martes, 26 de marzo de 2013

La política del futuro ya llegó

Una iniciativa popular en España propone ejercer la democracia directa. La idea se diseminó en Internet y evidenció la crisis institucional de ese país y, también, la necesidad de un sistema de representación distinto

EN PRIMER PLANO. El sueño colectivo: democracia y punto./Revista Ñ
El 8 de enero se anunció en Internet la creación del “partido del futuro”, un método experimental para construir una democracia sin intermediarios que sustituya a las actuales instituciones deslegitimadas en la mente de los ciudadanos. La repercusión ciudadana y mediática ha sido considerable. En tan sólo el primer día del lanzamiento, y a pesar de que se colapsó el servidor tras recibir 600 peticiones por segundo, hubo 13.000 seguidores en Twitter, 7.000 en Facebook y 100.000 visitas en YouTube. Medios extranjeros y españoles se han hecho eco de una conferencia de prensa desde el futuro que anuncia el triunfo electoral de su programa: democracia y punto (http://www.partidodelfuturo.net).
Señal de que ya no se puede ignorar lo que surge del 15-M (nacimiento del movimiento de los indignados). Porque este partido emerge del caldo de cultivo creado por el movimiento aunque en ningún caso pueda asimilarse al mismo. Porque no hay “el movimiento” con estructura organizativa ni representantes, sino personas en movimiento que comparten una denuncia básica de las formas de representación política que han dejado inermes a la gente ante los efectos de una crisis que no han causado pero que sufren cada día. El 15-M es una práctica colectiva e individual cambiante y diversificada, que vive en la red y en las calles, y cuyos componentes toman iniciativas de todo tipo, desde la defensa contra el escándalo de las hipotecas a la propuesta de ley electoral que democratice la política.
Pero hasta ahora, muchas de estas iniciativas parecen abocadas a un callejón sin salida. Por un lado, las encuestas reflejan que una gran mayoría de ciudadanos (en torno a un 70%) están de acuerdo con las críticas del 15-M y con muchas de sus propuestas. Por otro lado, toda esta movilización no se traduce en medidas concretas que alivien a las personas porque hay un bloqueo institucional a la adopción de dichas propuestas. Los dos grandes partidos españoles son corresponsables de la sumisión de la política a los poderes financieros en el tratamiento de la crisis, compartiendo, por ejemplo, la gestión irresponsable de los directivos del Banco de España, con un gobernador socialista, en el caso de Bankia y del sistema de cajas, que ha conducido a la ruina a miles de familias. De ahí que el 15-M se expresó en el espacio público, en acampadas, en manifestaciones, en asambleas de barrio y en acciones puntuales de denuncia. Pero aunque esta intervención es esencial para crear conciencia, se agota en sí misma cuando se confronta a una represión policial cada vez más violenta.
Afortunadamente, el 15-M ha frenado cualquier impulso de protesta violenta, jugando de hecho un papel de canalizador pacífico de la rabia popular. El dilema es cómo superar las barreras actuales sin dejar de ser movimiento espontáneo, autoorganizado, con múltiples iniciativas que no son programa y por eso pueden congregar potencialmente al 99% que saben lo que no quieren, es decir lo que hay, y que se acuerdan en buscar en conjunto nuevas vías políticas de gestión de la vida.
Para avanzar en ese sentido, ha surgido una iniciativa espontánea de ir ocupando el único espacio en el que el movimiento apenas está presente: las instituciones. Pero no en lo inmediato, porque su proyecto no es el de ser una minoría parlamentaria, sino de cambiar la forma de hacer política, mediante democracia directa instrumentada mediante Internet, proponiendo referéndums sobre temas clave, coelaborando propuestas legislativas mediante consultas y debates en el espacio público, urbano y cibernético, planteando medidas concretas a debatir entre la ciudadanía y sirviendo a la vez de plataforma para propuestas que salgan de la gente.
En realidad, no es un partido, aunque esté inscrito en el registro de partidos, sino un experimento político, que se va reinventando conforme avanza. En el horizonte sí se vislumbra un momento en que el apoyo de la ciudadanía a votar contra todos los políticos a la vez y en favor de una plataforma electoral que tenga ese solo punto en el programa permita una ocupación legal del Parlamento y el desmantelamiento del sistema tradicional de representación desde dentro del mismo. No es tan descabellado. Es en gran medida lo sucedido en Islandia, referente explícito del partido que nos habla desde el futuro.
Pero ¿cómo evitar reproducir el esquema de partido en el proceso de conquistar la mayoría electoral? Aquí es donde se plantea la decisión, criticada desde la clase política y algunos medios, de las personas que han tomado esta iniciativa de mantenerse en el anonimato. Porque si no hay nombres, no hay líderes, ni cargos, ni comités federales, ni portavoces que dicen hablar por los demás pero que acaban representándose a sí mismos. Si no hay rostros, lo que queda son ideas, son prácticas, son iniciativas. De hecho, es la práctica de la máscara como forma de creación de un sujeto colectivo compuesto de miles de individuos enmascarados, como hicieron los zapatistas en su momento, o como hace Anonymous con su famosa máscara reconocible en todo el mundo pero con múltiples portadores. Incluso el anonimato de la protesta se encuentra en nuestros clásicos: “Fuenteovejuna, todos a una”. Tal vez llegue un momento en que las listas electorales requieran nombres, pero incluso entonces no necesariamente serían líderes, porque se pueden sortear los nombres entre miles de personas que estén de acuerdo con una plataforma de ideas. En el fondo, se trata de poner en primer plano la política de las ideas con la que se llenan la boca los políticos mientras se hacen su carrera a codazos entre ellos. La personalización de la política es la mayor lacra del liderazgo a lo largo de la historia, la base de la demagogia, de la dictadura del jefe y de la política del escándalo basada en destruir a personas representativas. La X del partido del futuro no es para esconderse, sino para que su contenido lo vayan rellenando las personas que proyecten en este experimento su sueño personal de un sueño colectivo: democracia y punto. A codefinir.
© La Vanguardia

viernes, 22 de marzo de 2013

La vitalidad del chavismo

El filósofo italiano Gianni Vattimo desgrana en esta nota algunas de las razones de su fascinación por Chávez y las contrasta con la actualidad de Europa

