viernes, 3 de mayo de 2013

Guerrero:"Chávez es un García Márquez no desarrollado"

Autor de la biografía Chávez, el hombre que desafió a la historia, Modesto Guerrero pasó por el stand de Ñ en la Feria y habló del legado cultural y político del fallecido líder venezolano, de la construcción de su pensamiento y de qué se puede esperar del chavismo sin Chávez

PERONISMO. "Chávez nunca reivindicó a Perón hasta el 2003 que se reunió con Néstor Kirchner", afirmó el biógrafo./Revista Ñ
La soledad, el silencio y la infinitud, en ese orden, enumera Modesto Guerrero las particularidades del llano venezolano, ese territorio de donde es oriundo al igual que el sujeto de su biografía Chávez, el hombre que desafió a la historia (Ediciones Continente). "Es la zona del país con más acervo cultural de fantasmas y seres imaginados", explica el ex militante que asegura haber escrito las primeras 350 páginas en cuatro meses y medio, al ritmo del joropo llanero, el trancado y todas las formas musicales con las que él se crió y Chávez se formó como líder. "Eso se trasmuta en la biografía: el conocimiento del llano", dice, para después comenzar un balance de los años del chavismo y su legado.

-El gobierno de Chávez engendró un adjetivo, la chavización, ¿qué define ese adjetivo?  
-Define un tiempo, una época, una circunstancia y un montón de cosas adentro. Es un tiempo que tiene un corte histórico, comenzó en 1992 cuando Chávez aparece como un ser mediúmnico en Venezuela, como un redentor. Y en un momento exacto: cinco años atrás o cinco años después Chávez no resulta lo mismo. Dedico la biografía a explicar cómo y por qué surge en el punto exacto en que la sociedad estaba a punto de quebrarse moralmente, de retoceder en todo e ir a cualquier cosa inesperada. Hace su aparición como rebelde, con tres consignas muy extrañas para un militar nacionalista de América latina: no pagar la deuda, no disparar contra el pueblo y barrer la corrupción... La gente lo invistió de un carisma y así transitó 20 años para morir. Chávez es una estrella política que se agotó en 20 años, como esas estrellas del universo, para mal o para bien.

Segundo, en ese tiempo histórico chavizar significa modificar el sistema político de Venezuela, es la constitución bolivariana. Modificar el grado de constraste que se habían instalado en el país por 40 años entre opulencia petrolera y miseria petrolera, la otra cara. Redujo todas las tasas estadísticas de miseria e incluyó a 7.800.000 personas a todos los sistemas: económico, educativo, de salud, arte, música, etc. En un país de 30 millones, es un número.

Y luego, al exterior también se puede llamar arbitrariamente chavización la pluripolaridad mundial de estados. Con esa perversión adjetiva también se llama al sentido de América que quedó con su muerte, por primera vez en 200 años. Hoy es común escuchar, en gente de todo tipo, incluso de derecha, decir "Patria grande". Andrés Oppenheimer, que es un hombre de derecha antichavista total, reconoce ese hecho y Vargas Llosa, el novelista , también. Piensa en diez años atrás quién decía eso: nadie. Ahora eso es común, quedó adquirido como una cultura, una simbolización.

También se puede llamar chavización Unasur, ALBA, CELAC, Petrocaribe, Telesur, Bansur, organismos de medición de la nueva América latina. Por último, chavización también se puede traducir o expresar en lo que hoy se llama la nueva izquierda de América latina, que rompe con la vieja, la que confiesa el socialismo del siglo XXI.

-Pero chavización es un adjetivo que también se utiliza para denigrar al chavismo en particular y al gobierno venezolano en particular. Porque el chavismo excede al gobierno venezolano.
-Es verdad. Hay dos estudios sobre eso pero no tengo las conclusiones ahora, que muestran estadísticamente cuánto se usó, dónde se usó, al servicio de una idea y de la contraria. Una chavización opuesta, una suerte de negación dialéctica. Entonces, una chavización del discurso, por ejemplo, es que nunca en registro histórico se atacó a un personaje vivo, gobernante, de tal manera, con razón y sin razón, como se hizo con Hugo Chávez, al punto de que el diario El País lo mató sietre veces, ABC cinco veces y Miami Herald 17 veces dijo que había muerto. Pero por el lado que lo agarres, esa adjetivación adquirió un rango, no sólo en polítca, un rango cultural, adoptó formas que no estaban registradas hace 50 años en América Latina.

-¿Cómo se hace para retratar a un personaje cuando está vivo y que se muera en poco tiempo?
-Primero, la investigación fue muy sencilla. Una parte en el terreno, donde se desarrolló antes de ser político, me fue muy fácil descubrir en los campesinos barinenses las claves de la conduccta del Chávez joven que permiten conectarlo con el Chávez adulto ya presidente, que es el que importa a la vida oficial o pública. Y, por otro lado, Chávez era una autobiografía caminando. Mira que registré archivos y memorias, pero no encontré un solo líder –no hablo de presidente–, que se haya contado tanto a sí mismo con la libertad que él lo hacía, incluso en cosas bastante personales. Gandhi era así, con muchos más límites porque era religioso... Con Chávez no hacía falta investigar mucho, él te daba las claves, los relatos recreados por él –que era un recreador de relatos. El es un García Márquez no desarrollado. Entonces lo que hacía era tomar las claves y ordenarlas, no sólo en orden cronológico sino orden de lógica de conducta y luego buscaba probar si era así o no, en cuanto exageraba por su capacidad literaria, de campesino, de recrear cosas, el cuento era incompleto. Y ahí fui construyendo el armazón de la biografía.

Luego, con una suma de datos de unos 80 libros y unas 25 entrevistas, incluido su gobierno, donde la única que me negué a utilizar fue la de él por dos razones: ya se había contado y la anulaba porque pasaba a ser una biografía en primera persona, lo que le quitaba el carácter crítico. Es lo que me permitía que sea lo suficientemente autónoma sin ser neutra. No existe obra humana neutra, sobre todo en política. Sin ser lírico ni épico, se trata de un relato de un personaje que terminó siendo épico, porque repotenció tres palabras muertas en 1992: revolución, antiimperialismo y socialismo.

