viernes, 5 de abril de 2013

Los tres Chávez

Entonces Chávez tomó el micrófono, contó un chiste sobre españoles y venezolanos y las deudas heredadas desde la colonia que provocó risas y liberó las tensiones de los otros jefes de Estado

Hugo Chávez, en versión popular de un muñeco. Obsérvese su mano puesta en el texto de la Constitución Bolivariana./elpais.com
1.-El conciliador
Este Chávez no era tal. En aquel año 2000, la primera vez que lo vi, tenía apenas un año de haber enterrado al bipartidismo venezolano y creía aún en humanizar un capitalismo que había olvidado a los pobres en su país. Todos conocíamos su sorpresivo e histórico triunfo que terminó con el sistema político dos años antes, pero Chávez llegó discreto a la Cumbre Iberoamericana de Panamá, entre un ejército de cámaras fotográficas y reporteros boquiabiertos que seguíamos a Fidel Castro de conferencia en conferencia.
Dos días antes, la policía panameña, guiada por la omnipresente inteligencia cubana, había capturado al terrorista anticastrista Luis Posada Carriles y desmantelado un compló más para asesinar a Fidel. Así que Chávez y los demás mandatarios de América Latina, España y Portugal, llegaron sin que nadie les pusiera más atención que la que requerían las fotos obligadas en los cables de agencias noticiosas. Fidel concentraba todas las miradas, que aprovechaba para denunciar las actividades de Posada Carriles y los años que había vivido protegido por las autoridades salvadoreñas (llegó a Panamá con un pasaporte salvadoreño) conspirando junto al exilio cubano de Miami. Y luego pasó algo sin precedentes.
Los mandatarios se reunieron a puerta cerrada. La versión oficial dice que fue un error técnico, pero lo cierto es que mientras escribíamos notas sobre la declaración final de la cumbre en el salón de prensa, se encendieron los monitores y presenciamos un acalorado enfrentamiento entre Fidel y el presidente salvadoreño, Francisco Flores. Castro acusaba a Flores de darle protección a Posada Carriles, y el presidente salvadoreño respondió culpándolo de haber financiado al FMLN en los años ochenta y de ser responsable de miles de muertes en la guerra civil salvadoreña etcétera etcétera. Intentó mediar la discusión algún presidente sudamericano y Fidel lo calló y dictó una cátedra de historia salvadoreña del Siglo XX que cerró acusando al partido de Flores, ARENA, de haberse fundado sobre los Escuadrones de la Muerte y de conspirar con el anticastrismo cubano de Miami para poner bombas en hoteles de La Habana.
Entonces Chávez tomó el micrófono, contó un chiste sobre españoles y venezolanos y las deudas heredadas desde la colonia que provocó risas y liberó las tensiones de los otros jefes de Estado. Luego les pidió a ambos que terminaran la discusión y que conversaran la siguiente semana, en privado, en la toma de posesión del presidente mexicano Vicente Fox. Se ganó el reconocimiento unánime de todos los asistentes (Comenzando por el Rey Juan Carlos I de España, el mismo que doce años después le disparó aquel “¿Por qué no te callas?”) y el agradecimiento eterno de la presidenta panameña por haberle salvado la reunión presidencial más tensa de que se tenga memoria. Aquella fue la última cumbre a la que asistió Fidel Castro.
Hugo Chávez salió de Panamá con las cámaras siguiéndolo. Era el gran conciliador. Dos días después visitaba San Salvador y se retrataba abrazado con Francisco Flores. ¿Y Fidel? “Ya me prometió que se dará un abrazo con Francisco la próxima semana, en México”. En México, la siguiente semana, no hubo tal abrazo con Francisco Flores. (Luis Posada Carriles, el terrorista, fue liberado años después, tras recibir el perdón de la presidenta Mireya Moscoso la mañana del último día de su gestión presidencial).
Por aquellos días, ya siendo presidente, Chávez no hablaba de socialismo. El periodista venezolano Albinson Linares rescató recientemente, en su libro Nuestro Enfermo en La Habana, una entrevista concedida por Chávez al chileno Manuel Cabieses en 2005, en la que mirando al pasado le confiesa: “Estaba confundido, hacía lecturas equivocadas, tenía unos asesores que me confundían todavía más. Llegué a proponer un foro en Venezuela sobre la Tercera Vía de Tony Blair. Hablé y escribí mucho sobre un ‘capitalismo humano’. Hoy estoy convencido de que eso es imposible; llegué a la conclusión de que el único camino para salir de la pobreza es el socialismo”.
2.-El sobreviviente
En 2001 Chávez aprobó las llamadas leyes habilitantes que incluían una reforma agraria, una nueva ley de hidrocarburos y una ley de pesca que podrían ser consideradas conservadoras por cualquier país desarrollado, pero intolerables para la rancia elite venezolana.