Una multitud acompaña el féretro de Hugo Chávez.
Homenaje. Un poster con el rostro de Hugo Chávez cubierto de firmas y mensajes de sus seguidores.
VATTIMO. "¿En verdad la "realidad" necesita ser defendida?" se pregunta el pensador italiano. Revista Ñ
“Il n’est pas tombé, il est mort!” Esta frase, atribuida tradicionalmente –creo- a Jean-Antoine Carrel, uno de los primeros escaladores del Monte Cervino, me viene a la mente con una conmoción que hasta a mí me resulta nueva –pienso en la desaparición de Hugo Chávez. Tampoco él cayó, resistió con firmeza hasta la muerte, haciendo de su resistencia a la enfermedad un emblema de su lucha política por el ideal de una América Latina “bolivariana”. Para mí, como para muchos otros occidentales con mi formación, Chávez tenía todas las cualidades para ser mirado con desconfianza: militar, “golpista” al menos en los inicios de su aventura política, populista, “caudillo”, etcétera, etcétera.
Prejuicios que continúan inspirando a buena parte de la opinión “democrática” predominante. Que no solamente se burla de las sospechas (no probadas, pero absolutamente verosímiles conociendo a la C.I.A. y las empresas petroleras) sobre su presunto envenenamiento por parte de sus enemigos de siempre, sino que olvida la esencia de su enorme acción de liberación de su país y de toda Sudamérica. Chávez retomó, dándole una realidad corpórea, aquélla que ya es una suerte de mito: la herencia de Castro y del Che. Conociendo directamente –en el transcurso de reiteradas estadías, hasta la última, en ocasión de su reelección por enésima vez en noviembre pasado- la realidad de Venezuela, era difícil no darse cuenta de la verdad que con demasiada frecuencia los medios occidentales nos escondían: es decir, que después de recuperar los ingresos de la industria petrolífera, Chávez puso en marcha y en gran parte llevó a cabo una transformación emancipadora trascendental de su país: escuelas que incluso en las zonas amazónicas más remotas redujeron drásticamente el analfabetismo, asistencia sanitaria gratuita y de calidad, programas sociales que eliminaron la pobreza extrema en la que el país, entre los más ricos en recursos naturales, caía bajo los regímenes “democráticos” de impronta neocolonialista.
Fue impresionante todo el plan de las “misiones”: una especie de sistema de grupos de intervención voluntarios de los ciudadanos, que secundan a la administración pública en sectores particularmente importantes. Siendo grupos voluntarios, es obvio que quienes participan en ellos son “chavistas”, dando motivo a las objeciones de que se trata de algo del régimen. Sin embargo, no están cerrados a nadie, basta tomar la decisión de participar en ellos. Se difundió así una vitalidad democrática “de base” que en nuestras democracias “maduras” no se puede imaginar siquiera. Las misiones y la política social son lo que impactó a muchos intelectuales occidentales, el primero Noam Chomsky, o a cineastas como Michael Moore y Oliver Stone. Ellos, como cualquier visitante, cuando llegan a Caracas preguntan qué diarios leer, y constatan que los medios de comunicación son todos, salvo la televisión estatal, anti-Chávez. ¿Sería, acaso, un país donde no hay libertad de pensamiento, de información, de prensa?
Pero la fuerza del ejemplo de Chávez se ve también y sobre todo a través de lo que sucedió en muchos países latinoamericanos en los últimos años. Así como Chávez sería impensable sin Castro, de la misma manera Evo Morales, Correa, Mujica, y los propios Lula y Cristina Kirchner son impensables sin Chávez. Todos juntos constituyen probablemente la única gran novedad de la política mundial de estos decenios, mucho más que el desarrollo neocapitalista de China e India. Un modelo de democracia de base que Europa debería mirar con más atención.
Traducción de Cristina Sardoy
© La Stampa, Gianni Vattimo y Clarín, 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

El Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas

Los poderosos argumentos de Noam Chomsky en los años 90, en los que se configuró el mundo actual, cuando atacaba los efectos perniciosos del sistema económico global y desmontaba las trampas del capitalismo, se han recogido en un libro de entrevistas que hoy resulta de gran actualidad

Noam Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas./lainformacion.com
Cómo funciona el mundo se publica por primera vez en España y nos trae "nuevas luces para entender muchas cosas que están pasando ahora", ha señalado Lourdes Lucía, de Clave Intelectual (CI), firma argentina que abrió sede en España hace más de un año y que ahora edita este volumen junto con el sello Katz.
Es un libro breve y de tono informal, donde discurren los diálogos y análisis del semiólogo estadounidense y su mayor crítico social cuando hace quince años denunciaba los efectos que se extendían por América Latina y aún no habían llegado a Europa.
Sus editores quisieron rescatar el valor e interés de esas ideas que no han perdido actualidad, puesto que, "cuando un pensamiento es profundo y verdadero, perdura en el tiempo, a diferencia de la visión que ofrecen los cronistas de actualidad", dice Lourdes Lucía.
"Cómo funciona el mundo" sintetiza entrevistas que le hacía el periodista David Barsamian -un equivalente de Jordi Evole aquí- para su programa radiofónico Alternative Radio Series, que se trasmite por ciento cincuenta estaciones radiales de distintas partes del mundo y ofrece descargas de audio.
El editor Arthur Naiman, autor entre otros del éxito "La biblia Macintosh", advirtió en su momento que Chomsky llegaba mejor escuchado en voz alta que leyéndolo y optó por compilar esas charlas, ayudado por él, en cuatro libros que fueron muy demandados, llegando a vender más de medio millón de ejemplares.
"Lo que realmente quiere el tío Sam" (1992), "Pocos prósperos, muchos descontentos" (1993), "Secretos, mentiras y democracia" (1994) y "Del bien común"(1998) son los cuatro títulos que ahora han sido recopilados en las 350 páginas de este libro, traducido al español por María Victoria Rodil.
Los objetivos de la política exterior de EE.UU., las limitaciones de la izquierda en su país, el fundamentalismo religioso, el desastre ecológico, la libertad, la igualdad o las debilidades de la democracia pasan por estas páginas, que incluyen títulos como "La destrucción en el exterior", "El lavado de cerebro en casa", "¿Quien se beneficia con el NAFTA y el GATT?, o "la Tercermundización".
En un apartado que titula "El consumo frente al bienestar", donde alude al movimiento cooperativista de Mondragón y sus límites, escribe que el consumo, inducido artificialmente, no solo es insano a largo plazo, sino que además -denuncia-, "como los ricos tienden a consumir más, se orienta más hacia los bienes de lujo que a los de primera necesidad".
Chomsky, verdadero azote de los EE.UU., es uno de los intelectuales más reconocidos en el mundo por sus enfoques de izquierda sobre la situación no sólo en su país, sino en el mundo en general.
Ocupa el octavo puesto del "ranking" histórico como el más citado autor vivo después de Marx, Lenin, Shakesperare, Aristóteles, la Biblia, Platón y Freud.
Sus análisis, de línea anarquista, son -explica Naiman al comienzo del libro- de "una precisión tan inaudita" que con el tiempo se vuelven más y más actuales.