-En cada país que visitaba, Chávez se inventaba un referente local, y en la Argentina en los últimos tiempos en sus discursos repetía "Viva Perón y Evita", algo que a la tropa socialista del chavismo le caía muy mal. ¿A qué se debe que usara esos recursos?
-A las dualidades y contradicciones de un hombre que no nació con un programa en la cabeza, y lo fue armando en el tiempo, aprendiendo a golpes. Perón es un resistente antiimperialista, limitado pero antiimperialista, antiyaquista en todo caso. Pero más grave para Chávez es haber sido tributario de un estafador político como Anthony Giddens, que era asesor tres imperialistas, entre ellos Clinton y Blair. Pero él se entusiasmó porque Chávez se enamoraba de las ideas, amaba el conocimiento. Pero peor que esto es haberse enamorado de Norberto Ceresole, por ahí comienza la biografía, que era un filonazi.

Yo le dedico un capítulo, "De la mano de Néstor Kichner" se llama, porque Chávez nunca reivindicó a Perón antes del año 2003. Era un nacionalista de América latina. Para los caribeños, los paraguayos y muchos españoles es mala palabra, a pesar de todo lo que hizo en sus dos primeros gobiernos, que nadie hizo ni antes ni después, porque en Venezuela fue el invitado especial del dictador que nos mataba, en Dominicana fue el invitado de El chacal del Caribe, Trujillo. Chávez se educó en esa cultura de Perón invitado con Isabelita y las prostitutas que tenía el dictador. Bueno, pero hay que saber diferenciar y eso es lo que aprendió Chávez con el Peronismo. Diferenció lo bueno de lo malo, por eso en Venezuela no se aplica Peronismo. Acá invoca a Perón, en Perú invoca a Juan Velazco. Es parte de la ductilidad y flexibilidad ideológica, teórica de los líderes nacionalistas que no tienen un programa, tienen en general varios programas. Y los personajes los van tomando según el lugar del programa. El mérito de un personaje como Chávez es que se superó a sí mismo como militar y como nacionalista: llegó al socialismo no habiendo tenido esa escuela. Y rompió con el nacionalismo, porque desde el año 94 cuando salió de la cárcel salió a la calle con un programa internacionalista. En el año 2006 llegó a plantear en Caracas la fundación de la quinta internacional. Búscame una figura en la historia humana que se haya superado a sí misma y haya llegado a ese nivel de concepto. Otra cosa es qué se pudo hacer, esas son las contradicciones. pero llegar es eso es una rareza, es un tipo anómalo en lo que era. Por eso lo construyo en la biografía con paradojas.

-¿Cuál es la posibilidad de que el Partido Socialista Unido de Venezuela siga unido?, porque tiene varias corrientes. ¿Nicolás Maduro puede ocupar ese lugar de gestor que siempre ocupó Chávez?  
-Maduro es un emergente líder político como presidente, no se ha probado como líder histórico. Esa es su prueba ahora. A él le toca la prueba más difícil en la historia del chavismo, varias veces superior a la que sufrió Chávez. El cahvismo es un movimiento de carácrter social plebeyo, es un movimiento de izquierda, no hay derecha en el chavismo, no hay capitalistas y burgueses en el chavismo, no hay capitslismas en el gabinete y las estructuras de mando del estado. El chavismo es contradictoriamente plebeyo y tiene un programa socialista, de algún tipo pero socialista. Eso está en marcha. El chavismo es el primer movimiento que pierde a su líder y queda montado sobre una gigantesca cantidad de victorias. Siemore fue: muere el líder, hay un derrota y se acabó el movimiento. Explota. el único que sobrevivió al pasado fue el perobnismo, y tenía a los tres años 16 corrientes internas divididas. El chavismo puede sobrevivir un rato más largo porque está montado sobre victorias, 17 sobre 18, y grandes conquistas sociales. Pero podrá sobrevivir si en ese tiempo logra rearmar su economía, reconstruir un sistema político –porque el sistema personalista de chavez murió con él–, y derrotar al rentismo petroloero. Sin esas tres condiciones el chavismo puede entrar en absoluta decadencia y no electoral, decadencia social.

viernes, 12 de abril de 2013

Neruda vuelve para recordar a Thatcher y Pinochet lo que fueron

Neruda era simpatizante y amigo cercano de Allende; estaba enfermo, pero planeando dejar del país para ir a México, adonde había sido invitado a exiliarse. Mientras se hallaba en su lecho mortal en una clínica, su casa había sido allanada y arrasada por soldados

El dictador chileno, Augusto Pinochet junto a la dama de hierro, Margaret Thacher. Las derechas siempre son muy solidarias entre ellas./puercoespin.com.ar
Es curioso, históricamente hablando, que Margaret Thatcher muriera el mismo día en que los forenses, en Chile, exhumaron los restos del difunto y gran poeta chileno Pablo Neruda. Autor de los épicos “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” y ganador del Premio Nobel 1971 de Literatura, Neruda murió a los 69 años, supuestamente de cáncer prostático, apenas doce días después del violento golpe militar del 11 de septiembre de 1973, lanzado por el jefe del Ejército Augusto Pinochet contra el elegido presidente socialista, Salvador Allende. Aviones de guerra destrozaron el palacio presidencial, y Allende los contuvo valientemente; pero se suicidó con un rifle que le había dado el presidente de Cuba Fidel Castro cuando los matones de Pinochet finalmente irrumpieron. Neruda era simpatizante y amigo cercano de Allende; estaba enfermo, pero planeando dejar del país para ir a México, adonde había sido invitado a exiliarse. Mientras se hallaba en su lecho mortal en una clínica, su casa había sido allanada y arrasada por soldados.
En su funeral, una gran multitud de dolientes marchó por las calles de Santiago –una ciudad sombría que, por lo demás, estaba vacía excepto de vehículos militares. En su tumba, en uno de los únicos actos conocidos de desafío público en la estela inmediata del golpe, los asistentes cantaron la Internacional y vivaron a Neruda y también a Allende. Mientras lo hacían, los hombres del régimen recorrían la ciudad quemando libros de autores que no les gustaban y cazando a quien pudieran encontrar para someterlo a torturas o matarlo.
Hace un par de años, el ex chofer de Neruda expresó en público su sospecha de que Neruda había sido envenenado, diciendo que había oído al poeta decir que los doctores le habían aplicado una inyección y que, inmediatamente después, su condición había empeorado drásticamente. Hay otros detalles que alimentan esta teoría, pero nada concluyente. La ciencia forense, finalmente, puede proveer la respuesta a este perturbador interrogante histórico.
¿Por qué traer a colación a Maggie Thatcher? En un tributo el lunes pasado (7 de abril de 2012), el presidente Barack Obama dijo que había sido “una de las grandes adalides de la libertad y las libertades”. En realidad no, no lo fue. Thatcher fue una fiera combatiente de la Guerra Fría, y en lo que respecta a Chile nunca reunió la suficiente compasión por  la gente que Pinochet mataba en nombre del anticomunismo. Prefería hablar de su muy atesorado “milagro económico chileno”.
Y bien que mataba. Los soldados de Pinochet congregaron a miles en el estadio nacional del país y, allí mismo, los sospechosos fueron conducidos a vestuarios y corredores y bancas, torturados y ejecutados. Cientos murieron sólo en ese estadio. Uno de ellos fue el reverenciado cantante chileno Víctor Jara, quien fue golpeado, dejado con manos y costillas rotas y luego ametrallado, tras lo cual su cuerpo fue descartado como basura en un callejón de la capital –junto con los de muchos otros. La matanza continuó incluso después de que Pinochet y sus militares tuvieron un firme control del poder; fue llevada a cabo con el mayor secreto, en cuarteles militares, edificios de policía y en el campo. Críticos y opositores del nuevo régimen fueron asesinados también en otros países. En 1976, la agencia de inteligencia de Pinochet planificó y ejecutó un ataque con coche bomba en Washington, D. C., que asesinó al exiliado ex embajador de Allende ante los Estados Unidos, Orlando Letelier, así como a Ronni Moffitt, su asistente norteamericana. Gran Bretaña consideró impropia la razzia asesina de Pinochet y sancionó a su régimen rehusándose a proveerle armas –esto es, hasta que Margaret Thatcher se convirtió en Primera Ministra.
 