El desprecio de las elites económicas y el odio de la corrupta dirigencia sindical venezolana les impidieron dimensionar a Chávez. Confundieron el mesianismo del presidente con estulticia y decidieron poner punto final al atrevimiento de aquel advenedizo. Entre los empresarios, los sindicalistas y algunos militares le montaron un golpe de Estado con la mirada complaciente de Estados Unidos (y la España de Aznar); el golpe dio paso a su captura y a la instalación de un gobierno presidido por el líder empresarial Pedro Carmona y reconocido de inmediato por el presidente Flores (luego se dijo que Estados Unidos, España y Colombia también hicieron gestiones para reconocerlo pero nunca hubo más reconocimiento oficial en todo el mundo a aquel gobierno golpista que el de El Salvador).
Chávez regresó dos días después en los hombros de su pueblo, y entonces se dio cuenta de que ya no podía seguir jugando al malabarista. Le declaró la guerra a los golpistas, a Estados Unidos y a todo lo que tuviera que ver con ellos y consolidó para siempre su comunión con ese pueblo que le había dado más fuerza que todos los poderes que intentaron derrocarlo.
La oposición, cercada y aún ciega, intentó un último embate y en diciembre de ese mismo año le montó un paro general que dejó a Venezuela sin productos básicos. Los principales medios de comunicación se unieron abiertamente al paro; la empresa privada paralizó la producción y la distribución de bienes mientras los sindicatos frenaron al sector petrolero. Chávez, mermado, apeló a la resistencia de su pueblo.
En aquel diciembre visité por primera vez Caracas que era un manifestódromo. Cientos de miles de manifestantes chavistas y antichavistas se cruzaban en las principales avenidas. Parecía una caricatura de la división de clases sociales, pero era el retrato de las pasiones divididas alrededor del presidente. La comida escaseaba. En los hoteles más lujosos ya no quedaba ni leche y en las calles apenas se conseguían arepas. Era casi imposible conseguir un boleto de avión porque miles de venezolanos de las clases medias y altas hacían colas para abandonar el país. A manera de premonición, uno de los simpatizantes chavistas me dijo: “Esta la ganamos nosotros porque estamos acostumbrados a vivir sin comida. Ellos se van a desesperar más rápido”.
Entre cacerolazos y en pleno pulso con el sector productivo venezolano, Chávez se refugió en su púlpito. Sin eco en los medios de comunicación arremetió con su Aló Presidente y recibió a la prensa extranjera. Cada día del paro, en vez de doblegarlo, parecía acrecentar la figura del presidente.
Un domingo de aquel diciembre presencié en Miraflores seis horas de monólogo chavista junto a docenas de periodistas internacionales. A la medianoche, tres periodistas nos sentamos a entrevistar al presidente en el balcón de su residencia. “No me gustan las entrevistas, prefiero las conversaciones así que conversemos y luego ustedes escriben lo que quieran”.
Nunca supe cuál era su secreto para no dormir. Aquella noche habló de su infancia, de su paso por la academia militar, de los héroes de la historia venezolana, de lo injusta de la distribución de la riqueza en Venezuela y de lo grosera que era la oposición que enfrentaba. Justificaba sus acciones y sus decretos autocráticos con la necesidad de resistir a las poderosas fuerzas que conspiraban en su contra. A pesar de la presión que enfrentaba aquellos días, Chávez era un hombre encantador. Afable, dicharachero y con un carisma que seguía intacto en horas de la madrugada.
Cinco horas después me disculpé y le dije que tenía que retirarme para tomar el único avión en el que pude conseguir asiento. Se levantó, entonó la garganta y comenzó a cantar: “Hermano salvadoreño, viva tu sombrero azul”.
Chávez no solo volvió a imponerse a una oposición torpe, estúpida y prepotente, sino que se encargó de que nunca tuvieran suficiente poder para volver a desafiar el suyo. Eso fue en 2002.
3.-El pueblo es Chávez es el pueblo
La noche de su reelección, en diciembre de 2006, Chávez la celebró anunciando, ante un mar de personas vestidas de rojo, el comienzo del Socialismo del Siglo XXI. Sus ministros y funcionarios, temerosos de terminar destituidos en cualquier domingo de Aló Presidente, se pusieron nerviosos. Nadie sabía a ciencia cierta qué quería decir el comandante.
El Estado venezolano era ya una enorme burocracia en función de lo que ordenara el presidente. Una que no tenía más estándares de calidad en materia de recursos humanos que la que dictaran los hombres más cercanos al comandante, usualmente funcionarios ineficientes pero envalentonados que amenazaban con llevar el proyecto chavista al fracaso.