miércoles, 13 de febrero de 2013

En busca de un nuevo paradigma científico

Hace poco escuché una frase que muchos habrán oído o dicho últimamente: "Este modelo (político) ya está agotado. Hay que sustituirlo"

Un millar de personas convocadas por el movimiento Democracia real ya protestan en la plaza de Catalunya de Barcelona en mayo de 2011. /Marcel·lí Sàenz./elpais.com
No inmediatamente, pero pronto me vino a la mente un nombre, Thomas Samuel Kuhn (1922-1996), y su célebre libro, La estructura de las revoluciones científicas (Fondo de Cultura Económica), de cuya publicación (1962) se cumplió el año pasado medio siglo, motivo por el que se ha publicado una nueva edición, “del cincuentenario”, con un buen ensayo introductorio de Ian Hacking. Lo que en este muy influyente libro Kuhn defendió es que el desarrollo científico se basa en la sustitución de un “paradigma” por otro, y que ambos son inconmensurables entre sí.
SanchezRoncubiertaKuhnSe han escrito centenares de páginas acerca del concepto de paradigma, pero ahora basta con decir, siguiendo al propio Kuhn, que este consiste en “una realización científica pasada que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior”. Realizaciones prácticas de ese tipo pueden ser, por ejemplo, la astronomía (geocéntrica) aristotélico-ptolemaica y la (heliocéntrica) copernicana, la física de Newton, la química de Lavoisier, la geología de Lyell, el evolucionismo de Darwin, la física cuántica o la biología molecular à la Watson y Crick. Frente al célebre concepto popperiano de “refutación”, los paradigmas no se refutan, mueren de manera más o menos lenta, hasta desaparecer cuando van proliferando las anomalías que el núcleo central del paradigma dominante ya no puede explicar. En ese clima de crisis, termina surgiendo un nuevo paradigma que se impone al anterior. Si cuando hablamos de Karl Popper, una de las palabras que nos viene a la cabeza es “logicismo”, con Kuhn el término más inmediato es “sociologismo”: son consideraciones sociológicas, el desencanto, la pérdida de confianza en un paradigma, en una visión del mundo, la que lleva a abandonarlo.
No sorprendentemente, en La estructura, Kuhn, formado como físico y con un doctorado bajo la dirección de John van Vleck, premio Nobel de Física en 1977, ejemplificó su discurso en primer lugar en la física, y luego en los grandes nombres de otras ciencias (Lavoisier, Lyell, Darwin), siendo la tecnología y las matemáticas las grandes ausentes de sus consideraciones. Y también, por supuesto, las disciplinas “no científicas”. Sin embargo, como suele suceder, el paso del tiempo cambió algo, si no mucho, la situación, las ideas. Comenzando por el propio Kuhn. Recuerdo, en este sentido, que cuando en diciembre de 1978 Kuhn presentó —fue la única vez que asistí a una conferencia suya— en la New York Academy of Sciences su entonces nuevo libro, The Quantum Discontinuity, lo primero que dijo fue: “Soy Tom Kuhn y, como podrán comprobar, en mi libro no aparece ni una sola vez la palabra paradigma”. A pesar de su indudable atractivo, el modelo del crecimiento científico descrito en La estructura apenas aparece en las reconstrucciones más minuciosas que han producido los historiadores de la ciencia en las últimas décadas. Parece, además, que paradigmas diferentes no son inconmensurables, que pueden convivir, entablando en ocasiones diálogos fructíferos, como en esencia defendió el sucesor de Popper en la London School of Economics, Imre Lakatos, con sus “programas de investigación científica”.
SanchezRonWesselKeynesHayekEn este punto, podría mencionar ejemplos procedentes de la ciencia (Newton versus Descartes, acciones a distancia frente a campos), pero mejor, para mostrar que la noción de paradigma ha traspasado fronteras disciplinares, referirme a una discusión que tiene relevancia actual, la del enfrentamiento entre los modelos económicos de John Maynard Keynes y Friedrich Hayek, un enfrentamiento, pero también un diálogo, que se recoge en un libro magnífico de Nicholas Wapshott, Keynes-Hayek. The clash that defined modern Economics. De la importancia de ese debate da idea lo que Tony Judt manifestó en Pensar el siglo XX (Taurus, 2012): “Los tres cuartos de siglo que siguieron al colapso de Austria de la década de 1930 pueden considerarse como un duelo entre Keynes y Hayek. Keynes comienza con la observación de que bajo unas condiciones económicas de incertidumbre sería imprudente suponer unos resultados estables, y por tanto sería mejor diseñar formas de intervenir a fin de conseguirlos. Hayek, que escribe conscientemente en contra de Keynes y desde la experiencia austriaca, argumenta en su Camino de servidumbre (1945) que la intervención —la planificación, por benevolente o bienintencionada que sea independientemente del contexto político— termina mal”.
Y en este punto vuelvo al comienzo.
Si el presente “modelo” político —el europeo, se supone— debe ser sustituido, tendremos que disponer de otro, de otro paradigma, porque los saltos al vacío son más que peligrosos, son imprevisibles. Independientemente de sus limitaciones, el modelo kuhniano puede tener alguna relevancia en el mundo de la política actual. Léase si no lo que escribió hace poco Juan Luis Cebrián ("Los retos de la globalización", Claves de la razón práctica, abril de 2012): “Conviene insistir en que no nos encontramos solo ante una crisis, sino ante un cambio estructural, un nuevo paradigma cuyo fundamento es la pérdida de influencia y de prestigio de Occidente”. El periodo de “ciencia normal”, el desarrollo del modelo europeo en el que crecimos se está agotando, o se ha agotado ya. Son múltiples las “anomalías” del sistema, que se manifiestan de formas diferentes, desde “los indignados” hasta las “preferentes”, pasando por los desahucios o la privatización de servicios públicos. El problema para Europa es encontrar un nuevo paradigma, que conjugue los pilares ilustrados sobre los que se edificó con un mundo radicalmente diferente de aquel en el que prosperó.

