, 1996). En esa dirección, la investigación de conceptos políticos con potencialidad transformadora como la libertad republicana (Quentin Skinner, La libertad antes del liberalismo, Taurus, México, 2004) o la solidaridad, entendida como “responsabilidad colectiva por la injusticia estructural” (Iris M. Young, Responsibility for Justice, Oxford, 2011), emite destellos que, aunque tenues, pueden guiarnos fuera del dilema que plantea escoger entre la libertad y la igualdad. La recuperación del pensamiento republicano, con su concepción de libertad como no dominación, en contraste con la libertad negativa del capitalismo o la positiva del socialismo, ofrece un campo promisorio para revisar los supuestos de cualquier transformación en la organización económica o social (Philip Pettit, Republicanismo, Paidós, Barcelona, 1997), lo que no parece ser el caso con los intentos de arribar al socialismo por vía del capitalismo, opción defendida por impulsores de un Ingreso Básico Universal, al que tendrían derecho todas las personas por el mero hecho de haber nacido (Philippe van Parijs, Libertad real para todos, Paidós, Barcelona, 1996). Los momentos de incertidumbre pueden ser también momentos de transformación. América Latina es un laboratorio social del cual pueden surgir propuestas donde quepamos todos, eduquemos las emociones y avancemos en la superación de los atavismos mentales, culturales e ideológicos, desarrollando la democracia social como un camino hacia la justicia y la paz.

viernes, 21 de marzo de 2014

Las últimas palabras de Gustavo Petro como alcalde

Desde el balcón del Palacio del Liévano, Petro se despidió de los seguidores que lo acompañaron en todo el proceso

Gustavo Petro, en un vibrante discurso, se puede decir que dijo Hasta Luego porque su lucha sigue.../Diana Sánchez./semana.com

Hacia las 7:00 p. m. de este miércoles, Gustavo Petro salió al balcón del Palacio del Liévano para despedirse de miles de seguidores que, durante tres meses, llenaron la Plaza de Bolívar para apoyarlo.
Con una entrada vehemente Petro advirtió que su último discurso como alcalde estaría cargado de acusaciones a un Gobierno que, según él, no respetó sus derechos. “Esta vez va a ser muy difícil hablar con tranquilidad”, inició Gustavo Petro. 

Petro habló poco más de media hora y su discurso prometedor volvió a esperanzar a sus fieles, quienes gritaban su apoyo. A continuación las palabras del burgomaestre.

Creo que las cosas están al desnudo, creo que mejor que sea así, la hipocresía no vale, para las decisiones que están por tomar, la Bogotá Humana, el Alcalde ganó limpiamente en las elecciones, no compró un solo voto, no ensució la decisión popular, ni con la sangre ni con la cocaína, quienes dan el golpe de Estado contra la Bogotá Humana se han hecho elegir con los dineros de la corrupción, con la sangre y con los dineros de la cocaína.

La Bogotá Humana no solamente ganó en las elecciones, ganó también en la ciudadanía, después de dos años cuando llegamos aquí a este palacio con el 32 por ciento del electorado, hoy tenemos el 62 por ciento de la población bogotana al lado nuestro y no solamente nos ganamos el corazón de la ciudadanía bogotana , sino que nos ganamos el corazón de la ciudadanía colombiana, la Bogotá Humana, ganó en la justicia, cuando se le planteó el reto arbitrario de la destitución al alcalde acudimos a los instrumentos de defensa que la Constitución colombiana nos permitía, ganamos en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca la tutela, se dividió el Consejo de Estado ganamos la primera ponencia, resguardaba los derechos de la ciudadanía, los derechos de la ciudad, las libertades civiles y los derechos fundamentales del Alcalde y cuando el Consejo de Estado, en una mayoría solo determinada por los amigos y amigas íntimas del Procurador, decidió negarle al Alcalde y a la ciudad de Bogotá, el derecho a la tutela entonces ganamos el máximo de los derechos las medidas cautelares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos , ganamos en las elecciones, ganamos en el corazón de la ciudadanía y ganamos en la justicia, no les quedaba otro camino que la torpeza de la arbitrariedad antidemocrática, no les quedaba otro camino que el golpe de Estado y lo han dado, creímos que el Procurador ciego en su fanatismo que ha llevado a la ciudad y a Colombia a esta crisis institucional, solo porque no puede comprender la diferencia, solo porque considera pecadores a los que tiene opciones sexuales diferentes, a las mujeres que cuidan de su cuerpo o a quienes pensamos la vida y el mundo diferente, pensamos que esa arbitrariedad iba a quedar encerrada en las oficinas de la Procuraduría convertida en una Policía política, el señor Presidente de la República, Juan Manuel Santos, se comprometió públicamente y se comprometió personalmente con el Alcalde a que si las medidas cautelares de la Comisión Interamericana salían favorables al Alcalde, las respetaría, el Presidente de la República mintió, en cálculos políticos durante el día de hoy, que yo creo que tenían varios días antes, formulando unas ideas absurdas ante la opinión internacional, ha decidido destituir al Alcalde Mayor de Bogotá, elegido legítimamente e imponernos un Alcalde, al que en lo personalmente quiero, no deja de ser un impostor.