En 1980, año en que asumió el cargo, levantó el embargo de armas contra Pinochet; muy pronto él compraba armas inglesas. En 1982, durante la Guerra de las Falklands (Malvinas) contra la Argentina, Pinochet ayudó al gobierno de Thatcher con inteligencia sobre la Argentina. De allí en más, la relación se volvió directamente cálida, tanto que los Pinochet y su familia comenzaron a realizar una peregrinación anual privada a Londres. Durante esas visitas, ellos y los Thatcher se reunían para comer y beber sorbitos de whiskey. En 1998, mientras escribía un perfil de Pinochet para The New Yorker, la hija de Pinochet describió a la Sra. Thatcher en términos reverenciales, pero confió que el marido de la Primera Ministra, Dennis Thatcher, era un motivo de vergüenza y usualmente se emborrachaba en las reuniones. La última vez que me reuní con Pinochet en Londres, en octubre de 1998, me dijo que estaba a punto de llamar a La Señora Thatcher con la esperanza de que hallara tiempo para tomar el té con él. Un par de semanas después, Pinochet, todavía en Londres, se encontraba bajo arresto por orden del juez español Baltasar Garzón. Durante la prolongada cuasi- detención de Pinochet en una confortable casa del suburbio londinense de Virginia Water, Thatcher mostró su solidaridad visitándolo. Allí, y frente a las cámaras de televisión, expresó la deuda británica con el régimen chileno: “Yo sé cuánto le debemos” –por “su ayuda durante la campaña de las Falklands”. También afirmó: “Fue usted quien trajo la democracia a Chile”.
Esto, por supuesto, era una falsedad de proporciones tan enormes que no puede ser pasada por alto como producto del excesivo celo de una amiga leal.
Pinochet murió en 2006 bajo arresto domiciliario y enfrentando más de trescientos cargos criminales por violaciones a los derechos humanos, evasión fiscal y malversación. Para entonces, se le atribuían más de 28 millones de dólares escondidos en cuentas bancarias secretas en varios países que no tenían traza alguna de haber sido ganados legalmente. Al final, la única defensa de Pinochet fue una humillante declaración de demencia senil –que no podía recordar sus crímenes. El ataque final al corazón llegó antes que la condena.
Durante los años de lo que podría ser llamado el regreso de Chile a la democracia, después de 1990 –cuando Pinochet fue obligado a dejar la Presidencia de la que se había apoderado, en seguimiento a un referéndum que perdió—, poco se hizo para exorcizar realmente los demonios de Chile, mucho menos para juzgarlos. Pinochet retuvo el comando de las Fuerzas Armadas, y cuando abandonó ese rol, en 1998, conservó una senaduría vitalicia que le dio inmunidad ante la justicia. Hasta su detención en Gran Bretaña, los presidentes que gobernaron el Chile “democrático” rodeaban de puntillas el hecho de que el ex torturador en jefe del país seguía dictando los términos de la discusión nacional sobre el pasado reciente. Tras su regreso a casa, después de dieciséis meses, sin embargo, se le quitó su inmunidad parlamentaria, fue acusado por algunos de los crímenes del golpe, y pasó buena parte del resto de su vida bajo arresto domiciliario. Pero fue necesaria Michelle Bachelet, presidente de Chile entre 2006 y 2010 —la hija de un general que se opuso al golpe y fue torturado hasta que murió de un ataque cardíaco— para que se acabara con aquella tradición de deferencias.
En un país donde la historia permaneció enterrada por décadas, es apropiado desenterrar a Neruda para descubrir la verdad de lo que le ocurrió. En cierto sentido, Neruda fue como Lorca, el poeta español asesinado en las primeras semanas del golpe fascista de Francisco Franco en 1936 y cuya sangre ha sido una mancha en la conciencia de su país desde entonces.
Chile tiene ahora la chance de hacer lo correcto. La casa veraniega de Neruda en Isla Negra, a unas millas de Santiago, es una villa modesta y encantadora sobre una playa rocosa, con ventanas que miran al mar y la lírica colección de viejas sirenas de barcos como decoración. Él y su mujer, Matilde Urrutia, fueron enterrados allí, y allí es donde los investigadores fueron a buscar la verdad. Al final, aún si Neruda murió de cáncer, como se dijo en su momento, su exhumación será una oportunidad para reforzar el mensaje dirigido a los autoritarios de todas partes de que las palabras de un poeta siempre sobrevivirán a las suyas y los ciegos elogios de sus poderosos amigos.

viernes, 5 de abril de 2013

Los tres Chávez

Entonces Chávez tomó el micrófono, contó un chiste sobre españoles y venezolanos y las deudas heredadas desde la colonia que provocó risas y liberó las tensiones de los otros jefes de Estado