La alcaldía de la capital era gobernada por un profesor universitario de apellido Barreto que escupía a sus adversarios después de insultarlos y para el cual el socialismo era una nueva oportunidad para depurar los círculos bolivarianos y hacerse de más recursos.
El alcalde organizaba tomas de edificios para dejarlos en manos de familias enteras y al siguiente día del mensaje presidencial apareció en televisión advirtiendo que purgarían al Estado y al partido. “Aquí somos comunistas y marxistas y el que no lo entienda tiene que irse”. El presidente le corrigió después la plana, como había hecho tantas veces antes.
Los chavistas más radicales, como el comando de Lina Rhon, que organizaban a los comités en los barrios marginales, acusaban de corrupción al alcalde y le advertían que él no era el chavismo. “El chavismo solo es Chávez”, le recordó uno de los organizadores de las milicias chavistas. “Esto no es Cuba, ni el 67. Esto es Venezuela, y en el Siglo XXI. ¿Dónde estaba (el alcalde) Barreto cuando salimos a defender a nuestro presidente el día del golpe? En las calles no andaba, así que mejor que cierre la boca”.
Chávez era el hombre fuerte, pero su círculo de poder no parecía, y nunca fue, suficiente para que los ambiciosos planes de revolución social del presidente se conviertieran en realidad. La corrupción, la ineficiencia y la desorganización frenaron ese proceso.
Pero en los barrios venezolanos Chávez se convirtió en una figura religiosa. Los pobres lo veneraban porque les había otorgado dignidad. Porque su presidente luchaba contra las naciones más poderosas del mundo y contra los hombres más ricos de Venezuela por ellos.
En las inumerables ventas ambulantes del centro de Caracas se vendían por decenas muñecos con la figura de Chávez Made in China, que al apretarles la espalda pronunciaban un discurso con la voz del presidente (“Ahora es que viene lo bueno, candanga con burundanga”).
En los barrios más pudientes de la ciudad, en cambio, muy pocos entendían por qué había sido reelecto ese hombre al que odiaban tanto. Los barrios populares, como el 23 de Enero o Catia, eran apenas unas lucecitas al fondo del paisaje desde sus balcones. Ahora aquellos pobres, que nunca habían existido, se atrevían a decidir quién mandaba en el país.
En su afán por dar la estocada final a sus opositores Chávez sustituyó a las elites tradicionales con nuevos beneficiarios del Estado. Cerró medios de comunicación e instaló los propios, tan llenos de mentiras y de vulgaridades y de insultos y de prepotencia como los que había cerrado.
En Miami, un cubanoamericano, propietario de una peletería, me confesó lo contento que estaba con el presidente venezolano: los antiguos ricos venezolanos se habían mudado a Miami y seguían siendo buenos clientes, pero ahora venían todas las semanas, desde Caracas, los nuevos ricos que compraban más mercancías. Los petroburgueses chavistas, los boliburgueses.
Es innegable que Chávez volcó grandes recursos a atender a las clases más necesitadas. En un país con desigualdades históricas insultantes, dedicó las rentas del petróleo a los pobres venezolanos. Pero el comandante, a pesar de su aparente omnipresencia que se extendía a América Latina entera, construyó un aparato burocrático corrupto e ineficiente paralelo a su culto personal. Se endiosó tanto, y lo endiosaron tanto, que terminó gritando que todos los venezolanos eran Chávez.
Su pecado no fue, como dicen sus críticos, haber terminado con la institucionalidad en Venezuela, porque esa tampoco existía antes. Sino creer que podía construirse un proyecto sostenible y un modelo social sin construir esa institucionalidad. Él era el soberano, él era el justo juez, él era el pueblo y el gobierno. Él era el socialismo del Siglo XXI.
Chávez ha sido el líder más emblemático de América Latina en este siglo. Un hombre que dio un nuevo rumbo a la izquierda revolucionaria latinoamericana, que abanderó la unidad regional y que se convirtió en el estandarte de la resistencia a la tremenda influencia estadounidense en el resto del continente.
Ha sido también el autócrata que pervirtió la institucionalidad para mantener control sobre todo el aparato del Estado venezolano, que censuró medios de comunicación y se vengó de sus opositores atropellando el Estado de Derecho. De la mano de Ejército y de los cuadros políticos que se formaron bajo su liderazgo, copó todos los espacios y asfixió a sus detractores.
Redujo significativamente la pobreza en Venezuela, pero se quedó muy lejos de sus ambiciones. A su muerte, Venezuela sigue siendo un país con desigualdad y violencia. Mucha violencia.