El Presidente de la República ha dicho que considera torpes las medidas cautelares porque se expidieron cinco horas después de las decisiones del Consejo de Estado, la torpeza es del Presidente, los pueblos de América Latina, de toda la América después de vivir tragedias, comenzando por la que vivió la ciudad de Bogotá, el 9 de abril de 1948, cuando empezó a gestarse en esta misma ciudad el Sistema Interamericano y mientras asesinaban al Alcalde y candidato Presidencial, Jorge Eliecer Gaitán, el pueblo latinoamericano que tuvo que sufrir el golpe de Estado de Salvador Allende y su muerte, que tuvo que vivir dictaduras sanguinarias en el Cono Sur y en Centroamérica, que tuvo que vivir guerras revolucionarias, que tuvo que vivir millones de exiliados, un millón de muertos por la violencia política, nuestra propia sociedad colombiana que lleva 60 años de violencia a la cual le han descuartizado sus hijos más valiosos, a Luis Carlos Galán a Pizarro, a Jaramillo, a Pardo a Garzón a tantos otros, viviendo esa tragedia de la historia contemporánea, ese pueblo latinoamericano con el pueblo colombiano fue construyendo el sistema interamericano de derechos humanos, fue construyendo unas instancias judiciales para proteger el derecho a la vida, el derecho a la expresión, el derecho a la libertad civil, el derecho político, de la tragedia de los muertos construimos ese sistema, lo defendimos, muchos aquí presentes en esta plaza, mucha gente humilde a lo largo y ancho de Colombia a visto salvar su propia vida por la existencia de ese sistema, protegiendo campesinos, protegiendo líderes de víctimas, protegiendo dirigentes sindicales, dirigentes juveniles, dirigentes políticos porque de otra manera en las esquinas de las ciudades y de los campos nos iban a asesinar, yo estoy aquí hablando como Alcalde porque me protegió la Comisión Interamericana hace 10 años y me salvó la vida.
La orden que habían dado era de asesinarme y gracias a las medidas cautelares que el Gobierno del año 2003 quiso quitarme, hoy estoy vivo aquí, ese sistema interamericano, esas instancias máximas de la justicia convencional, la justicia que protege los derechos y las libertades fundamentales de los pueblos de América ha sido agredida en el día de hoy por el Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos.