Hugo Chávez, en versión popular de un muñeco. Obsérvese su mano puesta en el texto de la Constitución Bolivariana./elpais.com
1.-El conciliador
Este Chávez no era tal. En aquel año 2000, la primera vez que lo vi, tenía apenas un año de haber enterrado al bipartidismo venezolano y creía aún en humanizar un capitalismo que había olvidado a los pobres en su país. Todos conocíamos su sorpresivo e histórico triunfo que terminó con el sistema político dos años antes, pero Chávez llegó discreto a la Cumbre Iberoamericana de Panamá, entre un ejército de cámaras fotográficas y reporteros boquiabiertos que seguíamos a Fidel Castro de conferencia en conferencia.
Dos días antes, la policía panameña, guiada por la omnipresente inteligencia cubana, había capturado al terrorista anticastrista Luis Posada Carriles y desmantelado un compló más para asesinar a Fidel. Así que Chávez y los demás mandatarios de América Latina, España y Portugal, llegaron sin que nadie les pusiera más atención que la que requerían las fotos obligadas en los cables de agencias noticiosas. Fidel concentraba todas las miradas, que aprovechaba para denunciar las actividades de Posada Carriles y los años que había vivido protegido por las autoridades salvadoreñas (llegó a Panamá con un pasaporte salvadoreño) conspirando junto al exilio cubano de Miami. Y luego pasó algo sin precedentes.
Los mandatarios se reunieron a puerta cerrada. La versión oficial dice que fue un error técnico, pero lo cierto es que mientras escribíamos notas sobre la declaración final de la cumbre en el salón de prensa, se encendieron los monitores y presenciamos un acalorado enfrentamiento entre Fidel y el presidente salvadoreño, Francisco Flores. Castro acusaba a Flores de darle protección a Posada Carriles, y el presidente salvadoreño respondió culpándolo de haber financiado al FMLN en los años ochenta y de ser responsable de miles de muertes en la guerra civil salvadoreña etcétera etcétera. Intentó mediar la discusión algún presidente sudamericano y Fidel lo calló y dictó una cátedra de historia salvadoreña del Siglo XX que cerró acusando al partido de Flores, ARENA, de haberse fundado sobre los Escuadrones de la Muerte y de conspirar con el anticastrismo cubano de Miami para poner bombas en hoteles de La Habana.
Entonces Chávez tomó el micrófono, contó un chiste sobre españoles y venezolanos y las deudas heredadas desde la colonia que provocó risas y liberó las tensiones de los otros jefes de Estado. Luego les pidió a ambos que terminaran la discusión y que conversaran la siguiente semana, en privado, en la toma de posesión del presidente mexicano Vicente Fox. Se ganó el reconocimiento unánime de todos los asistentes (Comenzando por el Rey Juan Carlos I de España, el mismo que doce años después le disparó aquel “¿Por qué no te callas?”) y el agradecimiento eterno de la presidenta panameña por haberle salvado la reunión presidencial más tensa de que se tenga memoria. Aquella fue la última cumbre a la que asistió Fidel Castro.
Hugo Chávez salió de Panamá con las cámaras siguiéndolo. Era el gran conciliador. Dos días después visitaba San Salvador y se retrataba abrazado con Francisco Flores. ¿Y Fidel? “Ya me prometió que se dará un abrazo con Francisco la próxima semana, en México”. En México, la siguiente semana, no hubo tal abrazo con Francisco Flores. (Luis Posada Carriles, el terrorista, fue liberado años después, tras recibir el perdón de la presidenta Mireya Moscoso la mañana del último día de su gestión presidencial).
Por aquellos días, ya siendo presidente, Chávez no hablaba de socialismo. El periodista venezolano Albinson Linares rescató recientemente, en su libro Nuestro Enfermo en La Habana, una entrevista concedida por Chávez al chileno Manuel Cabieses en 2005, en la que mirando al pasado le confiesa: “Estaba confundido, hacía lecturas equivocadas, tenía unos asesores que me confundían todavía más. Llegué a proponer un foro en Venezuela sobre la Tercera Vía de Tony Blair. Hablé y escribí mucho sobre un ‘capitalismo humano’. Hoy estoy convencido de que eso es imposible; llegué a la conclusión de que el único camino para salir de la pobreza es el socialismo”.
2.-El sobreviviente
En 2001 Chávez aprobó las llamadas leyes habilitantes que incluían una reforma agraria, una nueva ley de hidrocarburos y una ley de pesca que podrían ser consideradas conservadoras por cualquier país desarrollado, pero intolerables para la rancia elite venezolana.
El desprecio de las elites económicas y el odio de la corrupta dirigencia sindical venezolana les impidieron dimensionar a Chávez. Confundieron el mesianismo del presidente con estulticia y decidieron poner punto final al atrevimiento de aquel advenedizo. Entre los empresarios, los sindicalistas y algunos militares le montaron un golpe de Estado con la mirada complaciente de Estados Unidos (y la España de Aznar); el golpe dio paso a su captura y a la instalación de un gobierno presidido por el líder empresarial Pedro Carmona y reconocido de inmediato por el presidente Flores (luego se dijo que Estados Unidos, España y Colombia también hicieron gestiones para reconocerlo pero nunca hubo más reconocimiento oficial en todo el mundo a aquel gobierno golpista que el de El Salvador).
Chávez regresó dos días después en los hombros de su pueblo, y entonces se dio cuenta de que ya no podía seguir jugando al malabarista. Le declaró la guerra a los golpistas, a Estados Unidos y a todo lo que tuviera que ver con ellos y consolidó para siempre su comunión con ese pueblo que le había dado más fuerza que todos los poderes que intentaron derrocarlo.
La oposición, cercada y aún ciega, intentó un último embate y en diciembre de ese mismo año le montó un paro general que dejó a Venezuela sin productos básicos. Los principales medios de comunicación se unieron abiertamente al paro; la empresa privada paralizó la producción y la distribución de bienes mientras los sindicatos frenaron al sector petrolero. Chávez, mermado, apeló a la resistencia de su pueblo.
En aquel diciembre visité por primera vez Caracas que era un manifestódromo. Cientos de miles de manifestantes chavistas y antichavistas se cruzaban en las principales avenidas. Parecía una caricatura de la división de clases sociales, pero era el retrato de las pasiones divididas alrededor del presidente. La comida escaseaba. En los hoteles más lujosos ya no quedaba ni leche y en las calles apenas se conseguían arepas. Era casi imposible conseguir un boleto de avión porque miles de venezolanos de las clases medias y altas hacían colas para abandonar el país. A manera de premonición, uno de los simpatizantes chavistas me dijo: “Esta la ganamos nosotros porque estamos acostumbrados a vivir sin comida. Ellos se van a desesperar más rápido”.