La estructura de las revoluciones científicas. Thomas S. Kuhn. Fondo de Cultura Económica.
Keynes-Hayek.The clash that defined modern Economics. Nicholas Wapshott. W. W. Norton. Nueva York, 2011.
JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON es miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.

lunes, 14 de enero de 2013

Asesinan a otro líder indígena

El líder de la comunidad indígena embera de Choromandó, resguardo de Mozhoromandó, del municipio de Dabeiba, en la región de Urabá, fue asesinado en medio de las celebraciones del Año Nuevo

Reinaldo Dominicó, líder indígena asesinado por los paramilitares en Antioquia./elcolombiano.com

William Carupia, presidente de la Organización Indígena de Antioquia, OIA, dijo que Reinaldo Domicó fue asesinado por un pistolero, a las 00:20 a.m. del 1 de enero, en su casa del barrio La Playita, de Dabeiba.

Agregó que según la esposa, Domicó estaba reunido con familiares y amigos y cuando iba a cambiar un tema musical en el equipo de sonido, entró a la vivienda un encapuchado vestido de negro, quien le disparó en varias oportunidades y escapó en una motocicleta que lo esperaba cerca del lugar de los hechos.

Indicó que Domicó era un líder importante en la comunidad indígena del departamento, en la cual trabajaba como promotor y asesor en la presentación de proyectos.

Denunció que en 2011, durante la campaña electoral había recibido llamadas amenazantes de un grupo que se identificó como autodefensas Gaitanistas.

De 36 años y padre de cinco hijos, era egresado del programa de Licenciatura en Etnoeducación del Instituto Misionero de Antropología, IMA, de la Universidad Pontificia Bolivariana, y se había desempeñado como gobernador mayor de las comunidades indígenas de Dabeiba.

OIA lamentó este hecho y solicitó a las autoridades que investiguen para que se esclarezca el homicidio.

El 31 de julio del año pasado había denunciado la muerte en confusos hechos de un indígena menor de 15 años.

sábado, 12 de enero de 2013

Hasta el domingo circula el documental que pide acabar la guerra contra las drogas

Breaking the Taboo es el nombre del sugerente documental que pide un cambio de estrategia global. El objetivo: dejar en evidencia a la fallida guerra contra las drogas, a la que llama "el más grande fracaso de política exterior de los últimos 40 años"

 El documental 'Breaking the Taboo' estará al aire en YouTube hasta el 13 de enero/revistaarcadia.com
En su columna de la revista Semana, Los abajo firmantes Antonio Caballero se ocupa de la carta "potencialmente más importante del último medio siglo". Una misiva/petición que se dio a conocer en diciembre de 2012 firmada por líderes políticos (Juan Manuel Santos, Felipe Calderón, Bill Clinton, Jimmy Carter), que pedían un cambio de dirección en la estrategia global contra las drogas. Junto a la carta, se publicó en internet un documental de una hora llamado Breaking the taboo, que estará al aire de manera gratuita en youtube hasta el domingo 13 de enero.

En el documental, dirigido por Cosmo Feilding Mellen y Fernando Andrade Grostein, varios líderes políticos y sociales del mundo proponen modificar las políticas prohibicionistas como strategia para combaitr el tráfico y el consumo de drogas ante los efectos devastadores que han tenido.
"La guerra contra las drogas ha fracasado", se lee en la página web en que los productores de Taboo justifican su proyecto documental que va a compañado de una petición online de Avaaz dirigida a "Ban Ki-moon y a todos los jefes de Estado" (a la fecha la han firmado 638 mil personas).
"Después de 50 años de prohibición, las drogas ilícitas son la tercera industria más valiosa del mundo, y está toda en manos de criminales" continúa el alegato, que termina afirmando que "las drogas son hoy más baratos y son más faciles de conseguir que nunca antes" y resalta que "la corrupción y la violencia, especialmente en países productores y de tránsito, respresentan un peligro para la democracia ylos derechos humanos"
*La versión en inglés del documental, narrado por el actor Morgan Freeman,  ha sido visto más de 660 mil veces en youtube.  El actor mexicano Gael García Bernal (Y tu mamá también, Diarios de motociacleta) narra la versión en español que tiene más de 56 mil reproducciones.
Se podrá ver gratis en YouTube hasta el domingo 13 de enero.  