A pesar de todas las críticas que podíamos tener a gobernantes, a Presidentes de la República como Gaviria, como Samper, como Pastrana, como Uribe, ni siquiera Uribe se atrevió a desconocer una sola medida cautelar expedida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ni siquiera Uribe y por primera vez en la historia del sistema interamericano un Presidente de la República de Colombia; se atreve a desconocer un requerimiento solo porque protegía un alcalde elegido por el voto popular que no pertenece a su partido, que pertenece a la izquierda progresista de Colombia. Lo que no hizo Uribe lo hizo Santos, el golpe de Estado contra Bogotá Humana arbitrario, torpe, desconociendo ya no simplemente el voto de la ciudadanía bogotana, sino la justicia interamericana, demuestra que está incapacitado realmente para hacer la paz de Colombia, ¿Cómo va hacer la paz?, como va a quienes ejercen violencia en Colombia, cómo va a acercárseles y decirles que él es capaz de garantizarles los derechos políticos, la vida y las libertades de esas personas que hoy se levantan en armas, si a quien no se levantó en armas y sanamente se ganó con el voto popular la Alcaldía, solamente por un triste cálculo político y electoral lo destituye. A quienes ganamos en las urnas limpiamente, en el corazón de la ciudadanía limpiamente y en la justicia limpiamente, nos destituyen ¿de qué garantías políticas y libertades civiles nos viene aquí a hablar? No existe en Colombia, las han anulado, si alguna vez las tuvimos, por tanto la pregunta es ¿Qué hacer? ¿Cómo comportarnos?
Desde el momento en que la oficina del fachismo, su sede en la Procuraduría, salió la destitución movilizamos la ciudadanía urbana, las nuevas ciudadanías, la viejas, el pueblo de Bogotá, sin que ni un solo acto de violencia hubiera ocurrido, la violencia salió de ellos, las amenazas de muerte, los balines contra las estaciones de TransMilenio, los sabotajes a nuestro sistema, las amenazas de muerte al Canal Capital, la censura de Canal Capital, la policía política permanente en nuestras oficinas.

En nosotros, la ciudadanía, queda depositada la única esperanza de paz para Colombia, quienes dirigen este país no tiene la estatura moral ni intelectual para hacerlo, quienes dirigen este país prefieren hacer el cálculo de los gamonales conservadores para las próximas elecciones, que el balance de las libertades civiles de la ciudadanía bogotana que deciden anular, quienes dirigen no son capaces, entonces esa capacidad para hacer la paz, esa capacidad para hacer las reformas democráticas, queda en manos del pueblo, desde este balcón cuando el batallón Guardia Presidencial se alista para que un alcalde no elegido por el voto popular reemplace al alcalde Petro, nos corresponde a nosotros la tarea de la paz y poder imponer la paz, poder liberarnos de la guerra y de la violencia, va depender exclusivamente de nuestra propia capacidad de movilización, de que seamos capaces de vencer el pesimismo, seamos capaces de vencer la tristeza, de que seamos capaces de vencer la ignominia, la arbitrariedad, el NO pasarán sigue siendo la consigna, nosotros seguiremos acudiendo a la justicia, le pediremos a los pueblos de América que no dejen destruir el Sistema Interamericano de Derechos humanos seriamente afectado por el presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos.

Lo que no hizo Chávez, que siendo presidente en Venezuela recibió mi carta como senador de la República donde le pedía que fortaleciera el Sistema Interamericano de Derechos Humanos y protegiera los derechos cautelares del señor jefe de la oposición venezolana, Leopoldo López, miren ustedes la doble moral en Colombia, RCN, Caracol llenan sus espacios, sin agredir a la prensa por favor, que son compañeros trabajadores y trabajadoras a ellos les dan órdenes, con tranquilidad, los espacios de esos noticieros son llenados con las imágenes de la manifestaciones de la oposición venezolana, que claman allá porque se protejan los derechos y sus libertades cuidadanas, hablan de lo que la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos propugnó a favor de Leopoldo López, pero cuando lo mismo pasa en Colombia las imágenes no son transmitidas, cuando el dirigente de la oposición se llama es Gustavo Petro, solo porque es de izquierda, entonces los mismo que alaban y aplauden las medidas cautelares a favor del señor Leopoldo López, aquí denigran y destruyen la misma instancia porque hizo lo mismo a favor de Gustavo Petro, doble moral se llama eso, pues lo que ha hecho el presidente Juan Manuel Santos, no lo hizo en vida el presidente Chávez, él aceptó las medidas y aunque entabló una discusión con la Corte Interamericana de Derechos Humanos, las aceptó, como las acepto Uribe en Colombia, como las acepto Samper y Gaviria, el único presidente que ha rechazado las medidas es el actual presidente de Colombia Juan Manuel Santos.

Les diremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en un año la Corte Interamericana dirá que se resarcen lo derechos políticos del alcalde Gustavo Petro, en ese momento el presidente Juan Manuel Santos no habrá pasado a la historia por hacer la paz, sino por haber sido él que ayudo a destruir el Sistema Interamericano de Derechos Humanos de las Américas, triste papel en la historia solo por un pecueco cálculo electoral de corto plazo.