Entre cacerolazos y en pleno pulso con el sector productivo venezolano, Chávez se refugió en su púlpito. Sin eco en los medios de comunicación arremetió con su Aló Presidente y recibió a la prensa extranjera. Cada día del paro, en vez de doblegarlo, parecía acrecentar la figura del presidente.
Un domingo de aquel diciembre presencié en Miraflores seis horas de monólogo chavista junto a docenas de periodistas internacionales. A la medianoche, tres periodistas nos sentamos a entrevistar al presidente en el balcón de su residencia. “No me gustan las entrevistas, prefiero las conversaciones así que conversemos y luego ustedes escriben lo que quieran”.
Nunca supe cuál era su secreto para no dormir. Aquella noche habló de su infancia, de su paso por la academia militar, de los héroes de la historia venezolana, de lo injusta de la distribución de la riqueza en Venezuela y de lo grosera que era la oposición que enfrentaba. Justificaba sus acciones y sus decretos autocráticos con la necesidad de resistir a las poderosas fuerzas que conspiraban en su contra. A pesar de la presión que enfrentaba aquellos días, Chávez era un hombre encantador. Afable, dicharachero y con un carisma que seguía intacto en horas de la madrugada.
Cinco horas después me disculpé y le dije que tenía que retirarme para tomar el único avión en el que pude conseguir asiento. Se levantó, entonó la garganta y comenzó a cantar: “Hermano salvadoreño, viva tu sombrero azul”.
Chávez no solo volvió a imponerse a una oposición torpe, estúpida y prepotente, sino que se encargó de que nunca tuvieran suficiente poder para volver a desafiar el suyo. Eso fue en 2002.
3.-El pueblo es Chávez es el pueblo
La noche de su reelección, en diciembre de 2006, Chávez la celebró anunciando, ante un mar de personas vestidas de rojo, el comienzo del Socialismo del Siglo XXI. Sus ministros y funcionarios, temerosos de terminar destituidos en cualquier domingo de Aló Presidente, se pusieron nerviosos. Nadie sabía a ciencia cierta qué quería decir el comandante.
El Estado venezolano era ya una enorme burocracia en función de lo que ordenara el presidente. Una que no tenía más estándares de calidad en materia de recursos humanos que la que dictaran los hombres más cercanos al comandante, usualmente funcionarios ineficientes pero envalentonados que amenazaban con llevar el proyecto chavista al fracaso.
La alcaldía de la capital era gobernada por un profesor universitario de apellido Barreto que escupía a sus adversarios después de insultarlos y para el cual el socialismo era una nueva oportunidad para depurar los círculos bolivarianos y hacerse de más recursos.
El alcalde organizaba tomas de edificios para dejarlos en manos de familias enteras y al siguiente día del mensaje presidencial apareció en televisión advirtiendo que purgarían al Estado y al partido. “Aquí somos comunistas y marxistas y el que no lo entienda tiene que irse”. El presidente le corrigió después la plana, como había hecho tantas veces antes.
Los chavistas más radicales, como el comando de Lina Rhon, que organizaban a los comités en los barrios marginales, acusaban de corrupción al alcalde y le advertían que él no era el chavismo. “El chavismo solo es Chávez”, le recordó uno de los organizadores de las milicias chavistas. “Esto no es Cuba, ni el 67. Esto es Venezuela, y en el Siglo XXI. ¿Dónde estaba (el alcalde) Barreto cuando salimos a defender a nuestro presidente el día del golpe? En las calles no andaba, así que mejor que cierre la boca”.
Chávez era el hombre fuerte, pero su círculo de poder no parecía, y nunca fue, suficiente para que los ambiciosos planes de revolución social del presidente se conviertieran en realidad. La corrupción, la ineficiencia y la desorganización frenaron ese proceso.
Pero en los barrios venezolanos Chávez se convirtió en una figura religiosa. Los pobres lo veneraban porque les había otorgado dignidad. Porque su presidente luchaba contra las naciones más poderosas del mundo y contra los hombres más ricos de Venezuela por ellos.
En las inumerables ventas ambulantes del centro de Caracas se vendían por decenas muñecos con la figura de Chávez Made in China, que al apretarles la espalda pronunciaban un discurso con la voz del presidente (“Ahora es que viene lo bueno, candanga con burundanga”).
En los barrios más pudientes de la ciudad, en cambio, muy pocos entendían por qué había sido reelecto ese hombre al que odiaban tanto. Los barrios populares, como el 23 de Enero o Catia, eran apenas unas lucecitas al fondo del paisaje desde sus balcones. Ahora aquellos pobres, que nunca habían existido, se atrevían a decidir quién mandaba en el país.
En su afán por dar la estocada final a sus opositores Chávez sustituyó a las elites tradicionales con nuevos beneficiarios del Estado. Cerró medios de comunicación e instaló los propios, tan llenos de mentiras y de vulgaridades y de insultos y de prepotencia como los que había cerrado.
En Miami, un cubanoamericano, propietario de una peletería, me confesó lo contento que estaba con el presidente venezolano: los antiguos ricos venezolanos se habían mudado a Miami y seguían siendo buenos clientes, pero ahora venían todas las semanas, desde Caracas, los nuevos ricos que compraban más mercancías. Los petroburgueses chavistas, los boliburgueses.
Es innegable que Chávez volcó grandes recursos a atender a las clases más necesitadas. En un país con desigualdades históricas insultantes, dedicó las rentas del petróleo a los pobres venezolanos. Pero el comandante, a pesar de su aparente omnipresencia que se extendía a América Latina entera, construyó un aparato burocrático corrupto e ineficiente paralelo a su culto personal. Se endiosó tanto, y lo endiosaron tanto, que terminó gritando que todos los venezolanos eran Chávez.
Su pecado no fue, como dicen sus críticos, haber terminado con la institucionalidad en Venezuela, porque esa tampoco existía antes. Sino creer que podía construirse un proyecto sostenible y un modelo social sin construir esa institucionalidad. Él era el soberano, él era el justo juez, él era el pueblo y el gobierno. Él era el socialismo del Siglo XXI.
Chávez ha sido el líder más emblemático de América Latina en este siglo. Un hombre que dio un nuevo rumbo a la izquierda revolucionaria latinoamericana, que abanderó la unidad regional y que se convirtió en el estandarte de la resistencia a la tremenda influencia estadounidense en el resto del continente.
Ha sido también el autócrata que pervirtió la institucionalidad para mantener control sobre todo el aparato del Estado venezolano, que censuró medios de comunicación y se vengó de sus opositores atropellando el Estado de Derecho. De la mano de Ejército y de los cuadros políticos que se formaron bajo su liderazgo, copó todos los espacios y asfixió a sus detractores.
Redujo significativamente la pobreza en Venezuela, pero se quedó muy lejos de sus ambiciones. A su muerte, Venezuela sigue siendo un país con desigualdad y violencia. Mucha violencia.