La historia se encargará de ponerlo en su lugar. Pero el mundo ha perdido a uno de sus personajes más fascinantes. Un hombre complejo, de marcados contrastes, de enormes luces y sombras. Un hombre carismático, utópico, mesiánico y vanidoso. Un venezolano singular y universal. El movimiento bolivariano está hoy huérfano, pero tiene también su primer mártir. Y con él intentará ganar las próximas elecciones.

martes, 26 de marzo de 2013

La política del futuro ya llegó

Una iniciativa popular en España propone ejercer la democracia directa. La idea se diseminó en Internet y evidenció la crisis institucional de ese país y, también, la necesidad de un sistema de representación distinto

EN PRIMER PLANO. El sueño colectivo: democracia y punto./Revista Ñ
El 8 de enero se anunció en Internet la creación del “partido del futuro”, un método experimental para construir una democracia sin intermediarios que sustituya a las actuales instituciones deslegitimadas en la mente de los ciudadanos. La repercusión ciudadana y mediática ha sido considerable. En tan sólo el primer día del lanzamiento, y a pesar de que se colapsó el servidor tras recibir 600 peticiones por segundo, hubo 13.000 seguidores en Twitter, 7.000 en Facebook y 100.000 visitas en YouTube. Medios extranjeros y españoles se han hecho eco de una conferencia de prensa desde el futuro que anuncia el triunfo electoral de su programa: democracia y punto (http://www.partidodelfuturo.net).
Señal de que ya no se puede ignorar lo que surge del 15-M (nacimiento del movimiento de los indignados). Porque este partido emerge del caldo de cultivo creado por el movimiento aunque en ningún caso pueda asimilarse al mismo. Porque no hay “el movimiento” con estructura organizativa ni representantes, sino personas en movimiento que comparten una denuncia básica de las formas de representación política que han dejado inermes a la gente ante los efectos de una crisis que no han causado pero que sufren cada día. El 15-M es una práctica colectiva e individual cambiante y diversificada, que vive en la red y en las calles, y cuyos componentes toman iniciativas de todo tipo, desde la defensa contra el escándalo de las hipotecas a la propuesta de ley electoral que democratice la política.
Pero hasta ahora, muchas de estas iniciativas parecen abocadas a un callejón sin salida. Por un lado, las encuestas reflejan que una gran mayoría de ciudadanos (en torno a un 70%) están de acuerdo con las críticas del 15-M y con muchas de sus propuestas. Por otro lado, toda esta movilización no se traduce en medidas concretas que alivien a las personas porque hay un bloqueo institucional a la adopción de dichas propuestas. Los dos grandes partidos españoles son corresponsables de la sumisión de la política a los poderes financieros en el tratamiento de la crisis, compartiendo, por ejemplo, la gestión irresponsable de los directivos del Banco de España, con un gobernador socialista, en el caso de Bankia y del sistema de cajas, que ha conducido a la ruina a miles de familias. De ahí que el 15-M se expresó en el espacio público, en acampadas, en manifestaciones, en asambleas de barrio y en acciones puntuales de denuncia. Pero aunque esta intervención es esencial para crear conciencia, se agota en sí misma cuando se confronta a una represión policial cada vez más violenta.
Afortunadamente, el 15-M ha frenado cualquier impulso de protesta violenta, jugando de hecho un papel de canalizador pacífico de la rabia popular. El dilema es cómo superar las barreras actuales sin dejar de ser movimiento espontáneo, autoorganizado, con múltiples iniciativas que no son programa y por eso pueden congregar potencialmente al 99% que saben lo que no quieren, es decir lo que hay, y que se acuerdan en buscar en conjunto nuevas vías políticas de gestión de la vida.
Para avanzar en ese sentido, ha surgido una iniciativa espontánea de ir ocupando el único espacio en el que el movimiento apenas está presente: las instituciones. Pero no en lo inmediato, porque su proyecto no es el de ser una minoría parlamentaria, sino de cambiar la forma de hacer política, mediante democracia directa instrumentada mediante Internet, proponiendo referéndums sobre temas clave, coelaborando propuestas legislativas mediante consultas y debates en el espacio público, urbano y cibernético, planteando medidas concretas a debatir entre la ciudadanía y sirviendo a la vez de plataforma para propuestas que salgan de la gente.
En realidad, no es un partido, aunque esté inscrito en el registro de partidos, sino un experimento político, que se va reinventando conforme avanza. En el horizonte sí se vislumbra un momento en que el apoyo de la ciudadanía a votar contra todos los políticos a la vez y en favor de una plataforma electoral que tenga ese solo punto en el programa permita una ocupación legal del Parlamento y el desmantelamiento del sistema tradicional de representación desde dentro del mismo. No es tan descabellado. Es en gran medida lo sucedido en Islandia, referente explícito del partido que nos habla desde el futuro.
Pero ¿cómo evitar reproducir el esquema de partido en el proceso de conquistar la mayoría electoral? Aquí es donde se plantea la decisión, criticada desde la clase política y algunos medios, de las personas que han tomado esta iniciativa de mantenerse en el anonimato. Porque si no hay nombres, no hay líderes, ni cargos, ni comités federales, ni portavoces que dicen hablar por los demás pero que acaban representándose a sí mismos. Si no hay rostros, lo que queda son ideas, son prácticas, son iniciativas. De hecho, es la práctica de la máscara como forma de creación de un sujeto colectivo compuesto de miles de individuos enmascarados, como hicieron los zapatistas en su momento, o como hace Anonymous con su famosa máscara reconocible en todo el mundo pero con múltiples portadores. Incluso el anonimato de la protesta se encuentra en nuestros clásicos: “Fuenteovejuna, todos a una”. Tal vez llegue un momento en que las listas electorales requieran nombres, pero incluso entonces no necesariamente serían líderes, porque se pueden sortear los nombres entre miles de personas que estén de acuerdo con una plataforma de ideas. En el fondo, se trata de poner en primer plano la política de las ideas con la que se llenan la boca los políticos mientras se hacen su carrera a codazos entre ellos. La personalización de la política es la mayor lacra del liderazgo a lo largo de la historia, la base de la demagogia, de la dictadura del jefe y de la política del escándalo basada en destruir a personas representativas. La X del partido del futuro no es para esconderse, sino para que su contenido lo vayan rellenando las personas que proyecten en este experimento su sueño personal de un sueño colectivo: democracia y punto. A codefinir.
© La Vanguardia