Nos corresponde a nosotros como pueblo colombiano ayudar a fortalecer ese sistema y la constitución de los derechos fundamentales de los pueblos de América, pero también vamos a actuar aquí, también vamos a seguir diciéndole a los magistrados, a los jueces, no piensen simplemente en el alcalde Petro, piensen en sus propios hijos, no dejen perder las posibilidades de las libertades, de la democracia y de la paz, seguiremos haciendo acciones judiciales al interior de Colombia, todos ustedes, todas ustedes, pueden hacerlo, la justicia de Colombia debe responderle a la ciudadanía colombiana.

Pero como pueblo, como ciudadanía, tenemos una responsabilidad mayor nos corresponde cambiar todas esas instituciones, nos corresponde que la dirigencia política de este país no le responda al narcotráfico y a la trampa, sino le responda a las ideas, a los principios, a la decencia a la ciudadanía, cambiar esas instituciones, construir las instituciones de la paz, la dirigencia de la paz, la generación de la paz, nos impone una tarea enorme, convocar a los pueblos de Colombia a la Asamblea Nacional Constituyente.

Yo no puedo decirles voten por aquel o por aquellas, el voto en Colombia no sirve, esta es la demostración histórica, nos lo habían repetido en el pasado pero decidieron ejercerlo en el presente, en el siglo XXI, quitarle el poder al voto ciudadano, quitarle la esencia a la democracia, quitarle la esencia y el alma al Estado Social de Derecho a la Constitución del 91, han matado la Constitución del 91 y por tanto nos corresponde como ciudadanía establecer las nuevas instituciones de la paz y eso no lo podemos hacer solos, eso no lo podemos hacer en esta Plaza de Bolívar por muy llena que esté, tenemos que llenar todas las plazas, tenemos que llegar a todas las ciudades y los campos, tenemos que convocar a los pueblos, no para decirles voten por tal, sino para decirles movámonos por la constituyente, movámonos por la paz.

No sé si vuelva a esta Alcaldía, creo que sería más importante que otros llenasen estos palacios del poder, otras llenasen estos palacios del poder pero con otro poder, el poder democrático del pueblo, retornar aquí a que nos amenacen, retornar aquí a que nos digan; o hacen las cosas como la oligarquía colombiana quiere o se va, no tiene sentido, yo no nací en una generación que se haya acostumbrado a arrodillarse ante la oligarquía colombiana, al lado mio murieron sin arrodillarse.

Yo he tomado con responsabilidad, con tranquilidad la decisión de no exponer esta ciudadanía que nos ha acompañado tan querida, la que sostuvo y sostiene a la Bogotá Humana, no quiero exponerla a la violencia, no quiero que nuestros hijos vean en nosotros los que convocan a la violencia, se que en este momento sería fácil, el camino más fácil sería el del levantamiento violento, pero no se lo merecen estas personas que sin moral no son capaces de respetar el voto, no se merecen la sangre del pueblo, no se merecen el riesgo del pueblo, no se merecen el temor del pueblo y por eso durante estos meses y en el día de hoy, esta noche seguimos convocando a la acción pacífica de la ciudadanía, el Alcalde va a salir de esa oficina y se va a instalar en los barrios populares en el sur de la ciudad, quien usurpa se va a sentar en mi escritorio y va a sentir la soledad del pueblo , nosotros allá donde estemos vamos a sentir la compañía de la movilización popular y desde allí vamos a convocar al pueblo de Colombia a la plaza pública, quiero llegar a Barranquilla, a Cali, a Medellín, a convocar a la ciudadanía por la Asamblea Nacional Constituyente, quiero que resistamos sin violencia desde la universidad, desde la calle, desde el barrio, desde el lugar del trabajo, desde la empresa pública, cuando aquí intenten privatizarla, desde la ciudadanía misma tejiendo los lazos de la unidad, quiero convocar al pueblo costeño todo, quiero convocar al pueblo vallecaucano todo, quiero convocar al pueblo llanero y al pueblo paisa y santandereano, no a que voten por mí, el voto hoy en Colombia no sirve, a que hagamos las nuevas instituciones, la Constituyente, quiero que nos declaremos en Asamblea permanente, quiero que no nos cansemos de la movilización popular.