La historia se encargará de ponerlo en su lugar. Pero el mundo ha perdido a uno de sus personajes más fascinantes. Un hombre complejo, de marcados contrastes, de enormes luces y sombras. Un hombre carismático, utópico, mesiánico y vanidoso. Un venezolano singular y universal. El movimiento bolivariano está hoy huérfano, pero tiene también su primer mártir. Y con él intentará ganar las próximas elecciones.

martes, 26 de marzo de 2013

La política del futuro ya llegó

Una iniciativa popular en España propone ejercer la democracia directa. La idea se diseminó en Internet y evidenció la crisis institucional de ese país y, también, la necesidad de un sistema de representación distinto

EN PRIMER PLANO. El sueño colectivo: democracia y punto./Revista Ñ
El 8 de enero se anunció en Internet la creación del “partido del futuro”, un método experimental para construir una democracia sin intermediarios que sustituya a las actuales instituciones deslegitimadas en la mente de los ciudadanos. La repercusión ciudadana y mediática ha sido considerable. En tan sólo el primer día del lanzamiento, y a pesar de que se colapsó el servidor tras recibir 600 peticiones por segundo, hubo 13.000 seguidores en Twitter, 7.000 en Facebook y 100.000 visitas en YouTube. Medios extranjeros y españoles se han hecho eco de una conferencia de prensa desde el futuro que anuncia el triunfo electoral de su programa: democracia y punto (http://www.partidodelfuturo.net).
Señal de que ya no se puede ignorar lo que surge del 15-M (nacimiento del movimiento de los indignados). Porque este partido emerge del caldo de cultivo creado por el movimiento aunque en ningún caso pueda asimilarse al mismo. Porque no hay “el movimiento” con estructura organizativa ni representantes, sino personas en movimiento que comparten una denuncia básica de las formas de representación política que han dejado inermes a la gente ante los efectos de una crisis que no han causado pero que sufren cada día. El 15-M es una práctica colectiva e individual cambiante y diversificada, que vive en la red y en las calles, y cuyos componentes toman iniciativas de todo tipo, desde la defensa contra el escándalo de las hipotecas a la propuesta de ley electoral que democratice la política.
Pero hasta ahora, muchas de estas iniciativas parecen abocadas a un callejón sin salida. Por un lado, las encuestas reflejan que una gran mayoría de ciudadanos (en torno a un 70%) están de acuerdo con las críticas del 15-M y con muchas de sus propuestas. Por otro lado, toda esta movilización no se traduce en medidas concretas que alivien a las personas porque hay un bloqueo institucional a la adopción de dichas propuestas. Los dos grandes partidos españoles son corresponsables de la sumisión de la política a los poderes financieros en el tratamiento de la crisis, compartiendo, por ejemplo, la gestión irresponsable de los directivos del Banco de España, con un gobernador socialista, en el caso de Bankia y del sistema de cajas, que ha conducido a la ruina a miles de familias. De ahí que el 15-M se expresó en el espacio público, en acampadas, en manifestaciones, en asambleas de barrio y en acciones puntuales de denuncia. Pero aunque esta intervención es esencial para crear conciencia, se agota en sí misma cuando se confronta a una represión policial cada vez más violenta.
Afortunadamente, el 15-M ha frenado cualquier impulso de protesta violenta, jugando de hecho un papel de canalizador pacífico de la rabia popular. El dilema es cómo superar las barreras actuales sin dejar de ser movimiento espontáneo, autoorganizado, con múltiples iniciativas que no son programa y por eso pueden congregar potencialmente al 99% que saben lo que no quieren, es decir lo que hay, y que se acuerdan en buscar en conjunto nuevas vías políticas de gestión de la vida.
Para avanzar en ese sentido, ha surgido una iniciativa espontánea de ir ocupando el único espacio en el que el movimiento apenas está presente: las instituciones. Pero no en lo inmediato, porque su proyecto no es el de ser una minoría parlamentaria, sino de cambiar la forma de hacer política, mediante democracia directa instrumentada mediante Internet, proponiendo referéndums sobre temas clave, coelaborando propuestas legislativas mediante consultas y debates en el espacio público, urbano y cibernético, planteando medidas concretas a debatir entre la ciudadanía y sirviendo a la vez de plataforma para propuestas que salgan de la gente.
En realidad, no es un partido, aunque esté inscrito en el registro de partidos, sino un experimento político, que se va reinventando conforme avanza. En el horizonte sí se vislumbra un momento en que el apoyo de la ciudadanía a votar contra todos los políticos a la vez y en favor de una plataforma electoral que tenga ese solo punto en el programa permita una ocupación legal del Parlamento y el desmantelamiento del sistema tradicional de representación desde dentro del mismo. No es tan descabellado. Es en gran medida lo sucedido en Islandia, referente explícito del partido que nos habla desde el futuro.
Pero ¿cómo evitar reproducir el esquema de partido en el proceso de conquistar la mayoría electoral? Aquí es donde se plantea la decisión, criticada desde la clase política y algunos medios, de las personas que han tomado esta iniciativa de mantenerse en el anonimato. Porque si no hay nombres, no hay líderes, ni cargos, ni comités federales, ni portavoces que dicen hablar por los demás pero que acaban representándose a sí mismos. Si no hay rostros, lo que queda son ideas, son prácticas, son iniciativas. De hecho, es la práctica de la máscara como forma de creación de un sujeto colectivo compuesto de miles de individuos enmascarados, como hicieron los zapatistas en su momento, o como hace Anonymous con su famosa máscara reconocible en todo el mundo pero con múltiples portadores. Incluso el anonimato de la protesta se encuentra en nuestros clásicos: “Fuenteovejuna, todos a una”. Tal vez llegue un momento en que las listas electorales requieran nombres, pero incluso entonces no necesariamente serían líderes, porque se pueden sortear los nombres entre miles de personas que estén de acuerdo con una plataforma de ideas. En el fondo, se trata de poner en primer plano la política de las ideas con la que se llenan la boca los políticos mientras se hacen su carrera a codazos entre ellos. La personalización de la política es la mayor lacra del liderazgo a lo largo de la historia, la base de la demagogia, de la dictadura del jefe y de la política del escándalo basada en destruir a personas representativas. La X del partido del futuro no es para esconderse, sino para que su contenido lo vayan rellenando las personas que proyecten en este experimento su sueño personal de un sueño colectivo: democracia y punto. A codefinir.
© La Vanguardia

viernes, 22 de marzo de 2013

La vitalidad del chavismo

El filósofo italiano Gianni Vattimo desgrana en esta nota algunas de las razones de su fascinación por Chávez y las contrasta con la actualidad de Europa