viernes, 22 de marzo de 2013

La vitalidad del chavismo

El filósofo italiano Gianni Vattimo desgrana en esta nota algunas de las razones de su fascinación por Chávez y las contrasta con la actualidad de Europa

Una multitud acompaña el féretro de Hugo Chávez.
Homenaje. Un poster con el rostro de Hugo Chávez cubierto de firmas y mensajes de sus seguidores.
VATTIMO. "¿En verdad la "realidad" necesita ser defendida?" se pregunta el pensador italiano. Revista Ñ
“Il n’est pas tombé, il est mort!” Esta frase, atribuida tradicionalmente –creo- a Jean-Antoine Carrel, uno de los primeros escaladores del Monte Cervino, me viene a la mente con una conmoción que hasta a mí me resulta nueva –pienso en la desaparición de Hugo Chávez. Tampoco él cayó, resistió con firmeza hasta la muerte, haciendo de su resistencia a la enfermedad un emblema de su lucha política por el ideal de una América Latina “bolivariana”. Para mí, como para muchos otros occidentales con mi formación, Chávez tenía todas las cualidades para ser mirado con desconfianza: militar, “golpista” al menos en los inicios de su aventura política, populista, “caudillo”, etcétera, etcétera.
Prejuicios que continúan inspirando a buena parte de la opinión “democrática” predominante. Que no solamente se burla de las sospechas (no probadas, pero absolutamente verosímiles conociendo a la C.I.A. y las empresas petroleras) sobre su presunto envenenamiento por parte de sus enemigos de siempre, sino que olvida la esencia de su enorme acción de liberación de su país y de toda Sudamérica. Chávez retomó, dándole una realidad corpórea, aquélla que ya es una suerte de mito: la herencia de Castro y del Che. Conociendo directamente –en el transcurso de reiteradas estadías, hasta la última, en ocasión de su reelección por enésima vez en noviembre pasado- la realidad de Venezuela, era difícil no darse cuenta de la verdad que con demasiada frecuencia los medios occidentales nos escondían: es decir, que después de recuperar los ingresos de la industria petrolífera, Chávez puso en marcha y en gran parte llevó a cabo una transformación emancipadora trascendental de su país: escuelas que incluso en las zonas amazónicas más remotas redujeron drásticamente el analfabetismo, asistencia sanitaria gratuita y de calidad, programas sociales que eliminaron la pobreza extrema en la que el país, entre los más ricos en recursos naturales, caía bajo los regímenes “democráticos” de impronta neocolonialista.
Fue impresionante todo el plan de las “misiones”: una especie de sistema de grupos de intervención voluntarios de los ciudadanos, que secundan a la administración pública en sectores particularmente importantes. Siendo grupos voluntarios, es obvio que quienes participan en ellos son “chavistas”, dando motivo a las objeciones de que se trata de algo del régimen. Sin embargo, no están cerrados a nadie, basta tomar la decisión de participar en ellos. Se difundió así una vitalidad democrática “de base” que en nuestras democracias “maduras” no se puede imaginar siquiera. Las misiones y la política social son lo que impactó a muchos intelectuales occidentales, el primero Noam Chomsky, o a cineastas como Michael Moore y Oliver Stone. Ellos, como cualquier visitante, cuando llegan a Caracas preguntan qué diarios leer, y constatan que los medios de comunicación son todos, salvo la televisión estatal, anti-Chávez. ¿Sería, acaso, un país donde no hay libertad de pensamiento, de información, de prensa?
Pero la fuerza del ejemplo de Chávez se ve también y sobre todo a través de lo que sucedió en muchos países latinoamericanos en los últimos años. Así como Chávez sería impensable sin Castro, de la misma manera Evo Morales, Correa, Mujica, y los propios Lula y Cristina Kirchner son impensables sin Chávez. Todos juntos constituyen probablemente la única gran novedad de la política mundial de estos decenios, mucho más que el desarrollo neocapitalista de China e India. Un modelo de democracia de base que Europa debería mirar con más atención.
Traducción de Cristina Sardoy
© La Stampa, Gianni Vattimo y Clarín, 2013