Los desafíos de la izquierda

¿Se puede usar todavía la palabra revolución? ¿Y hablar de comunismo? ¿En qué sentidos? El italiano Gianni Vattimo, uno de los filósofos más prestigiosos de la actualidad, y el sociólogo Eduardo Grüner, un protagonista permanente de la escena intelectual argentina, analizaron en Buenos Aires los límites del capitalismo, la crisis europea, cierto regreso a la religión, el arte como reserva utópica y la realidad de América Latina. Aquí, sus miradas, coincidencias y matices

QUE ES SER DE IZQUIERDA. Gianni Vattimo y Eduardo Grüner debaten sobre revolución, marxismo y progresismo hoy. /David Fernández
VATTIMO. "¿En verdad la "realidad" necesita ser defendida?" se pregunta el pensador italiano.
Caravana en apoyo al presidente Hugo Chavez en la embajada de Venezuela en Buenos Aires. Foto: Mario Quinteros./ Revista Ñ
Hombres de palabras profundas y alegatos polémicos; de escenarios globales y tensiones locales. Si bien no habían compartido un escenario de debate común hasta ahora, han hecho propios objetos de discusión y pasión relativos al devenir de la izquierda en tanto motor político y filosofía de la resistencia. Gianni Vattimo, filósofo italiano, y Eduardo Grüner, sociólogo argentino, se encontraron en el bar de un hotel porteño e intercambiaron postales de los mundos golpeados por el capitalismo donde habitan. Sobre el capitalismo, el hombre y la circunstancia dramática de vivir a la intemperie ideológica, las cuestiones contemporáneas, cercanas y lejanas, familiares por la globalización y de formas de rebeldía con viejos y nuevos nombres debatieron recientemente en Buenos Aires.Fue un intercambio de ideas que, aunque amable, marcó diferencias y expuso cuestiones de filosofía política, religión, panorama latinoamericano y crisis europea. Vattimo estuvo en Buenos Aires invitado por la Cátedra de Globalización y Democracia que la Universidad Nacional de San Martín comparte con la Universidad Diego Portales, de Chile. Grüner es un protagonista permanente de la escena intelectual argentina y un referente clave de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores.
¿Qué significa ser de izquierda hoy, en Europa, en América Latina, en Italia, en la Argentina...?
Gianni Vattimo: Ser de izquierda –ya con muchísimas referencias internacionales perdidas–, siempre implicó tener una cosmovisión culturalista; mientras que para la derecha siempre ha sido naturalista. Todo el liberalismo, incluso, hasta el racismo, se trata de liberar la sociedad para que cada uno pueda expresar lo que es. Pero, finalmente, la izquierda tiene que corregir los puntos de partida. Si uno nació con mucho dinero se expresa como capitalista, si uno nació como pobrecito, se expresa como pobrecito. Y, para una competencia verdadera se trataría de salir de puntos de partida comparables, algo que no pasa en el naturalismo derechista. Por ejemplo, que la derecha sea racista generalmente, es natural, porque se trata de disfrutar la diferencia. Todo esto es para mí, básicamente, la mentalidad de derecha. La izquierda tiene que corregir situaciones naturales de partida, obviamente, la derecha no tiene problemas de valores, y la izquierda tiene el problema de decidir entre todos el valor de la cultura. Es decir, de oponerse a la exaltación de las diferencias naturales. ¿Por qué no estoy de acuerdo con la derecha? Porque, básicamente, me interesa la relación con el otro; la izquierda siempre es igualitaria en ese sentido, por ejemplo, radicalizando incluso el principio liberal de la competencia, decir “bueno, competimos pero, por favor, deportivamente”. La exaltación de las leyes del mercado es una exaltación naturalista, es decir, hay leyes del mercado porque el mercado funciona así, no nos ponemos a preguntar cómo empezó esta situación. Se toma la economía política como si fuera una ciencia natural, lo que Marx siempre negó. Esas diferencias me parecen un punto de partida.
Eduardo Grüner: Yo agregaría que esa naturaleza es, por supuesto, una construcción histórica, que luego la derecha vuelve sobre sí misma, desplaza, obtura, borra las huellas de esa construcción y naturaliza un estado de cosas existente, que es notable, porque aparece como una permanente novedad. Yo creo que una característica del capitalismo tardío es este bombardeo permanente de novedades que sirven para disimular que el dispositivo básico –en un sentido más o menos foucaultiano o agambeniano–, ese andamiaje básico, no se toca. El lugar de la izquierda es precisamente el contrario, es poner en cuestión, radicalmente, el dispositivo básico, las lógicas básicas. En ese sentido, la primera definición brutal que habría que hacer, es que ser de izquierda es ser consecuentemente anticapitalista, pero que hoy en día es una definición que hay que retomar. Tanto en Italia como en la Argentina basta ser medianamente progresista, estar a favor de cierta mayor inclusión social, para pasar por ser de izquierda, ahora, todo eso está muy bien, pero ser de izquierda es poner en discusión el dispositivo básico. En ese sentido no deja de ser problemático esa pertenencia de izquierda en un mundo como el que tenemos hoy, hay que volver a discutir montones de cosas: ¿Se puede usar todavía la palabra revolución, se puede usar la palabra comunismo y en qué sentido? Debiéramos redefinirla, volver a pensarla, debiéramos volver a discutir qué restos de deseos verdaderamente transformadores todavía podemos detectar en el mundo y cuáles son sus límites.
¿Cuánto hay en estos postulados, principios o deseos que han manifestado respecto al papel de la izquierda, de realista y cuánto hay de utópico?