Una multitud acompaña el féretro de Hugo Chávez.
Homenaje. Un poster con el rostro de Hugo Chávez cubierto de firmas y mensajes de sus seguidores.
VATTIMO. "¿En verdad la "realidad" necesita ser defendida?" se pregunta el pensador italiano. Revista Ñ
“Il n’est pas tombé, il est mort!” Esta frase, atribuida tradicionalmente –creo- a Jean-Antoine Carrel, uno de los primeros escaladores del Monte Cervino, me viene a la mente con una conmoción que hasta a mí me resulta nueva –pienso en la desaparición de Hugo Chávez. Tampoco él cayó, resistió con firmeza hasta la muerte, haciendo de su resistencia a la enfermedad un emblema de su lucha política por el ideal de una América Latina “bolivariana”. Para mí, como para muchos otros occidentales con mi formación, Chávez tenía todas las cualidades para ser mirado con desconfianza: militar, “golpista” al menos en los inicios de su aventura política, populista, “caudillo”, etcétera, etcétera.
Prejuicios que continúan inspirando a buena parte de la opinión “democrática” predominante. Que no solamente se burla de las sospechas (no probadas, pero absolutamente verosímiles conociendo a la C.I.A. y las empresas petroleras) sobre su presunto envenenamiento por parte de sus enemigos de siempre, sino que olvida la esencia de su enorme acción de liberación de su país y de toda Sudamérica. Chávez retomó, dándole una realidad corpórea, aquélla que ya es una suerte de mito: la herencia de Castro y del Che. Conociendo directamente –en el transcurso de reiteradas estadías, hasta la última, en ocasión de su reelección por enésima vez en noviembre pasado- la realidad de Venezuela, era difícil no darse cuenta de la verdad que con demasiada frecuencia los medios occidentales nos escondían: es decir, que después de recuperar los ingresos de la industria petrolífera, Chávez puso en marcha y en gran parte llevó a cabo una transformación emancipadora trascendental de su país: escuelas que incluso en las zonas amazónicas más remotas redujeron drásticamente el analfabetismo, asistencia sanitaria gratuita y de calidad, programas sociales que eliminaron la pobreza extrema en la que el país, entre los más ricos en recursos naturales, caía bajo los regímenes “democráticos” de impronta neocolonialista.
Fue impresionante todo el plan de las “misiones”: una especie de sistema de grupos de intervención voluntarios de los ciudadanos, que secundan a la administración pública en sectores particularmente importantes. Siendo grupos voluntarios, es obvio que quienes participan en ellos son “chavistas”, dando motivo a las objeciones de que se trata de algo del régimen. Sin embargo, no están cerrados a nadie, basta tomar la decisión de participar en ellos. Se difundió así una vitalidad democrática “de base” que en nuestras democracias “maduras” no se puede imaginar siquiera. Las misiones y la política social son lo que impactó a muchos intelectuales occidentales, el primero Noam Chomsky, o a cineastas como Michael Moore y Oliver Stone. Ellos, como cualquier visitante, cuando llegan a Caracas preguntan qué diarios leer, y constatan que los medios de comunicación son todos, salvo la televisión estatal, anti-Chávez. ¿Sería, acaso, un país donde no hay libertad de pensamiento, de información, de prensa?
Pero la fuerza del ejemplo de Chávez se ve también y sobre todo a través de lo que sucedió en muchos países latinoamericanos en los últimos años. Así como Chávez sería impensable sin Castro, de la misma manera Evo Morales, Correa, Mujica, y los propios Lula y Cristina Kirchner son impensables sin Chávez. Todos juntos constituyen probablemente la única gran novedad de la política mundial de estos decenios, mucho más que el desarrollo neocapitalista de China e India. Un modelo de democracia de base que Europa debería mirar con más atención.
Traducción de Cristina Sardoy
© La Stampa, Gianni Vattimo y Clarín, 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

El Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas

Los poderosos argumentos de Noam Chomsky en los años 90, en los que se configuró el mundo actual, cuando atacaba los efectos perniciosos del sistema económico global y desmontaba las trampas del capitalismo, se han recogido en un libro de entrevistas que hoy resulta de gran actualidad

Noam Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas./lainformacion.com
Cómo funciona el mundo se publica por primera vez en España y nos trae "nuevas luces para entender muchas cosas que están pasando ahora", ha señalado Lourdes Lucía, de Clave Intelectual (CI), firma argentina que abrió sede en España hace más de un año y que ahora edita este volumen junto con el sello Katz.
Es un libro breve y de tono informal, donde discurren los diálogos y análisis del semiólogo estadounidense y su mayor crítico social cuando hace quince años denunciaba los efectos que se extendían por América Latina y aún no habían llegado a Europa.
Sus editores quisieron rescatar el valor e interés de esas ideas que no han perdido actualidad, puesto que, "cuando un pensamiento es profundo y verdadero, perdura en el tiempo, a diferencia de la visión que ofrecen los cronistas de actualidad", dice Lourdes Lucía.
"Cómo funciona el mundo" sintetiza entrevistas que le hacía el periodista David Barsamian -un equivalente de Jordi Evole aquí- para su programa radiofónico Alternative Radio Series, que se trasmite por ciento cincuenta estaciones radiales de distintas partes del mundo y ofrece descargas de audio.
El editor Arthur Naiman, autor entre otros del éxito "La biblia Macintosh", advirtió en su momento que Chomsky llegaba mejor escuchado en voz alta que leyéndolo y optó por compilar esas charlas, ayudado por él, en cuatro libros que fueron muy demandados, llegando a vender más de medio millón de ejemplares.
"Lo que realmente quiere el tío Sam" (1992), "Pocos prósperos, muchos descontentos" (1993), "Secretos, mentiras y democracia" (1994) y "Del bien común"(1998) son los cuatro títulos que ahora han sido recopilados en las 350 páginas de este libro, traducido al español por María Victoria Rodil.
Los objetivos de la política exterior de EE.UU., las limitaciones de la izquierda en su país, el fundamentalismo religioso, el desastre ecológico, la libertad, la igualdad o las debilidades de la democracia pasan por estas páginas, que incluyen títulos como "La destrucción en el exterior", "El lavado de cerebro en casa", "¿Quien se beneficia con el NAFTA y el GATT?, o "la Tercermundización".
En un apartado que titula "El consumo frente al bienestar", donde alude al movimiento cooperativista de Mondragón y sus límites, escribe que el consumo, inducido artificialmente, no solo es insano a largo plazo, sino que además -denuncia-, "como los ricos tienden a consumir más, se orienta más hacia los bienes de lujo que a los de primera necesidad".
Chomsky, verdadero azote de los EE.UU., es uno de los intelectuales más reconocidos en el mundo por sus enfoques de izquierda sobre la situación no sólo en su país, sino en el mundo en general.
Ocupa el octavo puesto del "ranking" histórico como el más citado autor vivo después de Marx, Lenin, Shakesperare, Aristóteles, la Biblia, Platón y Freud.
Sus análisis, de línea anarquista, son -explica Naiman al comienzo del libro- de "una precisión tan inaudita" que con el tiempo se vuelven más y más actuales.