miércoles, 20 de febrero de 2013

El Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas

Los poderosos argumentos de Noam Chomsky en los años 90, en los que se configuró el mundo actual, cuando atacaba los efectos perniciosos del sistema económico global y desmontaba las trampas del capitalismo, se han recogido en un libro de entrevistas que hoy resulta de gran actualidad

Noam Chomsky más actual, insurgente y claro a través de sus entrevistas./lainformacion.com
Cómo funciona el mundo se publica por primera vez en España y nos trae "nuevas luces para entender muchas cosas que están pasando ahora", ha señalado Lourdes Lucía, de Clave Intelectual (CI), firma argentina que abrió sede en España hace más de un año y que ahora edita este volumen junto con el sello Katz.
Es un libro breve y de tono informal, donde discurren los diálogos y análisis del semiólogo estadounidense y su mayor crítico social cuando hace quince años denunciaba los efectos que se extendían por América Latina y aún no habían llegado a Europa.
Sus editores quisieron rescatar el valor e interés de esas ideas que no han perdido actualidad, puesto que, "cuando un pensamiento es profundo y verdadero, perdura en el tiempo, a diferencia de la visión que ofrecen los cronistas de actualidad", dice Lourdes Lucía.
"Cómo funciona el mundo" sintetiza entrevistas que le hacía el periodista David Barsamian -un equivalente de Jordi Evole aquí- para su programa radiofónico Alternative Radio Series, que se trasmite por ciento cincuenta estaciones radiales de distintas partes del mundo y ofrece descargas de audio.
El editor Arthur Naiman, autor entre otros del éxito "La biblia Macintosh", advirtió en su momento que Chomsky llegaba mejor escuchado en voz alta que leyéndolo y optó por compilar esas charlas, ayudado por él, en cuatro libros que fueron muy demandados, llegando a vender más de medio millón de ejemplares.
"Lo que realmente quiere el tío Sam" (1992), "Pocos prósperos, muchos descontentos" (1993), "Secretos, mentiras y democracia" (1994) y "Del bien común"(1998) son los cuatro títulos que ahora han sido recopilados en las 350 páginas de este libro, traducido al español por María Victoria Rodil.
Los objetivos de la política exterior de EE.UU., las limitaciones de la izquierda en su país, el fundamentalismo religioso, el desastre ecológico, la libertad, la igualdad o las debilidades de la democracia pasan por estas páginas, que incluyen títulos como "La destrucción en el exterior", "El lavado de cerebro en casa", "¿Quien se beneficia con el NAFTA y el GATT?, o "la Tercermundización".
En un apartado que titula "El consumo frente al bienestar", donde alude al movimiento cooperativista de Mondragón y sus límites, escribe que el consumo, inducido artificialmente, no solo es insano a largo plazo, sino que además -denuncia-, "como los ricos tienden a consumir más, se orienta más hacia los bienes de lujo que a los de primera necesidad".
Chomsky, verdadero azote de los EE.UU., es uno de los intelectuales más reconocidos en el mundo por sus enfoques de izquierda sobre la situación no sólo en su país, sino en el mundo en general.
Ocupa el octavo puesto del "ranking" histórico como el más citado autor vivo después de Marx, Lenin, Shakesperare, Aristóteles, la Biblia, Platón y Freud.
Sus análisis, de línea anarquista, son -explica Naiman al comienzo del libro- de "una precisión tan inaudita" que con el tiempo se vuelven más y más actuales.

miércoles, 13 de febrero de 2013

En busca de un nuevo paradigma científico

Hace poco escuché una frase que muchos habrán oído o dicho últimamente: "Este modelo (político) ya está agotado. Hay que sustituirlo"