Vattimo: Cuando hablo de naturalismo de la derecha, es un pretendido naturalismo, una ideología que naturaliza las condiciones históricas sin preguntarse por qué se nace, por ejemplo. Obviamente corregir la pretendida naturaleza de la estructura capitalista, pretender criticar esto es utópico, en el sentido de que no se sabe dónde están estos valores, porque lo que existe, lo que está es lo existente, lo que no te gusta, lo que se pretende santificar como naturaleza natural. Hay un poco de utopía en esto. Me parece que, por el otro lado la utopía va junto con un problema de la democracia, es decir, las masas para decidir cambiar en las elecciones, porque yo creo en el sistema electoral en que vivimos muy moderadamente, porque sé cómo funciona, el dinero condiciona la propaganda, etc. Es por eso que hablo de comunismo, porque efectivamente es el único proyecto alternativo que fue poderoso en el pasado. Se necesita una utopía que pueda mover de alguna manera las masas, convencer a la gente a votar a la izquierda más que a la derecha. ¿Por qué no pasa esto? Yo creo que cuando Marx profetizaba la revolución proletaria mundial no existía la televisión, es decir, que lo que era la religión como opio en el momento de Marx, ahora son los medios. Y el opio, como mucha gente ha hecho notar, no era solamente una manera de adormecer las conciencias, sino de satisfacerlas. Las crisis, como la última financiera, no dan lugar a transformación sino a la restauración, se refinancian los bancos para que empiecen a hacer una vez más la política que conduce a la crisis, el capitalismo necesita las crisis para disminuir los salarios, desplazar industrias. El problema es re-empezar un movimiento de masas que pueda presionar de alguna manera la transformación. Yo sueño con la revolución, pero es una pesadilla, porque hacer la revolución cuando las fuerzas antirrevolucionarias son más fuertes es la muerte o casi.
Grüner: Normalmente para la derecha, utopía significa la completa ausencia de realismo, de pragmatismo, de posibilismo y todas esas cosas. Yo diría que si uno usa la palabra utopía en ese sentido negativo, la crisis demuestra precisamente eso, que siempre fue una utopía imposible de realizar, un mundo de justicia y de equidad, que es lo que siempre prometió el capitalismo en su conjunción pretendida con la democracia, eso se ha demostrado absolutamente irrealizable. Es el capitalismo del individualismo hedonista, en el que los medios de comunicación, efectivamente son también cómplices, y prometen algo que no se puede cumplir pero mucha gente cree que sí y vive en esa suerte de frustración. Yo diría en, términos de Sloterdijk, de permanente estrés, es una sociedad estresada, una sociedad permanentemente excitada, que no se da tiempo para reflexionar sobre sus propias miserias. Eso es la utopía del capitalismo que está en crisis sin que haya aparecido una contra utopía, lo suficientemente poderosa, en el sentido de una movilización de las conciencias y de los cuerpos que permita, efectivamente, poner en cuestión y romper los límites de esa utopía capitalista. La idea de comunismo es algo que insiste, que vuelve y retorna una y otra vez a través de la historia.
En esa repetición, además, parece persistir también una raíz religiosa…
Vattimo: Sí, el problema aquí es, yo reconozco, siempre digo que si no fuera cristiano no sería comunista…
Grüner: Pero eso es muy italiano…
Vattimo: Sí, efectivamente, para ser cristiano e italiano tengo que ser anticlerical. Aunque con el Vaticano al lado de mi casa no puedo ser un buen cristiano si soy anticlerical. Sí, es verdad que hay como un rechazo, me defiendo de que me impongan el ideal de la felicidad completa, capitalista, con la idea de un destino del ser que no signifique imponerse. Me parece que el sentido de la historia no está tanto en realizar un modelo positivo total, sino en reducir un poco la violencia de la cual provenimos. Incluso el nacimiento es un poco un acto violento, porque no se me consultó antes. Después, todas las transformaciones históricas, suceden, no con un racional sentimiento de todos, sino lo opuesto, los franceses tienen que matar al rey para escribir la constitución, pero cuando lo matan no es constitucional ni anticonstitucional. Efectivamente, hay un componente religioso en el comunismo, por ejemplo, yo no sé exactamente lo que fue pero me parece que está más cerca de la creación de la vida, con la idea de libertad que proviene de alguna otra libertad frente a la cual yo soy responsable. Sin una motivación religiosa, ¿por qué yo que soy un profesor jubilado un poco enriquecido, respetado, tendría que ser comunista perdiendo la jubilación? Hay una fundamental motivación más allá de la felicidad concreta, inmediata, etcétera. San Agustín decía, “mi corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”. En la revolución en acto –no en la revolución pasada–, yo me profeso cristiano-comunista.
¿Qué le provoca esta idea, Eduardo?
Grüner: Muchísimas ambivalencias e incertidumbres. No se puede negar esa estructura cripto-religiosa que hay en todo movimiento emancipador. No parece casual que en las últimas 2 o 3 décadas se haya producido el retorno de eso que se suele llamar la teología política, los debates filosófico-políticos. Ese retorno coincidió, supongo que no azarosamente, con lo que dio en llamarse la crisis del comunismo y la caída del muro de Berlín y todo lo demás. Con lo cual yo no estoy diciendo que haya una causalidad mecánica entre las dos cosas, ni que eso que se llama la teología política venga a sustituir plenamente o sea un movimiento de derecha que quiere sustituir la utopía revolucionaria o el pensamiento marxista, en términos filosóficos, teóricos. Porque eso se puede entender de muy distintas maneras, una cosa es la línea de la teología política, que proviene de Carl Schmitt, esa tradición decididamente de derecha, conservadora. Y otra cosa es la que uno podría detectar, por hacer un nombre que tenía paradójicos contactos y buenas relaciones con Carl Schmitt, que es Walter Benjamin. Esa es una tradición de teología política que hoy llega hasta nombres como Agamben, Espósito, en cierto sentido puedo incluirlo a Massimo Cacciari y supongo que puede incluirlo a Gianni Vattimo, aunque en Benjamin hay una impronta apocalíptica. Jacob Taubes dice una cosa muy interesante, la diferencia entre la teología política de Schmitt y la de Benjamin es que los dos creen en el apocalipsis, pero Schmitt quiere retrasarlo lo más posible, mientras que Benjamin quiere acelerarlo y que llegue lo antes posible también.