miércoles, 13 de febrero de 2013

En busca de un nuevo paradigma científico

Hace poco escuché una frase que muchos habrán oído o dicho últimamente: "Este modelo (político) ya está agotado. Hay que sustituirlo"

Un millar de personas convocadas por el movimiento Democracia real ya protestan en la plaza de Catalunya de Barcelona en mayo de 2011. /Marcel·lí Sàenz./elpais.com
No inmediatamente, pero pronto me vino a la mente un nombre, Thomas Samuel Kuhn (1922-1996), y su célebre libro, La estructura de las revoluciones científicas (Fondo de Cultura Económica), de cuya publicación (1962) se cumplió el año pasado medio siglo, motivo por el que se ha publicado una nueva edición, “del cincuentenario”, con un buen ensayo introductorio de Ian Hacking. Lo que en este muy influyente libro Kuhn defendió es que el desarrollo científico se basa en la sustitución de un “paradigma” por otro, y que ambos son inconmensurables entre sí.
SanchezRoncubiertaKuhnSe han escrito centenares de páginas acerca del concepto de paradigma, pero ahora basta con decir, siguiendo al propio Kuhn, que este consiste en “una realización científica pasada que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior”. Realizaciones prácticas de ese tipo pueden ser, por ejemplo, la astronomía (geocéntrica) aristotélico-ptolemaica y la (heliocéntrica) copernicana, la física de Newton, la química de Lavoisier, la geología de Lyell, el evolucionismo de Darwin, la física cuántica o la biología molecular à la Watson y Crick. Frente al célebre concepto popperiano de “refutación”, los paradigmas no se refutan, mueren de manera más o menos lenta, hasta desaparecer cuando van proliferando las anomalías que el núcleo central del paradigma dominante ya no puede explicar. En ese clima de crisis, termina surgiendo un nuevo paradigma que se impone al anterior. Si cuando hablamos de Karl Popper, una de las palabras que nos viene a la cabeza es “logicismo”, con Kuhn el término más inmediato es “sociologismo”: son consideraciones sociológicas, el desencanto, la pérdida de confianza en un paradigma, en una visión del mundo, la que lleva a abandonarlo.
No sorprendentemente, en La estructura, Kuhn, formado como físico y con un doctorado bajo la dirección de John van Vleck, premio Nobel de Física en 1977, ejemplificó su discurso en primer lugar en la física, y luego en los grandes nombres de otras ciencias (Lavoisier, Lyell, Darwin), siendo la tecnología y las matemáticas las grandes ausentes de sus consideraciones. Y también, por supuesto, las disciplinas “no científicas”. Sin embargo, como suele suceder, el paso del tiempo cambió algo, si no mucho, la situación, las ideas. Comenzando por el propio Kuhn. Recuerdo, en este sentido, que cuando en diciembre de 1978 Kuhn presentó —fue la única vez que asistí a una conferencia suya— en la New York Academy of Sciences su entonces nuevo libro, The Quantum Discontinuity, lo primero que dijo fue: “Soy Tom Kuhn y, como podrán comprobar, en mi libro no aparece ni una sola vez la palabra paradigma”. A pesar de su indudable atractivo, el modelo del crecimiento científico descrito en La estructura apenas aparece en las reconstrucciones más minuciosas que han producido los historiadores de la ciencia en las últimas décadas. Parece, además, que paradigmas diferentes no son inconmensurables, que pueden convivir, entablando en ocasiones diálogos fructíferos, como en esencia defendió el sucesor de Popper en la London School of Economics, Imre Lakatos, con sus “programas de investigación científica”.
SanchezRonWesselKeynesHayekEn este punto, podría mencionar ejemplos procedentes de la ciencia (Newton versus Descartes, acciones a distancia frente a campos), pero mejor, para mostrar que la noción de paradigma ha traspasado fronteras disciplinares, referirme a una discusión que tiene relevancia actual, la del enfrentamiento entre los modelos económicos de John Maynard Keynes y Friedrich Hayek, un enfrentamiento, pero también un diálogo, que se recoge en un libro magnífico de Nicholas Wapshott, Keynes-Hayek. The clash that defined modern Economics. De la importancia de ese debate da idea lo que Tony Judt manifestó en Pensar el siglo XX (Taurus, 2012): “Los tres cuartos de siglo que siguieron al colapso de Austria de la década de 1930 pueden considerarse como un duelo entre Keynes y Hayek. Keynes comienza con la observación de que bajo unas condiciones económicas de incertidumbre sería imprudente suponer unos resultados estables, y por tanto sería mejor diseñar formas de intervenir a fin de conseguirlos. Hayek, que escribe conscientemente en contra de Keynes y desde la experiencia austriaca, argumenta en su Camino de servidumbre (1945) que la intervención —la planificación, por benevolente o bienintencionada que sea independientemente del contexto político— termina mal”.
Y en este punto vuelvo al comienzo.
Si el presente “modelo” político —el europeo, se supone— debe ser sustituido, tendremos que disponer de otro, de otro paradigma, porque los saltos al vacío son más que peligrosos, son imprevisibles. Independientemente de sus limitaciones, el modelo kuhniano puede tener alguna relevancia en el mundo de la política actual. Léase si no lo que escribió hace poco Juan Luis Cebrián ("Los retos de la globalización", Claves de la razón práctica, abril de 2012): “Conviene insistir en que no nos encontramos solo ante una crisis, sino ante un cambio estructural, un nuevo paradigma cuyo fundamento es la pérdida de influencia y de prestigio de Occidente”. El periodo de “ciencia normal”, el desarrollo del modelo europeo en el que crecimos se está agotando, o se ha agotado ya. Son múltiples las “anomalías” del sistema, que se manifiestan de formas diferentes, desde “los indignados” hasta las “preferentes”, pasando por los desahucios o la privatización de servicios públicos. El problema para Europa es encontrar un nuevo paradigma, que conjugue los pilares ilustrados sobre los que se edificó con un mundo radicalmente diferente de aquel en el que prosperó.

La estructura de las revoluciones científicas. Thomas S. Kuhn. Fondo de Cultura Económica.
Keynes-Hayek.The clash that defined modern Economics. Nicholas Wapshott. W. W. Norton. Nueva York, 2011.
JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON es miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.