La justicia quizás nos devuelva a esta oficina y ese día otra vez llenaremos la Plaza de Bolívar, pero mientras tanto llego la hora de levantar a la ciudadanía colombiana, los campesinos que de aquí salieron, los indígenas que de aquí salieron, los pueblos de las ciudades que aún no se movilizan, la fuerza que necesitamos en toda Colombia, en la diversidad política y social que sea del caso, para obligar a la oligarquía colombiana a convocar al Constituyente que haga la paz en Colombia.

Voy a ir a Barranquilla, voy a ir a Cali, voy a hablar con la dirigencia campesina e indígena, voy a ir a la Habana, voy a ir a Washington, pero fundamentalmente quiero ir al corazón de las colombianas y los colombianos, nos esperan días difíciles que vale la pena vivir, no saben cuanta intensidad de vida hemos tenido en estos meses, recuerden bien los mensajes de la Bogotá Humana, aquí demostramos que los servicios públicos no privatizados son mejores, aquí demostramos en apenas dos años que sacamos más muchachos y muchachas de los colegios públicos con calificaciones alta, superior y muy superior de los exámenes del Icfes que la educación privada, aquí demostramos en dos años que una ciudad de Colombia la más grande, podía llegar a no tener un solo niño muerto de hambre, aquí demostramos que se podía disminuir la pobreza y la desigualdad social, aquí demostramos en estos dos años que la paz es posible, aquí demostramos en estos dos años que el neoliberalismo no sirve para Colombia, por eso nos sacan. Que se quede esa oficina sola, sin ciudadanía, mientras la justicia restablece los derechos de pueblo, nosotros nos vamos al pueblo, quiero las organizaciones de comités ciudadanos por la Constituyente organizados en todos los barrios de Bogotá, en las universidades, en todos los municipios de Colombia, en todas las veredas del país, en todas las ciudades sin peleas liberales, conservadores, comunistas juntos, gente que no tenga que ver con partidos, jóvenes del hip hop, de las culturas, deportistas, artistas, mujeres, trabajadores y trabajadoras, pueblos indígenas y pueblos afros, rom, la diversidad de Colombia organizada en los comités por la Constituyente de Colombia, la próxima Plaza que visitaremos es la Plaza La Paz de Barranquilla, los invito pueblo caribe a que me esperen y los invito a ustedes a iniciar esta jornada por la transformación de Colombia, no pudieron vencernos, no pudieron hacerlo ni en las urnas, ni en el corazón y la mente ciudadana, ni en la justicia, los derrotamos plena e integralmente, la arbitrariedad de ellos es la demostración de su profunda debilidad, la fortaleza y el poder están aquí, no van a rodear este Palacio impidiendo que el que usurpa funciones del elegido entre, no quiero violencia, enfrentarán a pobres con pobres y eso ellos no se lo merecen, vamos a plantear la batalla civil en donde toca, en toda Colombia, aquí volveremos con las multitudes y con la justicia, así que podemos decirlo con toda certeza, No pasarán, podemos decirlo con toda certeza, la Bogotá Humana vive porque se quedó en el corazón del pueblo bogotano, podemos decirlo con toda certeza, esta generación, este pueblo, esta ciudadanía es la que es capaz de hacer la paz y la democracia en Colombia, la lucha por los derechos, la lucha por la libertad comienza en nuestros corazones, comienza ya, vamos a librar esa batalla. ¡Viva Bogotá!, ¡Viva Bogotá Humana!, ¡Viva la expresión genuina del pueblo!.

Si nos toca ir a paro nacional, a la huelga civil pacífica...
Si este gobierno no es capaz de aceptar las decisiones del pueblo, ni las decisiones de la justicia, como en el día de hoy ha demostrado de manera pacífica el pueblo colombiano, debe ir a la huelga general por la Asamblea Constituyente y la paz en Colombia, allí estaremos al lado de ustedes con la fortaleza de que Colombia se respeta y de que Bogotá se respeta, la democracia y la paz en Colombia se respetan y la haremos respetar.

Gracias ciudadanas y ciudadanos, mi corazón está con ustedes, sin temor, sin miedo, con la frente alta, con la decencia en nuestras manos. No pasarán.

Gracias.