Vattimo: El retorno de Dios está ligado a la multiplicación del descubrimiento científico, la gente se siente un poco desorientada frente al problema de la manipulación genética, las tradiciones éticas más enraizadas, etcétera. Cuando yo tengo que discutir con un cardenal sobre la manipulación genética siempre digo que yo puedo criticar lo que dice la Iglesia, pero no puedo armar una construcción totalmente diferente. Porque es la idea de secularización, es decir un poco weberiana, estamos en un mundo que viene de esto, lo que podemos hacer es limitar el daño o cambiar, pero siempre es difícil. Yo creo que esta es una idea benjaminiana también, que los revolucionarios no piensan tanto en el hombre futuro que están construyendo, piensan en el sufrimiento de los antiguos. Es decir, sólo reaccionando a un sistema, del cual tú ves los límites, que inventas algo nuevo, incluso esta relación de mí mismo con la tradición cristiana, había un dicho de Benedetto Croce que decía ¿por qué no podemos no llamarnos cristianos? Croce era absolutamente cristiano, era un idealista hegeliano reformado, pero definitivamente esto para mí es muy importante, porque no creo que puedo contactar directamente la estructura del ser. Por ejemplo, los primeros principios de contralor, sino que tengo una relación con un porvenir que me da instrumentos. Hay un dicho de Jesús en el Evangelio: “El buen escriba, el escriba es el intelectual, es como un padre de familia que tira de su armario cosas nuevas y usadas”. Mi filosofía es la única filosofía cristiana en el mercado, por así decir. (Risas)
Grüner: Es realmente un dilema muy fuerte para mí, toda esta cuestión, entiendo por un lado que el dispositivo de la técnica le ha quitado sentido al mundo, al mundo de lo real, yo pienso exactamente lo contrario, pienso que le ha dado demasiado sentido de tal manera que ha obturado, así como decíamos que el capitalismo pretendiendo poder satisfacer todos los goces ha obturado el verdadero deseo, también el dispositivo de la técnica ha obturado toda dimensión enigmática, toda dimensión del misterio, de lo que todavía está por conocerse, de lo que está todavía por producirse, por construirse, simbólicamente como nuevos sentidos. Esto es lo que nos está faltando y mucha gente puede encontrar eso en la religión ¿no? La preservación de ese lugar de un enigma –lo podemos llamar sagrado o como se quiera– sobre el cual todavía tenemos que construir nuestros sentidos. Yo estoy verdaderamente obsesionado, podría decir, con esa discusión sobre la teología política, en torno de lo religioso y demás; pero yo encuentro también eso en el mundo de la literatura, de la poesía, del arte, porque es otro lugar de reserva utópica con muchos enigmas donde todavía se puede construir sentido, incluso creo que en este sentido que lo estoy diciendo es más interesante ese mundo que el de la filosofía ¿no? Hace poco leí, yo no recordaba esa frase, una frase de George Bataille que dice: “Hay que perder la filosofía para poder reencontrarla en otro lugar”. Una cosa que hemos heredado es la literatura, la poesía es la que pone en cuestión la legitimidad y la naturalidad de esa herencia. Mucho más que la filosofía, por lo menos hoy.
Vattimo: Es extraño porque el arte sigue siendo un lugar de sorpresas, mientras que en el mundo tal como funciona, en algún sentido no pasa nada nuevo, porque todo es técnicamente organizado, proindustrialista, etc. Hay una frase de Heidegger: “La verdadera emergencia es la falta de emergencia”, es que no se ve nada por el momento. Es por esto que incluso decimos: el arte y la religión siguen siendo como un refugio para la gente que busca algo diferente. También están todas estas sectas con ideas terribles como los Raelianos: yo tengo un amigo que piensa, que cree efectivamente que la vida llegó de un planeta.
En los últimos años algunos filósofos europeos hablaron del retorno del humanismo. Y al mismo tiempo la filósofa Martha Nussbaum dice exactamente lo contrario: que el humanismo está muerto y que lo prueba cada nueva guerra que comienza.
Vattimo: ¿Qué se entiende exactamente? Porque por ejemplo yo tengo en mis textos sagrados un pequeño libro de Heidegger que se llama Cartas sobre el humanismo , que habla contra el humanismo, es decir, que el humanismo sería como el hecho de que hay una esencia humana que se puede conocer y realizar. Esto es el humanismo del Papa que predica una ética pretendidamente natural, es decir, el matrimonio es indisoluble por naturaleza, por esencia. Cuando yo escucho “humanismo” pienso en las disciplinas humanísticas en la universidad y esto es muy importante. No sé cuál es el retorno del humanismo ¿cómo lo definirías tú?
Como un retorno del hombre a la escena principal donde la sociedad satisface sus necesidades y deseos...
Vattimo: Hay retornos, se necesita retornar, Nussbaum dice que no hay humanismo, esto no es un hecho. Que no retorne el humanismo, a mí me parece justo, no porque no me guste esta sociedad, no porque sea demasiado humanista…
Grüner: Es una definición, me permitiría empezar con una consigna, así como Adorno decía: “Hay que ilustrar la ilustración” yo diría “hay que humanizar el humanismo” porque si uno entiende por humanismo la defensa de esto que Gianni llamaba una esencia humana universal abstracta, eso ha conducido a cosas verdaderas. Siempre estamos en el problema del conflicto entre esa idea de una esencia universal y los particulares concretos que todo el tiempo se levantan como límites a esa receta universal. Humanizar el humanismo querría decir, en cada caso, adoptar sin condicionamientos, de manera incondicional, la defensa de las víctimas del mismo humanismo tal como históricamente lo hemos conocido.
Vattimo: De la humanidad.
Grüner: De la humanidad, claro, de la humanidad. Porque si no corremos el peligro otra vez de que ese humanismo se transforme él mismo en una empresa de dominación, por ejemplo, como lo ha sido históricamente, sobre todo en la modernidad, de la naturaleza. Hace poco estuve discutiendo con Tony Negri, acá en Buenos Aires, sobre lo que él llama el biocapitalismo. Yo le decía que lo que nos está pasando, las cosas que suceden con la naturaleza, por ejemplo, es que nos estamos dando cuenta de que somos una especie animal también; y que no tenemos de ninguna manera garantizada nuestra supervivencia. Y esto forma parte del dispositivo capitalista cuyos límites hay que señalar porque uno puede hacer toda clase de críticas morales, éticas, políticas y debe hacerlo por supuesto, pero también debe tomar en cuenta que es la supervivencia misma de la especie lo que está en juego, hay una cuestión hasta fisiológica sobre la que hay que dar la discusión.