Un millar de personas convocadas por el movimiento Democracia real ya protestan en la plaza de Catalunya de Barcelona en mayo de 2011. /Marcel·lí Sàenz./elpais.com
No inmediatamente, pero pronto me vino a la mente un nombre, Thomas Samuel Kuhn (1922-1996), y su célebre libro, La estructura de las revoluciones científicas (Fondo de Cultura Económica), de cuya publicación (1962) se cumplió el año pasado medio siglo, motivo por el que se ha publicado una nueva edición, “del cincuentenario”, con un buen ensayo introductorio de Ian Hacking. Lo que en este muy influyente libro Kuhn defendió es que el desarrollo científico se basa en la sustitución de un “paradigma” por otro, y que ambos son inconmensurables entre sí.
SanchezRoncubiertaKuhnSe han escrito centenares de páginas acerca del concepto de paradigma, pero ahora basta con decir, siguiendo al propio Kuhn, que este consiste en “una realización científica pasada que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior”. Realizaciones prácticas de ese tipo pueden ser, por ejemplo, la astronomía (geocéntrica) aristotélico-ptolemaica y la (heliocéntrica) copernicana, la física de Newton, la química de Lavoisier, la geología de Lyell, el evolucionismo de Darwin, la física cuántica o la biología molecular à la Watson y Crick. Frente al célebre concepto popperiano de “refutación”, los paradigmas no se refutan, mueren de manera más o menos lenta, hasta desaparecer cuando van proliferando las anomalías que el núcleo central del paradigma dominante ya no puede explicar. En ese clima de crisis, termina surgiendo un nuevo paradigma que se impone al anterior. Si cuando hablamos de Karl Popper, una de las palabras que nos viene a la cabeza es “logicismo”, con Kuhn el término más inmediato es “sociologismo”: son consideraciones sociológicas, el desencanto, la pérdida de confianza en un paradigma, en una visión del mundo, la que lleva a abandonarlo.
No sorprendentemente, en La estructura, Kuhn, formado como físico y con un doctorado bajo la dirección de John van Vleck, premio Nobel de Física en 1977, ejemplificó su discurso en primer lugar en la física, y luego en los grandes nombres de otras ciencias (Lavoisier, Lyell, Darwin), siendo la tecnología y las matemáticas las grandes ausentes de sus consideraciones. Y también, por supuesto, las disciplinas “no científicas”. Sin embargo, como suele suceder, el paso del tiempo cambió algo, si no mucho, la situación, las ideas. Comenzando por el propio Kuhn. Recuerdo, en este sentido, que cuando en diciembre de 1978 Kuhn presentó —fue la única vez que asistí a una conferencia suya— en la New York Academy of Sciences su entonces nuevo libro, The Quantum Discontinuity, lo primero que dijo fue: “Soy Tom Kuhn y, como podrán comprobar, en mi libro no aparece ni una sola vez la palabra paradigma”. A pesar de su indudable atractivo, el modelo del crecimiento científico descrito en La estructura apenas aparece en las reconstrucciones más minuciosas que han producido los historiadores de la ciencia en las últimas décadas. Parece, además, que paradigmas diferentes no son inconmensurables, que pueden convivir, entablando en ocasiones diálogos fructíferos, como en esencia defendió el sucesor de Popper en la London School of Economics, Imre Lakatos, con sus “programas de investigación científica”.
SanchezRonWesselKeynesHayekEn este punto, podría mencionar ejemplos procedentes de la ciencia (Newton versus Descartes, acciones a distancia frente a campos), pero mejor, para mostrar que la noción de paradigma ha traspasado fronteras disciplinares, referirme a una discusión que tiene relevancia actual, la del enfrentamiento entre los modelos económicos de John Maynard Keynes y Friedrich Hayek, un enfrentamiento, pero también un diálogo, que se recoge en un libro magnífico de Nicholas Wapshott, Keynes-Hayek. The clash that defined modern Economics. De la importancia de ese debate da idea lo que Tony Judt manifestó en Pensar el siglo XX (Taurus, 2012): “Los tres cuartos de siglo que siguieron al colapso de Austria de la década de 1930 pueden considerarse como un duelo entre Keynes y Hayek. Keynes comienza con la observación de que bajo unas condiciones económicas de incertidumbre sería imprudente suponer unos resultados estables, y por tanto sería mejor diseñar formas de intervenir a fin de conseguirlos. Hayek, que escribe conscientemente en contra de Keynes y desde la experiencia austriaca, argumenta en su Camino de servidumbre (1945) que la intervención —la planificación, por benevolente o bienintencionada que sea independientemente del contexto político— termina mal”.
Y en este punto vuelvo al comienzo.
Si el presente “modelo” político —el europeo, se supone— debe ser sustituido, tendremos que disponer de otro, de otro paradigma, porque los saltos al vacío son más que peligrosos, son imprevisibles. Independientemente de sus limitaciones, el modelo kuhniano puede tener alguna relevancia en el mundo de la política actual. Léase si no lo que escribió hace poco Juan Luis Cebrián ("Los retos de la globalización", Claves de la razón práctica, abril de 2012): “Conviene insistir en que no nos encontramos solo ante una crisis, sino ante un cambio estructural, un nuevo paradigma cuyo fundamento es la pérdida de influencia y de prestigio de Occidente”. El periodo de “ciencia normal”, el desarrollo del modelo europeo en el que crecimos se está agotando, o se ha agotado ya. Son múltiples las “anomalías” del sistema, que se manifiestan de formas diferentes, desde “los indignados” hasta las “preferentes”, pasando por los desahucios o la privatización de servicios públicos. El problema para Europa es encontrar un nuevo paradigma, que conjugue los pilares ilustrados sobre los que se edificó con un mundo radicalmente diferente de aquel en el que prosperó.

La estructura de las revoluciones científicas. Thomas S. Kuhn. Fondo de Cultura Económica.
Keynes-Hayek.The clash that defined modern Economics. Nicholas Wapshott. W. W. Norton. Nueva York, 2011.
JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON es miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.

lunes, 14 de enero de 2013

Asesinan a otro líder indígena

El líder de la comunidad indígena embera de Choromandó, resguardo de Mozhoromandó, del municipio de Dabeiba, en la región de Urabá, fue asesinado en medio de las celebraciones del Año Nuevo

Reinaldo Dominicó, líder indígena asesinado por los paramilitares en Antioquia./elcolombiano.com

William Carupia, presidente de la Organización Indígena de Antioquia, OIA, dijo que Reinaldo Domicó fue asesinado por un pistolero, a las 00:20 a.m. del 1 de enero, en su casa del barrio La Playita, de Dabeiba.

Agregó que según la esposa, Domicó estaba reunido con familiares y amigos y cuando iba a cambiar un tema musical en el equipo de sonido, entró a la vivienda un encapuchado vestido de negro, quien le disparó en varias oportunidades y escapó en una motocicleta que lo esperaba cerca del lugar de los hechos.

Indicó que Domicó era un líder importante en la comunidad indígena del departamento, en la cual trabajaba como promotor y asesor en la presentación de proyectos.

Denunció que en 2011, durante la campaña electoral había recibido llamadas amenazantes de un grupo que se identificó como autodefensas Gaitanistas.

De 36 años y padre de cinco hijos, era egresado del programa de Licenciatura en Etnoeducación del Instituto Misionero de Antropología, IMA, de la Universidad Pontificia Bolivariana, y se había desempeñado como gobernador mayor de las comunidades indígenas de Dabeiba.

OIA lamentó este hecho y solicitó a las autoridades que investiguen para que se esclarezca el homicidio.

El 31 de julio del año pasado había denunciado la muerte en confusos hechos de un indígena menor de 15 años.

sábado, 12 de enero de 2013

Hasta el domingo circula el documental que pide acabar la guerra contra las drogas

Breaking the Taboo es el nombre del sugerente documental que pide un cambio de estrategia global. El objetivo: dejar en evidencia a la fallida guerra contra las drogas, a la que llama "el más grande fracaso de política exterior de los últimos 40 años"

 El documental 'Breaking the Taboo' estará al aire en YouTube hasta el 13 de enero/revistaarcadia.com
En su columna de la revista Semana, Los abajo firmantes Antonio Caballero se ocupa de la carta "potencialmente más importante del último medio siglo". Una misiva/petición que se dio a conocer en diciembre de 2012 firmada por líderes políticos (Juan Manuel Santos, Felipe Calderón, Bill Clinton, Jimmy Carter), que pedían un cambio de dirección en la estrategia global contra las drogas. Junto a la carta, se publicó en internet un documental de una hora llamado Breaking the taboo, que estará al aire de manera gratuita en youtube hasta el domingo 13 de enero.

En el documental, dirigido por Cosmo Feilding Mellen y Fernando Andrade Grostein, varios líderes políticos y sociales del mundo proponen modificar las políticas prohibicionistas como strategia para combaitr el tráfico y el consumo de drogas ante los efectos devastadores que han tenido.
"La guerra contra las drogas ha fracasado", se lee en la página web en que los productores de Taboo justifican su proyecto documental que va a compañado de una petición online de Avaaz dirigida a "Ban Ki-moon y a todos los jefes de Estado" (a la fecha la han firmado 638 mil personas).
"Después de 50 años de prohibición, las drogas ilícitas son la tercera industria más valiosa del mundo, y está toda en manos de criminales" continúa el alegato, que termina afirmando que "las drogas son hoy más baratos y son más faciles de conseguir que nunca antes" y resalta que "la corrupción y la violencia, especialmente en países productores y de tránsito, respresentan un peligro para la democracia ylos derechos humanos"
*La versión en inglés del documental, narrado por el actor Morgan Freeman,  ha sido visto más de 660 mil veces en youtube.  El actor mexicano Gael García Bernal (Y tu mamá también, Diarios de motociacleta) narra la versión en español que tiene más de 56 mil reproducciones.
Se podrá ver gratis en YouTube hasta el domingo 13 de enero.