Vattimo: Aquí llegamos al problema del desarrollo indefinido, por ejemplo, la izquierda más tradicional en Europa, siempre ha sido desarrollista porque parece que cuanto más se producen bienes tanto mejor está el proletariado; pero ahora es, definitivamente, un gran problema, por ejemplo.
Grüner: Me parece fundamental pensar la crítica situada desde el desarrollismo que dice Gianni. Yo tengo un gran modelo intelectual que es Pier Paolo Pasolini que en los años 60 dio en la tecla fundamental con la crítica del desarrollismo lineal destructor del neocapitalismo.
Vattimo: ¿Cómo se llaman en español los insectos con luz?
Luciérnagas.
Grüner: Luciérnagas exactamente. La desaparición de las luciérnagas como gran metáfora, como gran alegoría de la desaparición de todas esas realidades particulares interesantísimas de la lengua friulana, por ejemplo, que era en la que escribía Pasolini sus primeras poesías y que era una lengua de las culturas subalternas. Este brutal aplanamiento, verdadero aplanamiento de las diferencias reales –no de las que se habla ahora con el multiculturalismo–, en el fondo sirve para disimular esas que se llaman diferencias pero que son desigualdades producidas. Y esto ocurre precisamente por el desarrollismo de clase. Siempre me parece pertinente señalarlo, se habla de desarrollo o se habla de crecimiento económico otra vez como si eso fuera un universal abstracto que va a chorrear leche y miel sobre todos los individuos. Pero es un desarrollo de clase, un crecimiento de clase y son las clases dominantes, finalmente, las que terminan beneficiándose con esto. Entonces, la crítica del desarrollismo creo que es algo importante de hacer, pero también es peligrosa porque puede transformarse en una crítica de derecha, en ese naturalismo del que hablaba Gianni recién, no desarrollemos nada, dejemos las cosas como están, con las hojas y las vacas nos alcanza para decir una cosa local. Se puede, entonces, desde la izquierda, hacer una crítica al desarrollismo como ya señalamos.
¿Cómo encuentran la región en términos políticos? Gianni es chavista...
Vattimo: Absolutamente.
¿Cuánto tiene el chavismo de paralelo con lo que veníamos hablando de una política de izquierda?
Vattimo: La única novedad efectiva en política que se ha planteado en las últimas décadas han sido las transformaciones latinoamericanas. Otros como China, son hasta ahora imitaciones del sistema capitalista que no cambia mucho en las relaciones de poder, financieras. En cambio en Latinoamérica, Evo Morales, Lula al comienzo, obviamente Castro ante todos, Chávez y Correa intentan hacer una alternativa sistémica a la dominación occidental. Lo importante es crear en el mundo un sistema de poder bastante fuerte alternativo al imperialismo yanqui y banquero que pueda reforzar, también, los movimientos nacionales de izquierda en Europa. Sé que en Venezuela se han abierto muchos hospitales, que han reducido el analfabetismo, que en las elecciones a las cuales asistí recientemente son regulares, que obviamente el gobierno y la propaganda existe, pero yo cuando voy a Caracas no sé qué diarios comprar porque son todos opositores.
¿Cómo ve la región, Grüner?
Grüner: Soy más cauto por no decir más crítico con estas experiencias, lo soy ahora, no lo era hace unos años porque veo que el tiempo pasa y que ya estas experiencias de las que estamos hablando llevan por lo menos una década, en el caso del chavismo mucho más y, entonces, mi sensación es que esos proyectos –de los cuales por supuesto veo las ventajas comparativas respecto de cosas que tuvimos acá en Latinoamérica nosotros mismos, ni que hablar, respecto de Europa– me temo que han alcanzado un límite que, nuevamente por su propia naturaleza de clases les va a hacer muy difícil traspasar en el caso que tuvieran la intención de hacerlo. Estamos en un momento muy abierto, donde hay que redefinir, volver a discutir si todo lo que podemos tener es un capitalismo mejor que el que tuvimos o el que tiene el resto del mundo ahora o, estamos ya en condiciones de ver si lo que queremos es otra cosa. Habrá que definir, dependerá de las masas, del deseo de las multitudes…
¿Ustedes ven un futuro progresista en el horizonte? ¿Un futuro de izquierda en cada uno de los escenarios que han citado?
Vattimo: Temo que vaya a pasar como las restricciones económicas que se imponen ahora en Europa, no solamente en Italia, en España, en Grecia son siempre más intolerantes. Creo que va a haber movimientos sociales de conflicto, en Italia ya los percibo. Y tal como se ve en Italia y en España también, la policía pega muchísimo. Imagino un futuro más autoritario y un poco fascistizante en los países europeos sometidos a estas leyes si no se inventa algo económicamente diferente, justamente se podría pensar un capitalismo financiero menos explotador, por ejemplo, en Italia tenemos muchísimas riquezas que están aisladas, desde el comienzo de la globalización hasta ahora la diferencia entre el salario de un obrero de FIAT y el del máximo manager se multiplicó enormemente de 1 a 20 a 1 a 200… Se prepara la resistencia.
Grüner: Esta última frase de Gianni me parece absolutamente esencial, hay que prepararse para la resistencia, es imposible prever ni siquiera para el futuro inmediato qué es lo que va a suceder, pero es un momento de tensión muy fuerte, en el mundo entero hay reacciones fragmentarias, desordenadas, desorganizadas incluso, pero que una vez más demuestran eso que decíamos de la insistencia de una idea de que la –para no hablar de comunismo– recuperación del común sigue siendo un deseo de las multitudes más oprimidas, de las víctimas de la historia, entonces uno por supuesto que apuesta a eso, siendo muy crítico de las propias esperanzas, creo que es un momento para hacer, para transformar ese principio de esperanza del que hablaba Ernst Bloch. Respecto de la situación de Latinoamérica yo la definiría así: mantener las esperanzas pero con un ánimo muy crítico.
Vattimo: Cuando yo imagino un futuro autoritario en Europa siempre dejo de lado la posibilidad de que haya una guerra, paradójicamente o desafortunadamente los fascismos terminan solamente con guerra.